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No es verdad


El Roto, en El País
A don Francisco de Goya le hubiera gustado la viñeta que ilustra este comentario. Sí, tiene razón El Roto. En esta España nuestra de hoy que, como acaba de escribir el sociólogo Víctor Pérez-Díaz, en su espléndido libro El malestar de la democracia, «parece entretenida en destrozarse a sí misma»; en esta España del cálculo político y de la crisis económica que se quieren sacudir de encima los que hasta ayer mismo la negaban, da todo igual. Es muy triste comprobarlo día a día, pero especialmente a los que deberían ejercer la responsabilidad de gobernar y no lo hacen parece como si todo les diera igual. Es, como muy bien dice El Roto, la España del Y eso, ¿qué más da? Ha pintado otra viñeta El Roto, estos días, en la que se ve a un buitre posado en una roca y a otro volando, y el humorista comenta: Las épocas de desastres son tiempos de grandes oportunidades. Para los buitres de toda calaña y condición, se entiende. Por ejemplo para los próceres, de redomada hipocresía, que hoy niegan con los hechos la proclamación altisonante y vacía que ayer hicieron -y mañana volverán a hacer de boquilla- de derechos tan fundamentales como el derecho a la vida, a la libertad religiosa, a la libertad de expresión y de opinión...
Por ejemplo, también, para los indeseables eguiguren de turno que, apenas enterrada la última víctima de ETA, ya vuelven a hacerles el juego y hablan de eventuales vueltas al diálogo con los terroristas. La ETA lleva 45 años matando con el único fin de negociar, y cada vez que algún eguiguren irresponsable -mejor dicho, responsabilísimo- entra al macabro juego etarra, alienta su nauseabunda estrategia. La única forma de que un asesino no vuelva a matar es no negociar con él nada por principio, nunca, jamás, en ningún caso, con ningún pretexto. ¿Pero es posible que todavía haya gente que no haya entendido esto? ¿O es que quieren obligarnos a pensar que no quieren entenderlo? Y, por cierto, sería más que deseable que, para que a nadie le quepa la menor duda ni sospecha, el Gobierno y el partido al que pertenecen los eguiguren lo desautorizara inmediata y explícitamente, de palabra y de obra; porque, si no, a la mínima volverán a las andadas. Pero, claro, ¿qué más da?
El ínclito político asturiano, todavía líder de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares anuncia su dimisión como coordinador general de IU, pero, al mismo tiempo, deja claro que no dejará su escaño en el Congreso. ¡Hasta ahí podíamos llegar! Eso sólo se le ocurre a María San Gil... Pero, claro, ¿qué más da?
El País, que nunca se ha ocupado en su portada del Camino de Santiago, pongo por caso, del Rocío o de El Pilar, publica en portada una llamativa foto de los rezos masivos en el Raval de Barcelona por el fin del Ramadán musulmán. Pero, claro, ¿qué más da? La Junta de Andalucía ilustra un folleto de publicidad institucional sobre el río Guadalquivir con una foto de la catedral de Palma de Mallorca. La tirada de dichos folletos cuesta un ojo de la cara, y la tirada de los nuevos folletos poniendo la Giralda en vez de la catedral de Mallorca, el otro ojo de la cara. Pero, claro, ¿qué más da? El Presidente del Congreso de los Diputados le ha regalado un despacho al Presidente del Gobierno para que pueda trabajar -es un decir- en la misma sala que usaba el Consejo de Ministros de la Segunda República. Es la tercera dependencia que el Jefe del Gobierno tiene en el palacio de la Carrera de San Jerónimo. Y tengo entendido que hay una galopante crisis económica, pero, claro, ¿qué más da? Cáritas ha tenido que ampliar, en las últimas semanas, sus servicios de atención a personas y familias que hasta ahora no habían necesitado recurrir a sus comedores. Con lo que cobran en subvenciones estatales los directores de películas y de series de televisión que hemos tenido que sufrir sólo en el último año -no digamos nada de festivales y botellones diversos- se podría atender las necesidades de cientos y cientos de familias españolas. Pero, claro, ¿qué más da? Está muy bien que la Iglesia católica se autofinancie; pero me gustaría que alguien me explicase por qué no se tienen que autofinanciar los partidos políticos y los sindicatos. ¿Se imaginan ustedes lo que eso significaría para reducir los efectos de la crisis?
Pero, claro, ¿qué más da?...
Gonzalo de Berceo
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