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Punto de vista
¿Quién defiende a los débiles?

Débiles son los que carecen de los medios económicos para vivir con dignidad. Son débiles quienes carecen de capacidad para defenderse de informaciones y opiniones cuyo objetivo es someter la mente ajena. Son débiles quienes carecen de recursos para defenderse de los poderosos. Son débiles los disminuidos físicos o mentales, los enfermos. Son débiles los que carecen de una adecuada formación para poder vivir como seres libres. Son débiles los ancianos, de quienes se suele decir que son egoístas, porque no somos conscientes de sus limitaciones. Son débiles los niños, todos los niños, especialísimamente los niños no nacidos, cuyo cuerpo Dios va tejiendo de forma maravillosa junto al corazón de su madre. Un niño no nacido es el más débil de los seres humanos.
La razón de ser de la autoridad política es buscar la implantación del bien común sin discriminación. Sólo puede haber una excepción: atender de forma preferencial a los más débiles. Si esto no preside el pensamiento, los programas y las acciones de la autoridad, ¿tiene ésta algún sentido? ¿Y qué decir, cuando es la misma autoridad quien se pone en contra de los más débiles?
La mayor parte de nuestro pueblo está desconcertado por los sucesos que a diario se producen. Mira buscando un punto de referencia, una luz de esperanza. ¿Dónde están quienes se afirmaban como los defensores de la dignidad de todo ser humano? ¿Dónde están quienes mantenían como base de sus pensamientos el humanismo cristiano? ¿Dónde han quedado los defensores de los principios básicos de toda democracia verdadera?
¿Quién defenderá a los más débiles? Esa defensa vendrá, como ha ocurrido en los peores momentos de la Historia. Vendrá de los cultivadores del pensamiento y la ciencia, como ya está apuntando. Vendrá de los grandes educadores y pedagogos. Vendrá por la presencia de una voz más valiente y libre por parte de quienes poseen los micrófonos y los altavoces al servicio de la verdad. Vendrá del mismo pueblo, que siempre, cuando se le ha querido someter, ha reaccionado. La causa de los débiles ha de ser la de todas las personas decentes.
án al lado de los más débiles de una forma desinteresada y sacrificada. Estamos en un momento en el que la gran bandera pastoral de la Iglesia ha de ser la defensa da la dignidad del ser humano, contemplada desde Cristo, de la que manan los auténticos derechos humanos. Ahí es donde urge que estemos hoy todos los que queremos que los débiles sean respetados, cuidados, valorados, dignificados. ¡No a la lucha contra los débiles! ¡Defender a los débiles es defendernos a nosotros mismos!
Francisco López Hernández
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid