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Teatro: Sonata de otoño
No todo está perdido
Una mujer visita a su hija después de algunos años sin verse: el arranque de Sonata de otoño, tan sencillo, no hace presagiar el torbellino emocional en el que se verán envueltas ambas mujeres, y que arrastrará sin remisión al espectador

Versión teatral de la película del mismo nombre, rodada por Ingmar Bergman en 1978, Sonata de otoño, narra la relación entre Charlotte (Marisa Paredes), una pianista de renombre, egoísta y frágil, casi infantil, que no quiere asumir las responsabilidades que ha contraído con la vida, y su hija Eva (Nuria Gallardo), un ama de casa casada con un pastor luterano, que arrastra una infancia desgraciada y que, poco a poco y cada vez con más intensidad, irá reprochando a su madre a lo largo de toda la obra. Charlotte se agarra a un pretendido existencialismo para justificarse (Nunca he querido ser una muerta en vida), y Eva necesita desahogarse para poder amarla. De fondo, la infancia como paisaje que configura la madurez, el pasado como lastre con el que hacer cuentas para seguir viviendo, y la constatación de que, pase lo que pase, la familia supone un vínculo profundo imposible de disolver. La obra presenta también los problemas que minan imperceptiblemente las relaciones humanas: la falta de comunicación, dar el cariño por supuesto, la fragilidad del amor que no se cuenta...
Como en muchas de las obras de Bergman, la muerte constituye casi un personaje más, amenazando la vida pero haciéndola más auténtica. Su presencia sirve de catarsis para perder el miedo a vivir, para afrontar los conflictos y mirar de frente al pasado. Y, como siempre en el director sueco, la culpa, pero abordada desde un punto de vista positivo, como oportunidad para dejar atrás el ayer y comenzar de nuevo.
Sonata de otoño, bajo la buena dirección de José Carlos Plaza, es una pieza conmovedora, apoyada en interpretaciones soberbias (Marisa Paredes está espléndida, dando vida a un personaje dentro del personaje; y Nuria Gallardo borda una actuación genial, un auténtico torrente de emociones). Las palabras de sus personajes se prestan a muchas lecturas, con lo que el espectador se coloca alternativamente en la piel de ambas mujeres para poder entenderlas. Con un final abierto, cuya resolución se deja a la imaginación del espectador, la obra presenta un cierre alentador. Nunca es tarde, no todo está perdido: podemos empezar a querernos. Teatro, muy buen teatro.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Dónde, cuándo
En el Teatro Bellas Artes, de Madrid (Marqués de Casa Riera, 2), hasta el 26 de octubre. Posteriormente, la obra continuará la gira por Huelva, Puerto de Santa María, Alicante, Las Palmas, Puertollano, Zaragoza...
Cine:
Hace mucho que te quiero
Ésta es la primera película del autor, conocido sobre todo en Francia, de novelas como Almas grises, o La nieta del señor Linh. Phillipe Claudel ha escrito y dirigido Hace mucho que te quiero, que fue presentada en el Festival de Berlín y recibió dos galardones: el Premio del Jurado Lector del Berliner Morgenpost y el Premio del Jurado Ecuménico Signis

La película empieza como un thriller. Juliette (Kristin Scott Thomas) y Léa (Elsa Zylberstein) son dos hermanas que fueron separadas hace quince años, ya que la mayor, Juliette, cometió un crimen atroz y fue juzgada y encarcelada. Más de una década después, cuando la mayor sale de la cárcel, Léa acoge a su hermana en su casa. Parece que la película va a girar en torno a descubrir qué hizo Juliette y por qué, pero Claudel tiene preparados otros desafíos para el espectador.
La hermana menor asegura querer a Juliette, y por ello la acoge, pero la convivencia no será fácil. Es como imaginarse la vida de los dos hermanos de la parábola del Hijo pródigo después del regreso. ¿Verdaderamente es posible amar a alguien que se fue, gastó el dinero y ahora vuelve? ¿Es posible amar a alguien que cometió un crimen tan atroz y meterlo en tu propia casa, con tu familia? A priori uno se inclina a responder que sí, pues hay una razón: se trata de la propia hermana. Sí, pero ¿podemos cumplir el mandato evangélico de amar por encima de todo?
La película es una experiencia emocional intensa, donde el espectador es retado a contestar continuamente estas preguntas. Hace mucho que te quiero se pregunta, además, si es posible reinsertar en la sociedad a alguien que ha cometido un acto tan atroz. Pero también apunta algunas respuestas... Una personalidad tan rota como la de Juliette, marcada de por vida, sólo puede reconstruirse desde una compañía. Amar es la única posibilidad para reconstruir la humanidad de cualquiera. No posibilidad de entender, no de excusar, pero sí de ayudar a volver a renacer.
Protagonizan la película dos mujeres, la inglesa Kristen Scott Thomas (El paciente inglés, Alta sociedad...), con una interpretación inconmensurable, y la gala Elsa Zylberstein, cuyo rostro amaremos. Las imágenes están acompañadas de forma deliciosa por los punteos de la guitarra de Jean-Louis Aubert.
El director, Phillipe Claudel, ha dicho: «Espero que esta película ayude a los que la vean a aceptar a los demás, sin juzgarlos y a ayudarlos cuando lo necesiten». Es otra manera de decir: amen al prójimo como a sí mismos.
Teresa Ekobo
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