Alfa y Omega > Nº 611 > La foto
Madre de España
El diluvio que cayó el día del Pilar sobre Zaragoza no impidió, como se ve en la foto, la presencia masiva de fieles, tanto en la basílica como en la ofrenda de flores. El cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, presidió la solemne Eucaristía en el Pilar, y señaló en la homilía: «La fiesta de Nuestra Señora, la Virgen del Pilar, es siempre el día grande de la Virgen a la que los aragoneses veneran y aman, desde tiempo inmemorial, como la que es Madre de Dios y, siéndolo, es a la vez la Madre de la Iglesia y la Madre de todos los hombres. En días tristes y dolorosos, en las circunstancias más difíciles de la vida, acuden a ella seguros de ser acogidos maternalmente. La Pilarica les acompaña siempre. Es, sobre todo, la Virgen de las familias de este noble Aragón y de toda España. Es la Virgen a quien ofrecen a sus hijos recién nacidos. Más aún, ¡es la Madre de España!, y de aquellas naciones y pueblos en los que los españoles, desde el 12 de octubre de 1492, sembraron incansablemente las semillas de la fe cristiana.
La tradición del Pilar se encuentra tan estrechamente vinculada al origen del cristianismo y de la Iglesia en España que no es posible ignorarla. El gran reto que se nos plantea hoy a la Iglesia y a los católicos en España es: ¿reconocemos de verdad a la Virgen María como la Madre de Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios y salvador del hombre? ¿La reconocemos, por tanto, como nuestra Madre, en toda la profundidad del contenido espiritual de su maternidad para la Iglesia y para la Humanidad? Se trata de todo un reto existencial, de máxima actualidad; reto inevitable ante la constatación de la creciente impregnación de sectores muy considerables de nuestra sociedad por una mentalidad militantemente laicista, alejada de la fe cristiana, más aún, de la misma fe en Dios. O se Le niega explícitamente, o se Le desconoce intelectual y culturalmente, o se vive como si Dios no existiese. Esta forma de pensar, de vivir y de comportarse en la vida privada y en la vida pública, sin referencia alguna a Dios, ni explícita ni implícita, ha llegado también a los más variados ambientes donde transcurre la vida y la educación de nuestras jóvenes generaciones.
La luz de nuestro pueblo
Por contraste, es obligado constatar que la fe cristiana, vivida en la plenitud doctrinal de la Iglesia católica, continúa siendo no sólo la luz y el aliento espiritual del que vive una gran mayoría de nuestro pueblo, sino también la fuente de los criterios morales y humanos que inspiran y guían sus vidas. Es incluso obligado afirmar que son muchos los jóvenes que encuentran en Jesucristo, el redentor del hombre, al amigo fiel que los acompaña y sostiene en los años de su formación personal y profesional y en la toma de las decisiones que conformarán su vida para siempre: la elección del matrimonio, de la vocación sacerdotal y de la vida consagrada.
Abundantes y muy variados son los favores que los devotos de la Virgen del Pilar han pedido y piden a la Madre de Dios. ¿Pero no nos urgirá hoy, tanto o más, pedir por la fe cristiana de las familias y de los jóvenes de España?... Rogarle, desde esta ciudad de Zaragoza, por la conservación y el crecimiento de la fe de los españoles en el Evangelio equivale a pedir el bien de los bienes para la familia y la juventud de España. Podemos estar seguros: ¡no nos equivocaremos con esta plegaria! No hay otro modo -¡ni lo ha habido ni lo habrá nunca!- de esperar con fruto una renovación de la fe en España, si no es por la oración de la Iglesia o, lo que es lo mismo, a través de la súplica de todos sus hijos unidos a María, la Madre».
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid