Alfa y Omega > Nº 611 > Cartas
Liza Minnelli y Teresa de Calcuta

Liza Minnelli comenzará en breve su gira italiana, tras haber concedido, en la mismísima Fontana di Trevi, una rueda de prensa con declaraciones algo sorprendentes: «Si tuviera que quedarme con algo en mi vida, sería con los niños con retraso mental» (a los que visita asiduamente en Filadelfia), y al lanzar una moneda a la famosa fuente pidió felicidad para todos los niños italianos. Si aparentemente nada une a la diva del cine con Teresa de Calcuta, ella reconoce rezarle antes de cada actuación. Una vida de éxitos y con decenas de operaciones quirúrgicas a sus espaldas que ha favorecido una donación humilde hacia los que sufren, y un acercamiento al Jesús humano y divino de Teresa.
María Catalán
Barcelona
Crisis económica y crisis moral
Sí, estamos sufriendo una crisis económica sin precedentes, porque tenemos un Gobierno que ha sido incapaz de reconocer su mala gestión. Pero, si la crisis económica es para preocuparse, aún lo es más la crisis moral, la falta de valores, la crisis de libertad de unos padres que no pueden escoger la formación y educación que quieren para sus hijos. Hemos perdido el norte y gran parte de nuestra sociedad no sabe distinguir el bien del mal, la verdad de la mentira o la manipulación; está adormecida. Cuando una sociedad es capaz de sustituir los viejos valores religiosos, que actuaban como muro de contención moral de la violencia, por esa ética laica -de la que tantos hablan y nadie acaba de concretar-, estamos destruyendo los valores de la persona.
María Muñoz
Málaga
Buena iniciativa
Me gustaría dar la enhorabuena a la parroquia de San Germán, en Madrid, por su iniciativa a favor de la vida: durante una semana, y de forma ininterrumpida, han estado dando vueltas alrededor de un centro de abortos, rezando el Rosario. Comenzaron el domingo, día 5, a las tres de la tarde, y terminaron el 12, a la misma hora. Les deseo mucho ánimo por esta iniciativa.
Ana María Vázquez
La Coruña
Enhorabuena
Pocas veces he leído una revista de la categoría de Alfa y Omega. El número del primer jueves de septiembre llegó al colmo de la perfección, en la combinación de sus artículos, testimonios, informaciones... Es un auténtico lujo para el lector, que va de una cosa a otra cada vez más asombrado de lo interesante de sus temas y, sobre todo, de su sentido último (o primero) que es mostrar sin complejos la grandeza de nuestra fe católica, que tantos y tan buenos frutos produce. Es una publicación única por su densidad, porque alimenta y nos tiene como ante una buena mesa llena de manjares tan exquisitos que uno no sabe cómo elegir uno. A veces hay que reposar, asimilar y volver luego a seguir tomando de todo lo que nos ofrece. Siento que a estas opiniones no le siga un ergo, mando un donativo, pero la situación no da para más, ya que tengo sobre mi mesa tres sobres con sendos cheques para obras de la Iglesia. Y teniendo en cuenta que todo procede del ingreso de una pensión por jubilación, poco más se puede hacer. Cada uno da lo que tiene, y yo tengo esto, un agradecimiento grandísimo por todo lo que me dan a través de esta revista, por cómo me acompañan en mi caminar cristiano y cómo me hacen ver tantos ejemplos admirables de compañeros de camino, que me animan, al saber lo viva que está la Iglesia y lo fructífera que es siempre.
Julia Esteban
Almería

N. de la R.: Puede haber quien crea que no hay personas así. Se equivocan.
¿Cuatro, o cinco?
¿Qué pasaría si un partido de extrema derecha ganara las elecciones y, al llegar al Gobierno, planteara una nueva asignatura llamada Educación para el patriotismo? Se enseñaría, a todos los niños catalanes, no sólo que son españoles de pura cepa, sino el orgullo que eso merece. Cuatro años más tarde, el Gobierno cambiaría por uno de izquierdas y nacionalista, con lo que cambiaría la asignatura. No desaparecería, sino que los contenidos serían modificados por el nuevo ministro, y los niños aprenderían cultura catalana, y oirían hablar de España como país extranjero. Aunque no haría falta aprenderlo bien, ya que las encuestas estiman que para el año que habrán de pasar la Selectividad, el partido gobernante habrá vuelto a cambiar y se habrán de examinar de la asignatura que recibieron los primeros cuatro años. Educación para la ciudadanía tiene un nombre muy sugestivo, pero no es otra cosa que política. Son contenidos que introduce el Estado al plan de estudios de los niños, en las edades más influenciables de su vida, y ante los que una gran parte de la sociedad es contraria. Sus contenidos se contradicen con la moral católica, predominante en España, y tienen en contra al segundo partido más votado. ¿Cómo puede ser que lo que aprenden los niños ahora, sólo sea verdad hasta el próximo cambio de Gobierno? Como si dos más dos fuesen cuatro, o cinco, según quién gobierna.
Nina Lamuela
Barcelona
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