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Beatriz Zandio y Rodrigo Espinedo, matrimonio misionero:
«La misión ha sido un regalo»
Beatriz y Rodrigo son una pareja de recién casados que ha decidido pasar el primer año de matrimonio como misioneros. Ella es médico neuróloga, y él es profesor en el colegio marista de Pamplona. Se casaron en el verano de 2007 y decidieron irse al Chad como cooperantes de los Hermanos Maristas, al amparo de la ONG SED. En esta entrevista ofrecen su experiencia, desde las Obras Misionales Pontificias
Beatriz y Rodrigo, con un grupo de niños, en el Chad
No es muy normal que una pareja de recién casados opte por un año de trabajo misionero de este calibre...
En nuestro caso, la inquietud por el servicio a los más necesitados venía de lejos; ambos hemos participado en campos de trabajo de SED. Como pareja también decidimos apostar por ello de una forma concreta, en un momento en que nuestra situación familiar y laboral nos lo permitía.
Aterrizáis en Chad: ¿choque cultural, lingüístico...?
El primer y auténtico choque fue con la situación de pobreza que atraviesa el país; no lo imaginábamos así. Día a día nos hemos intentado adaptar a esa realidad, a la falta de medios. Las diferencias culturales han sido más bien un elemento enriquecedor. Nos quedamos a vivir en Sarh, formando comunidad con Carlos y Blaise, el primer marista chadiano. Cuando Carlos tuvo que regresar a España y Blaise marchó a Koumra, seguimos residiendo en la casa de los hermanos.
¿Vuestro trabajo especifico en Sarh?
Rodrigo ha colaborado con el Obispado en la elaboración de proyectos de cooperación entre la diócesis y España; y Beatriz ha trabajado como médico en el hospital diocesano, especializado en enfermos de sida.
¿Eficacia, o presencia?
Ambas, sin duda. Hemos intentado trabajar como si el fruto de nuestro trabajo dependiese de nosotros; con los pies en la tierra y apasionadamente. Sabiendo, sin embargo, que todo está en manos de Dios. Creemos que la presencia atenta y sencilla es en sí misma un valor, y así hemos compartido la realidad de la diócesis, con los vecinos, en el trabajo...
¿Cómo veis al pueblo chadiano, a la Iglesia local?
El pueblo chadiano es acogedor y reservado, marcado en su carácter por la dureza del medio. Muy influenciado por las tradiciones ancestrales, la resignación, el fatalismo... La Iglesia allí es muy joven (nuestra diócesis se fundó hace 52 años) y también está llena de jóvenes; poco a poco, van surgiendo vocaciones a la vida religiosa. Le toca la difícil tarea de sembrar el Evangelio respetando la cultura tradicional, a veces opuesta.
Habéis dado un año de vuestras vidas. Algo habréis recibido a cambio.
En sí, el año ha sido una gracia, un regalo. Hemos recibido acogida, afecto. Nos hemos sentido miembros de una gran familia en la diócesis de Sarh. Volvemos con la sensación de que la realidad se ha ensanchado sobre lo que conocíamos, y con una nueva mirada sobre ella.
¿Alegrías y dificultades vividas en este año de cooperación?
En el trabajo las dificultades provienen de la falta de medios materiales, infraestructuras, comunicaciones... Para Rodrigo, una pequeña dificultad ha sido el idioma; para Beatriz, la falta de medicamentos esenciales. En cuanto a alegrías, han sido muchos los motivos de celebración: proyectos que avanzan, pacientes que mejoran... Una alegría diaria era la Eucaristía con los misioneros y el compartir nuestro día a día con ellos.
¿Como veis el futuro del país y de la Iglesia en Chad?
Vemos incierto el futuro del país, debido sobre todo a la inestabilidad política. La Iglesia es joven e ilusionada; quizás necesite tiempo para crecer, profundizar y empapar la sociedad de los valores del Evangelio. Creemos que la obra marista en el Chad es muy necesaria, tanto en educación como en pastoral, y pasa por crear colegios en el país. Los hermanos maristas están estudiando la posibilidad de abrir un colegio en Koumra.
No sois los primeros cooperantes, y seguro que tampoco los últimos. ¿Recomendáis la experiencia?
Sí, sin duda; aconsejamos a otros posibles cooperantes trabajar en el Chad, junto a los hermanos, formarse y concretar las inquietudes misioneras, aunque parezca ir contracorriente.
De nuevo en España. Y ahora, ¿qué?
A partir de ahora, la alegría del reencuentro: Rodrigo vuelve al colegio y Beatriz buscará trabajo. Se nos plantea el reto de transmitir las vivencias de este año y esta nueva realidad descubierta. Intentaremos seguir en contacto con el Chad y colaborar con el distrito marista de África Oeste.
¿Qué página del Evangelio os resulta inspiradora, al vivir esta experiencia?
El relato del encuentro de Jesús y la samaritana en el pozo. Es un canto al acercamiento, la seducción del mensaje de Jesús y la conversión: El que beba de este agua no tendrá más sed.
José M. Ferre