Alfa y Omega > Nº 611 > Aquí y ahora
Ante la próxima campaña del DOMUND, el 19 de octubre, los obispos españoles han dicho:
Desde aquí también se puede ayudar


Un sacerdote distribuye la comunión, en la iglesia
de San Jorge, en el barrio Karrada de Bagdad
Los misioneros no son aventureros, ni su trabajo es fruto de una locura o de un romanticismo ingenuo y pasajero. Son, por encima de todo, testigos de Jesucristo, que han conocido el amor de Dios, han creído en él y no pueden mantenerlo escondido; viven para el Señor, entregando a los hombres el tesoro más precioso que guardan en su corazón: la fe en Cristo Jesús. Son personas que se han encontrado con Jesús y han hecho de este encuentro toda una experiencia de vida.
Como Pablo, los misioneros hoy han de seguir exclamando: ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio! Reconocen la debilidad de su condición humana, pero no se detienen en ello. Se fían de Dios. No son ellos los que cambian el corazón de los hombres, sino el mismo Cristo, pero Él no quiere hacerlo sin ellos. Por eso no cuentan los obstáculos, por grandes que sean, como hoy sucede en un mundo dominado por el laicismo y el relativismo, y donde en tantos lugares escasean las vocaciones.
Es preciso anunciar, con la misma frescura de los comienzos de la Iglesia, la esperanza del Evangelio de Jesucristo, y para ello hace falta que especialmente los jóvenes respondáis con generosidad a la llamada del Señor.
+ Antonio María Rouco
cardenal arzobispo de Madrid
Id a todos los pueblos. Nadie queda excluido de recibir la Buena Noticia. A cada uno le corresponde, según su vocación, llevarla a todas las gentes.
La acción evangelizadora y misionera no es una actividad más de la Iglesia, sino que constituye la esencia de su misión. Cuanto se ha recibido del Señor, hay que llevarlo y compartirlo con los demás. La forma y modo de llevar a cabo esa acción misionera, única en el contenido de la fe, se realiza en acciones diferentes, que van desde el anuncio explícito del Evangelio, a la promoción humana, al diálogo interreligioso, a la promoción y desarrollo de los pueblos. Y en la implantación de nuevas Iglesias, la contribución para la paz y el entendimiento entre los pueblos...
+ Carlos Amigo
cardenal arzobispo de Sevilla
Los hombres tienen hambre de pan y también sed de Dios. Siempre tenemos el riesgo de convertir este binomio en duelo de oposición entre el hambre de pan y la sed de Dios, entre promoción y evangelización. Podemos primar la sed de Dios con tal empeño que, a nada que nos descuidemos, acabemos entendiendo la acción misionera como proclamación de la salvación eterna, sin proyección y repercusión sobre esta tierra de nuestros dolores. Y viceversa, que acuciados por el problema pavoroso del hambre, que padecen tantos hermanos del tercer mundo, olvidemos que el hombre tiene también necesidades de sentido, de esperanza, de salvación plena, de Dios en definitiva.
+ Ciriaco Benavente
obispo de Albacete
Admirables vidas las de nuestros misioneros. De los 17.515 misioneros españoles, de los más de 500 misioneros y misioneras de origen alavés, de las decenas de miles de misioneros de otros países. Discípulos y seguidores de Jesucristo, Misionero de Dios Padre para la salvación de la Humanidad. Por Cristo, y a imitación del Señor, dan su vida a favor de los hermanos
+ Miguel Asurmendi
obispo de Vitoria
Esta Jornada del DOMUND es para recordar que todos somos misioneros, que, cuando nos bautizaron, lo que realmente nos preguntaron es si queríamos ser misioneros, pues ser cristiano y misionero es lo mismo. También nosotros, desde nuestro mundo cercano, hemos de abrir los ojos y el corazón hacia el mundo, a evangelizar.
+ Amadeo Rodríguez
obispo de Plasencia
La oración de todos, y muy especialmente de los enfermos, de los que sufren, y de los contemplativos, es el alma de la misión.
Dentro de la doctrina de san Pablo, podemos sacar el perfil adecuado del auténtico misionero: llevar el amor de Cristo en el corazón, y el Evangelio en los labios, soportar, si es necesario, sufrimiento y persecución, permaneciendo siempre fieles al Señor.
+ Juan José Asenjo
obispo de Córdoba
La mayoría de nosotros somos unos auténticos privilegiados al haber conocido a este Jesús, ya de pequeños, haberle tratado y poder saber por qué ha querido salir a nuestro encuentro.
El ejemplo de san Pablo nos estimula a dar respuesta con nuestra vida, profundizando en el conocimiento de este personaje tan singular, acercándonos a él, y así saber amar más a la Iglesia y a su misión evangelizadora.
+ Luis Quinteiro
obispo de Orense
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid