Alfa y Omega > Nº 611 > Testimonio
Las Agustinas Recoletas fundan su primer monasterio en África
Las contemplativas, agua viva en África
Once jóvenes keniatas, de entre 21 y 29 años, acaban de entrar en el primer monasterio de Agustinas Recoletas de África, el monasterio de Nuestra Señora de la Consolación


El grupo de novicias, con el obispo diocesano,
las religiosas que llegaron desde España para fundar,
y su Priora, filipina
«En Kenia la tierra es muy buena, pero no llueve casi nunca». Así lo asegura, recién llegada de tierras africanas, a su convento, en León, la madre María Cruz Aznar. «Eso sí: en el momento en que la riegas, los frutos son buenísimos». Con esas mismas frases se podría resumir lo que a menudo son las tierras de misión: diamantes en bruto, aparentemente baldíos, que cuando se riegan producen los mejores frutos.
En África, no son frecuentes los monasterios de vida contemplativa. Y eso que es un continente donde la espiritualidad flota en el aire, y no hay gesto cotidiano que no esté impregnado de sentido sobrenatural. Pero al pensar en las personas que llegan desde otras partes del mundo para evangelizar en la fe católica, uno se crea la imagen de un misionero hiperactivo, que desarrolla su tarea en ámbitos como la educación, la sanidad, o la promoción de la mujer.
Lo que no es tan común hoy es que un grupo de monjas de clausura instauren, en este continente, un nuevo monasterio de vida contemplativa. A muchos, sin duda, les costará imaginarse la clausura en medio de la sabana. Pero lo cierto es que esos monasterios existen. En Kenia, por ejemplo, hay carmelitas, dominicas, benedictinas... y, desde hace algunos meses, también agustinas recoletas.
Sor María Cruz Aznar, Presidenta de la Federación de Agustinas Recoletas, llegó hace dos años a la diócesis de Machakos, acompañada por tres religiosas dispuestas a fundar el que hoy es el monasterio de Nuestra Señora de la Consolación, gracias a la colaboración de la Orden, del fondo Nueva Evangelización, de la Conferencia Episcopal Española, y de Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Según la propia madre María Cruz, la historia comenzó allá por el año 2002: «Tenemos una hermana keniata en uno de nuestros conventos, y supimos que una amiga suya quería ser agustina recoleta y venirse a España, pero no se le concedió el permiso. Entonces, le dijimos: Si quieres ser monja, intenta juntar a más amigas que compartan tu misma vocación. Entonces podremos ir a fundar». Una opción, por otro lado, que, según la madre María Cruz, está más en sintonía con la Iglesia, pues es preferible siempre fundar en tierras de misión que traer aquí las vocaciones. «Esta chica -afirma la religiosa española- tuvo tal interés en hacerse agustina recoleta, que formó a un numeroso grupo. Animadas por esto, y con el mayor interés por parte de su obispo, acabamos haciendo el esfuerzo por hacer allí la fundación».
Una fundación en la que, para la madre María Cruz, «se está viendo mucho la mano de Dios, que está facilitando muchísimo las cosas. Las novicias se están formando muy rápidamente, y el edificio se ha construido en muy poco tiempo».

Vista del monasterio, recién terminado
La mayor parte de ellas (11 en total) proviene de aldeas cercanas a la zona, y alguna ha estado trabajando en la ciudad. Están acompañadas por la maestra de novicias, una religiosa filipina, y la Priora y Vicepriora, dos españolas que ayudan también en su formación. Tienen entre 21 y 29 años, y su vida dentro del monasterio sucede prácticamente de la misma manera que en cualquier otro monasterio de agustinas recoletas alrededor del mundo: se levantan a las 5:30 de la mañana, y su día transcurre entre la oración, el estudio y el trabajo, con un horario realmente apretado para quien piense que la vida allí se sucede con el mayor relax.
¿Cómo subsistir, en África?
La subsistencia del nuevo monasterio sí que marca un punto y aparte respecto a los de otros lugares del mundo. En Kenia no hay quien compre dulces, ni ornamentos de iglesias, ni otros enseres o alimentos con los que muchos monasterios pueden salir adelante. Lo que en Europa es un agradable lujo, en África ni siquiera se entendería.
«De momento -explica la madre María Cruz- hay que explotar la huerta y la pequeña granja que se ha creado. Allí llueve muy poco y no es fácil cultivar. Sin embargo -(ya lo hemos dicho)- la tierra y el clima no puede ser mejor. En cuanto hay un poco de agua, ya te permite cultivar mucho. Por otro lado, están pensando en diferentes soluciones para poder subsistir. Se baraja la posibilidad de hacer formas, albas, ornamentos, casullas... De momento, se les irá ayudando desde España, por supuesto, pero el objetivo es que puedan encontrar salidas para su propia subsistencia, allí, en su tierra».
A. Llamas Palacios
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