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18-X-1978: Juan Pablo II inicia su pontificado
Una fuerza de convicción
Se diría que, treinta años después, aquel impresionante: «No tengáis miedo», de Juan Pablo II (de cuyo Pontificado ofrecemos varias imágenes), en la homilía del comienzo de su pontificado, que fue como una sacudida pentecostal en la columna vertebral del pueblo de Dios, resuena hoy, desde la Plaza de San Pedro y desde el aula del Sínodo de los Obispos, con tanta o más fuerza que entonces, para un mundo aturdido, asustado, noqueado por una implacable crisis económica, fruto bien previsible y previsto de una irresponsable y creciente, egoísta y comodona modorra espiritual y moral
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Los comparadores de profesión, que llaman orden solamente a lo que mantiene sus privilegios, comparan en los apesebrados medios de comunicación; y, acostumbrados al lenguaje de los deleznables realities televisados, preguntan cosas tan refinadas y tan sutiles como: ¿Quién es más seductor: Juan Pablo II, o Benedicto XVI? Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger no dudarían en responder amablemente: Jesucristo, el Señor, nos dijo: «Sin Mí no podéis hacer nada». ¿Por qué no se preguntan ustedes por la fuente radical y única de esa seducción a la que se refieren?
La reciente visita de Benedicto XVI a Francia ha sido sintetizada, en un titular de una revista católica francesa, así de certeramente: «Una fuerza de convicción». Y han definido a Benedicto XVI Le penseur de Dieu. Los seráficos opinionmakers, que se dedican a observar lo que todos vemos, para decirnos luego lo que, según ellos, hemos visto en realidad, no salen de su asombro ante la firmeza amabilísima del magistral magisterio del Papa alemán, cuya visita a Francia todos juzgaban en clave política y, sin embargo, acabó -no podía ser de otro modo- en clave mística, ante la misteriosa sonrisa de la Señora de Lourdes. A lo mejor creían que estaban en los Juegos Olímpicos, cuando el Papa, curiosamente en la Plaza de los Inválidos, desenmascaró los ídolos de hoy, el dinero, el ansia de tener, de poder y hasta de saber. Buscaban métodos y se encontraron con contenidos. Buscaban morbo y se encontraron con la desarmante sencillez del: «No tengáis miedo», de Juan Pablo II y de Benedicto XVI. Como hace treinta años. Más aún, si cabe.
Miguel Ángel Velasco
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid