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Don Alfredo Dagnino, Presidente de la ACdP, ante el X Congreso Católicos y vida pública
«Basta de lloros. Necesitamos una fe madura»
En plena crisis financiera y pánico generalizado, el Congreso Católicos y vida pública se dispone a proclamar que existe una esperanza que nunca defrauda: Cristo. Del 21 al 23 de noviembre, en la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, se celebrará la décima edición de esta gran cita del catolicismo social español, que organiza la Asociación Católica de Propagandistas. Su Presidente, don Alfredo Dagnino, reitera la necesidad de una fe «adulta y madura», capaz de articular una propuesta creíble de regeneración moral de España
Portada del Programa del Congreso
Cristo, la esperanza fiable es el lema de este Congreso. Pocas veces parece más oportuno el tema de la esperanza que ahora...
Cuando concluimos el IX Congreso, hace un año, empezamos, como es habitual, con diferentes expertos, con los movimientos y las asociaciones apostólicas a debatir sobre el tema de este año. Y es curioso, porque siempre ha habido cierta unidad de criterio. El tema de la esperanza tiene una doble justificación: por el significado que tiene siempre para los cristianos, y porque el Papa ha escrito sobre ella su segunda encíclica. Para ser fieles al magisterio pontificio, decidimos además seguir los grandes epígrafes de la encíclica y desgranarlos. Hemos intentado vertebrar las diferentes ponencias y mesas redondas con los diferentes epígrafes troncales y medulares para la vida de la Iglesia que nos ha señalado el Santo Padre en la encíclica Spe salvi, con el objetivo de transmitir a todos los que asistan al Congreso, y a los que nos sigan por cualquier medio, que la única esperanza fiable es Cristo.

Éste será el X Congreso. ¿Qué cambia con respecto a los anteriores?
Siempre es mucho más lo que hay en común. Desde que asumí la Presidencia de la ACdP, he querido no hacer excesivas innovaciones, porque creo que el Congreso nace con una inspiración muy clara: la de verdaderamente llevar a Cristo y el mensaje del Evangelio a la vida pública. Y alentar apostólicamente a los cristianos para que sean consecuentes con la vivencia de una fe adulta y madura, que no sólo se restrinja a la vida privada y a las sacristías, sino que la llevemos a la sociedad. Quizás, haciéndonos eco de lo que significa hoy el pontificado de Benedicto XVI, hemos querido insistir en la importancia de afianzar los fundamentos de la fe. Hemos vivido dos pontificados providenciales: el de Juan Pablo II, que insistió en llevar la Palabra de Dios a todos los recovecos del mundo, con una acción pastoral de vanguardia, de trinchera, y ahora hemos pasado a un pontificado que incide en el afianzamiento de los fundamentos de la fe, y la justificación de nuestra propia fe en el contexto de un mundo donde el pensamiento dominante es el relativismo moral, la secularización, la ideología de género... El Papa nos dice que debemos poner el acento en lo central, en Dios, porque sin Él se desvanece todo lo demás. Lo ha dicho recientemente en la inauguración del Sínodo de los Obispos: quien construye sobre verdades sólo aparentes, construye sobre arena. Vemos ahora cómo se están derrumbando todos los edificios que el hombre en estas décadas construyó sobre arena... Con los Congresos Católicos y vida pública, queremos contribuir a que construyamos sobre roca, sobre cimientos que no puedan erosionar los vientos de la Historia ni las ideologías que imperan en nuestra sociedad.
Echando la vista atrás, ¿diría que los Congresos han construido sobre roca?
Quizá esté mal que yo haga una aseveración así, pero como no he sido la fuente de inspiración de estos congresos, sino que fue el anterior Presidente, Alfonso Coronel de Palma, sí me atrevo a decir que hay un antes y un después de esta iniciativa. Ahora que celebramos el X, creo que es bueno volver la vista atrás. Con el primero, nadie creía que fueran a asistir siquiera 80 personas... El Congreso ha ido creciendo, y lo ha hecho de una manera muy inteligente, tal como inicialmente se concibió: La ACdP, y su obra más significada, el CEU, han ido ejerciendo una suerte de liderazgo integrador de los diferentes movimientos y asociaciones apostólicas, que es algo que está en su raíz, en su vocación de servicio a la Iglesia, para aunar y concentrar esfuerzos evangelizadores, de modo que cada cual pueda tener aquí su casa para canalizar su vocación apostólica.
El Congreso ha ido construyendo sobre roca, porque ha ido convirtiéndose en un referente del catolicismo social, que sabe que todos los años tiene esta cita en el mes de noviembre. Y se ha ido construyendo sobre roca, porque en todos los Congresos se ha hecho un esfuerzo por afianzar los fundamentos de la fe y por trasladar y convencer a la sociedad y a los católicos españoles de que esa fe tiene una dimensión pública, y que hay que llevar a Cristo a todos los recovecos de la sociedad. Ya uno se cansa de los lloros y los lamentos: frente al secularismo, el laicismo y toda esta cultura que nos invade, hay que ofrecer nuestro testimonio en la vida pública. Eso es lo más importante. Los cristianos no se pueden quedar en sus casas y en las sacristías. Hay una misión muy importante en la propia familia, pero también debemos llevar a Cristo a la sociedad, a la política, a la educación...
Don Alfredo Dagnino con don Miguel
Ángel Velasco, al finalizar la entrevista
¿Qué dificulta hoy lograr eso? ¿La falta de unidad de los católicos?
Probablemente, sí. Pero yo diría que hay antes otra exigencia: el fortalecimiento de la vida cristiana de todos y cada uno de nosotros. Si ponemos sin más el acento en la unidad, parece que lo hacemos en algo formal, estratégico o accesorio. Pero no habrá unidad de acción de los católicos si no la hay previamente en los corazones y en los propósitos. Y eso pasa por el fortalecimiento de la vida cristiana. Yo suelo citar las afirmaciones del entonces cardenal Ratzinger en la Misa Pro eligendo Romano Pontifice: el cristiano ya no puede vivir su fe de cualquier manera; porque hoy hace falta una fe «adulta y madura». Si no fortalecemos nuestra vida sobrenatural, difícilmente podremos dar frutos. Ésta es la premisa previa, y también el antídoto frente al riesgo de los desencuentros y particularismos en la Iglesia. No basta el activismo. Hacen falta hombres apostólicos con una recta concepción de cuáles son los fundamentos espirituales y teológicos del quehacer apostólico.
En esa homilía, el cardenal Ratzinger denunciaba también la basura que hay dentro de la Iglesia...
Qué duda cabe de que todo el proceso secularizador que ha vivido el mundo en las últimas décadas, anunciado ya en la Constitución pastoral Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, ha implicado un auténtico cambio de signo de los tiempos, con una metamorfosis en el campo cultural, antropológico y político. Esto ha hecho también mella en la Iglesia. No es casual la secularización del clero, la disminución de vocaciones, el vaciamiento de los seminarios, la secularización de la educación católica... ¡Fíjese en lo que está ocurriendo con la educación católica en España...! Como ha dicho la Conferencia Episcopal, todos los católicos tenemos que preguntarnos hoy qué quiere Dios de nosotros, y para responder con fidelidad, debemos estar en plena comunión con la Iglesia.
Miguel Ángel Velasco
«Debemos articular una respuesta de regeneración moral de la sociedad»
Un Congreso dedicado a la esperanza, precisamente ahora... ¿Pero es posible la esperanza ante la quiebra moral del pueblo español, que da más importancia a la crisis económica que a la crisis moral de valores?
Sin duda. Asistimos ahora a cómo se derrumba lo aparente, lo construido sobre arena... Pero todos esos bancos, empresas y fortunas que parecían tan fuertes están cayendo. No es sólo la quiebra de una entidad financiera o de una empresa. Lo que empieza a derrumbarse hoy es todo un modelo de vida, de sociedad, y un sistema de contravalores que se ha construido sin consideración a la necesidad de unos auténticos fundamentos morales para la sociedad. Esto tendrá sus consecuencias, y creo que debemos trasladarlo así a la sociedad civil. Tengo la convicción de que, desde el catolicismo, en España, tenemos que articular una propuesta de regeneración moral de nuestra sociedad. Disponemos de una riqueza a veces desconocida para los propios católicos: la doctrina social de la Iglesia, un cuerpo doctrinal perfecto, de principios, orientaciones y guías, para llevar a Cristo a la sociedad con la luz del Evangelio y del Magisterio, para la consecución del bien y para transmitir a la sociedad de hoy la auténtica verdad acerca del hombre.
En vísperas del centenario
A los tres días de duración del Congreso, vuelve a sumarse un interesante pico... Como ya hiciera el año pasado con el cardenal Scola, Patriarca de Venencia, el periodista José Luis Restán, Director General de Contenidos de la COPE, moderará días antes un coloquio con el cardenal Cañizares, arzobispo de Toledo. «Para ir generando ambiente», explica don Alfredo Dagnino.
El viernes 21 de noviembre, la ponencia inaugural del Congreso, «la que marca de alguna manera la trayectoria del Congreso», correrá a cargo de monseñor Juan Antonio Martínez Camino, obispo auxiliar de Madrid, ante la presencia del nuncio del Papa y del obispo consiliario de la ACdP. Monseñor Martínez Camino será presentado por Lydia Jiménez, Directora General del Instituto secular de las Cruzadas de Santa María. Ésta es una de las peculiaridades del X Congreso, en el que líderes de distintos movimientos presentarán las ponencias y las mesas redondas.
Inevitable este año es la alusión al centenario de la Asociación, que se celebrará en 2009, aunque ya «el 8 de noviembre -cuenta el señor Dagnino- vamos a emular, en Areneros, la llamada del padre Ayala a los ocho primeros jóvenes, y haremos otro acto similar en la Universidad Pontificia Comillas». En la noche cultural, propia de los sábados de Congreso, se proyectará el documental Ángel Herrera. Un apóstol en la vida pública, que «puede concienciar a mucha gente de que lo que llevó, hace 100 años, a fundar lo que entonces se llamó la Asociación Católica Nacional de Jóvenes Propagandistas no sólo es válido y vigente hoy, sino que es ahora cuando adquiere su sentido más pleno y profundo». E inevitable también, al cumplir el Congreso la décima edición, es volver la mirada sobre este bagaje, y, a partir de él, analizar «cómo desde el catolicismo tenemos que saber urdir el futuro de España, desde unos fundamentos auténticos, y transmitir a todos, especialmente a los jóvenes, esas certezas básicas que el Papa nos ha dicho que no basta ya con heredarlas, sino que exigen una opción personal de cada persona».
La Eucaristía del domingo, como en otros años, será presidida por el cardenal Rouco. Y habrá, como siempre, espacios propios para niños y jóvenes. La Noche Joven, el viernes, contará con un encuentro con fray Santiago Cantera, un joven benedictino. «Nos ha costado que el abad del Valle de los Caídos le deje venir a esas horas de la noche», reconoce el señor Dagnino, que aconseja vivamente no faltar a esa cita.