Alfa y Omega > Nº 611 > España
Francisco Salinas, director durante 25 años, de Documentación social:
«En crisis, todos debemos arrimar el hombro»
Don Francisco Salinas tiene una larga experiencia al frente de uno de los medios de comunicación significativamente más activos en el campo de la solidaridad. Director, durante 25 años, de la revista Documentación social (1979-2003), vinculada a Cáritas, posee una completa visión de conjunto sobre el ejercicio de la caridad en nuestro país

Desde su experiencia, ¿cómo ha evolucionado la práctica de la caridad en España en los últimos años?
En los años 60 estaba enmarcada dentro de una actitud asistencialista, buscando la promoción social y el desarrollo personal; con el paso de los años, se iba trabajando y fomentando el protagonismo de la sociedad civil y, dentro de ella, el de la persona en situaciones de precariedad y exclusión social, quien a la vez que pide ayuda aporta su ser y sus potencialidades. Se trata de un trabajo por procesos, con itinerarios personalizados construyendo y desarrollando su proyecto vital, donde la justicia y los derechos sociales son la base del trabajo. Concretamente, Cáritas, por ser el instrumento mismo de la Iglesia para el ejercicio de la caridad, ha ido evolucionando, y trabajando por la justicia y por la reivindicación y consolidación de los derechos sociales.

¿Quiénes son hoy los nuevos excluidos? ¿Existe hoy en España más pobreza que antes?
Estadísticamente, la pobreza sigue afectando a un 20% de la población, según los datos del Instituto Nacional de Estadística. La pobreza severa, es decir, aquellas personas que están viviendo en condiciones extremas de exclusión, porcentualmente también se mantiene en un 3 ó un 4% de la población. Estas cifras significan que, aunque el porcentaje se mantiene, en números absolutos la pobreza afecta a más personas, porque el conjunto de la población ha crecido también. La exclusión consiste en privar a una persona de sus derechos; es algo más que la escasez que conlleva la pobreza. Éste es un fenómeno que persiste en los sin techo, en los drogadictos, enfermos de sida..., pero en los últimos años -precisamente los de mayor crecimiento económico- hay nuevos excluidos, como trabajadores en condiciones precarias, que apenas pueden consolidar su vida personal y familiar y cuya situación, con la crisis, se está agravando. Dentro de las nuevas exclusiones podríamos hablar también de las familias monoparentales, especialmente cuando la cabeza de familia es la mujer. También hay que advertir sobre la feminización y la juvenalización de la pobreza, y sobre un sector de la población especialmente afectado por las nuevas formas de pobreza: los inmigrantes. Los primeros que sufren la crisis son ellos.

¿Qué opina de la reacción de la sociedad ante estos problemas? ¿Estamos suficientemente concienciados?
Individualmente todavía hay momentos y espacios concretos de xenofobia, pero es algo que se ve cada vez menos. En conjunto, la población ha ido concienciándose progresivamente. Aun así, falta una mayor responsabilidad social y una búsqueda de las causas de exclusión social: ahí es donde tendríamos que apostar más.

¿El boom de los voluntarios es algo pasajero, o tendrá continuidad?
El voluntariado ha existido siempre. Es verdad que en la década de los 80 aumentó el número de voluntarios, precisamente por esa búsqueda de compromiso que quieren mantener cada vez más personas con las realidades sociales. No es un fenómeno pasajero, sino que es algo que va a perdurar más, que implica incluso una dimensión vocacional, de compromiso con la sociedad, y lo encontramos en todos sus ámbitos.

¿Qué decir de la labor de la Iglesia ante la marginación social?
También ha ido evolucionando. La Iglesia es el lugar donde surgen precisamente estos movimientos sociales. No se puede olvidar la labor de Cáritas, como manifestación de la Iglesia misma, atendiendo las necesidades más primarias de tantas personas. Y, juntamente con eso, ha ido trabajando por otras necesidades, la búsqueda de los derechos sociales, el empleo, la vivienda, la educación..., que son los pilares del bienestar y deben llegar a todo el mundo. Todavía hay carencias, y allí está apostando la Iglesia, la comunidad cristiana.

Usted fue director, durante 25 años, de la revista Documentación social; ¿cómo están enfocando los medios los problemas de marginación?
Aunque hay cada vez más una mayor apertura, sigue existiendo un tratamiento desigual: se busca el dato cuantitativo, el número de pobres, etc. Pero también deben ser noticia las vidas que hay detrás, las personas, las familias..., porque detrás de los números están las personas. Hay una mayor sensibilidad sobre todas estas situaciones, y los medios de comunicación están jugando un papel importantísimo, pero yo les pediría más, especialmente en estos tiempos de crisis, en los que unos y otros debemos arrimar el hombro.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid