Alfa y Omega > Nº 611 > España
Más de 2.000 personas celebraron, en Santiago, los 60 años de vida de Cursillos de Cristiandad
«¡Cristo cuenta con nosotros!»
«¡Iglesia soy yo!»; «¡Cristo cuenta contigo!»; «¡Prendamos fuego al mundo!»; «¡Llevemos a Cristo a un hombre y mil más!»... Éstos son sólo algunos de las gritos que más de 2.000 peregrinos de toda España lanzaron durante el transcurso de la Ultreya Nacional, con la que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad celebró, el pasado fin de semana, los 60 años de su nacimiento
Un grupo de cursillistas de Madrid
al llegar a Santiago
«Hoy, el movimiento de Cursillos de Cristiandad es más necesario que nunca, porque asumimos el reto de estar en la primera línea de la evangelización, en el primer anuncio del Evangelio. Queremos llevar a Cristo a hombres y mujeres que sólo conocen un mundo hedonista, dominado por el materialismo y el relativismo; a los que se apartan de Dios y andan ciegos. Queremos vivir nuestro apostolado con humildad y unidad, sabiendo que somos Iglesia, experimentando en primera persona el encuentro con Dios; pero también con valentía, inconformistas y deseando incendiar el mundo con el fuego del Espíritu». Así se expresaba, para Alfa y Omega, el obispo de Tarrasa, monseñor José Ángel Sáiz Meneses, durante el transcurso de la Ultreya Nacional que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad (MCC) celebró en Santiago de Compostela, el pasado fin de semana, para conmemorar sus 60 años de vida.
Evangelizar sin miedo
Un detalle de la imagen anterior
Como el prelado -que se convirtió a los 17 años, en un Cursillo-, más de 2.000 fieles de 42 diócesis españolas (amén de un pequeño grupo de Francia y Portugal) peregrinaron hasta Santiago para recordar cómo, en 1948, a partir de una peregrinación de jóvenes al sepulcro del Apóstol, «el Espíritu Santo suscitó un movimiento que hoy se extiende por todo el mundo, y que ha facilitado el encuentro con Dios de millones de personas», en palabras de monseñor Ángel Rubio, obispo de Segovia y consiliario nacional del MCC. Precisamente fue monseñor Rubio quien, durante la Misa del peregrino, que presidió en la catedral compostelana, recordó que los católicos, y en particular los cursillistas, «estamos llamados a llevar a Cristo al mundo, sin complejos ni miedos; a anunciar el Evangelio con valentía, cargados de razones para responder, con seguridad, a las explicaciones que hoy se nos piden».
Los obispos de Segovia, Tarrasa, Lugo
y Mondoñedo-Ferrol ponen el incienso
al botafumeiro, en la Misa del peregrino
Testimonio entre turistas
A pesar de que la presencia de obispos fue notable (ocho prelados de toda España acudieron al pabellón Font de Sar, donde se celebró la Ultreya, tras la Eucaristía de la catedral, y otros tantos enviaron cartas de respaldo al MCC), si algo quedó patente en Santiago, fue la presencia y el empuje de los laicos; laicos que provocaron rostros de perplejidad y sonrisas cómplices entre los turistas que recorrían los alrededores de la catedral, cuando llegaron a la plaza del Obradoiro entre cantos, bailes y risas. Como recordó después doña María Dolores Negrillo, Presidenta del Secretariado Nacional del MCC, «sabemos que no somos los únicos ni los mejores. Estamos dentro de la Iglesia, y no pretendemos engrosar gente en nuestras filas, sino fermentar cristianamente los ambientes. Queremos ofrecer frescura de vida, testimoniar el Evangelio con alegría. Porque las palabras convencen, pero el testimonio arrastra». Una alegría que, como concluyó monseñor Sáiz Meneses, «nace del encuentro en primera persona con Cristo, con su Iglesia y con la comunidad. A los cursillistas les cambia la vida, porque experimentan el amor de Dios. ¡Cristo cuenta con nosotros, y nos envía a anunciar al mundo que cuenta con todos los hombres!».
José Antonio Méndez
«Me asombró ¡ser Iglesia!»
Belén es una de esos 2.000 cursillistas que, el pasado fin de semana, acudió a Santiago, acompañada de su marido y sus dos hijas. Dos años y medio después de haber hecho su Cursillo, recuerda que, «en aquellos tres días, me quedé asombrada ¡de ser Iglesia! De tener tanta gente como nosotros, familias creyentes que vivían la fe sin complejos y creciendo juntos. Descubrí que Dios se hace presente en las personas que se dejan hacer por Él, que irradian a Dios por los poros, que le transparentan. Y yo quiero llegar a ser así. Entonces creía que el Cursillo no cambiaría mi vida tanto como lo ha hecho, porque, en estos años, he notado cambios que no podía ni imaginar. Ya no estoy dispuesta a perder una comunidad en la que poder caminar en familia, y no yo sola». Tras la peregrinación a la Ultreya Nacional, Belén comenta que «mis hijas iban con desánimo, sobre todo la mayor, porque, con lo vergonzosa que es, cuando vio el bordón de peregrino en forma de cruz, me dijo que ni por asomo iba a salir con eso por la calle. Pero el domingo por la noche nos confesaba que precisamente lo que más le había gustado fue ir por la calle con la cruz, y cantando a voz en grito eso de ¡Iglesia soy yo! Claro, cuando van contigo otros 2.000, ya nada te importa el qué dirán. Mis dos hijas lo pasaron tan bien que por la noche estaban preparando una peregrinación en familia, andando más, y con ese bordón que ahora cuelga en su cuarto, a la espera de volver a usarlo este verano».