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Con ojos de mujer
Ciencia y vida

El avance científico parece imparable, paralelamente la ciencia, en ocasiones, parece retroceder, atacando el derecho natural y promocionando el aborto libre y la eutanasia. El conflicto entre conciencia y leyes es arduo; reflexionamos en voz alta y recordamos a muchas figuras que a lo largo de la Historia vivieron en permanente conflicto, tal fue el caso de Tomás Moro. Pronto, llegaremos al exterminio de miles de seres en España con la nueva legislación sobre el aborto y la eutanasia, que nos recuerda los métodos de los nazis, de Stalin, e incluso los de la propia Esparta, en la antigüedad clásica.
Necesitamos hombres con coraje, a la vez que con temple, capaces de ser tan duros como el diamante y tan flexibles como el acero para defender la vida. No hagamos una sociedad de laboratorio, sino creemos una nueva sociedad, siguiendo los discursos y encíclicas de Juan Pablo II, quien se dedicó a defender la vida desde su inicio hasta su fin natural. Su doctrina sobre los temas de bioética, fecundación in vitro, células madre y protección de los deficientes, constituyen toda una lección de vida para solucionar todos y cada uno de estos problemas, marcándonos el camino afirmando que, por encima de las mayorías, está Dios.
Los católicos deben estar informados acerca de todos los temas que nos ofrece la ciencia moderna, defendiendo los valores frente al laicismo, que entendemos más negativo que el agnosticismo, laicismo difundido por las corrientes filomasónicas y neomarxistas. Aborto, eutanasia, ideología de género, educación para la ciudadanía, ataques a la familia e implantación de un nuevo sistema pedagógico, donde la religión apenas está presente, configuran los espacios por los que hay que luchar. Es el nuevo totalitarismo que dirige las conciencias de los hombres, modificando conductas e instituciones.
El relativismo invade también la ciencia, empujando al hombre hacia investigaciones, en algunos casos, engañosas y no contrastadas. Supone un verdadero negocio la adquisición de fetos y células madres. Se trata de un cosmos donde predomina la lucha de todos contra todos, teniendo como base la fuerza y no la razón, y es que ningún individuo puede usar a otro como un medio.
Ante temas vitales como el aborto y la eutanasia, tiene que prevalecer el derecho a la objeción de conciencia, como proclamaba Benedicto XVI. El poder de destrucción del hombre mediante las nuevas tecnologías es inmenso, sobre todo cuando queda fuera la coherencia entre fe y vida. Es una descarriada modernización de la sociedad.
El cristiano tiene que vivir como llano en medio de una sociedad secularizada y oponerse a los ataques que, en aras del progreso y del avance tecnológico, atacan los principios inviolables. Cuando se esconde la fe, empezamos a dejar de ser cristianos. No es posible ser cristiano privadamente y no en la vida pública.
Soledad Porras Castro
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid