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Punto de vista
Hasta que la tele nos separe
SAl contraer matrimonio, los cónyuges se comprometen para toda la vida hasta que la muerte nos separe. Así es para los católicos, y, en muchos países, esta frase también se pronuncia en el matrimonio civil. Me refiero, por supuesto, al único matrimonio que naturalmente existe, la unión de un hombre con una mujer. Pero ahora, en España, se ha inventado el matrimonio sin compromiso alguno de permanencia. Y lo malo es que muchos católicos se comportan como si hubieran contraído matrimonio civil y practican el divorcio relámpago: un matrimonio se acuesta tan tranquilo y a la mañana siguiente, si se han cumplido tres meses desde la boda, uno de los cónyuges, sin haber advertido nada al otro, puede ir al juzgado y tramitar el divorcio, sin necesidad de alegar causa alguna. El otro cónyuge, que se acostó casado, se despierta soltero. Desde que entró en vigor este invento de la pasada legislatura, se han roto en España unas cien mil familias. Muchas de ellas, acogiéndose al divorcio relámpago que no exige separación previa, ni siquiera alegar ningún motivo. Como en Las Vegas. En el sistema anterior, al existir una separación previa, muchas parejas separadas se arrepentían, daban marcha atrás y no se divorciaban. Ahora no es posible, ya que ha desaparecido el trámite previo de la separación. Los matrimonios serán cada vez menos (porque ¿para qué?) Además, como están reconocidas las parejas de hecho... Y los divorcios crecerán. El futuro políticamente correcto serán las parejas de hecho, más o menos inestables, y los matrimonios entre homosexuales, porque es un modo de llamar la atención y de menospreciar a la auténtica familia, que eso sí es políticamente correcto. Ya es sabido que el divorcio para los católicos es papel mojado. No sirve ni legal ni moralmente para nada -salvo en cuestión de bienes y de jugar con los hijos-, y los cónyuges siguen tan casados como antes del divorcio; y si se vuelven a casar con otros, cometen adulterio. Otra cosa es la nulidad matrimonial, pero hay muchos que no la conocen o creen que es cosa de ricos.
óvenes, sobre todo en sus reuniones masivas, y de la que, en gran medida, tiene la culpa la televisión. Todo esto se presenta como lo más normal del mundo. Aumentan los divorcios, unas veces porque no aguantan las desavenencias, que podrían ser pasajeras si no hubiera tanta facilidad para la ruptura; otras, porque ella o él han conocido a otro u otra que les guste más. Esa excitación sexual que ofrece la televisión es una causa más en la destrucción de las familias, y en que disminuya el número de matrimonios. Y esa es la mentalidad con la que crecen nuestros niños, y la que asumen muchos adolescentes.
Rafael Martínez Miranda