Alfa y Omega > Nº 611 > Desde la fe
Don Feliciano Rodríguez, nuevo Delegado de Pastoral Universitaria de la diócesis de Madrid
Fe en el campus: derecho y deber
«Los sacerdotes no somos los principales agentes de pastoral universitaria». El nuevo Delegado diocesano de Madrid en esta área, el padre Feliciano Rodríguez, lanza a estudiantes y profesores este desafío. La clave está en vivir el don del Bautismo de forma madura allí donde están


El padre Feliciano Rodríguez,
en una celebración eucarística con jóvenes
La entrada en la universidad es «el momento en el que el joven se incorpora a la sociedad y tiene que elegir entre dejarse absorber por lo inmediato o hacer la opción de ser coherente». Y ahí está la Iglesia, acompañándole, si se deja. El padre Feliciano Rodríguez es, desde este curso, el Delegado diocesano de Pastoral Universitaria de la archidiócesis de Madrid. Después de más de veinte años en la Escuela de Ingenieros Industriales, coordinará a la treintena escasa de compañeros que atienden a las numerosas universidades situadas en la archidiócesis de Madrid, con unos 150.000 estudiantes.
Su labor varía mucho entre Facultades, dependiendo de los capellanes y de la «receptividad de la universidad». El paquete básico suele incluir «los sacramentos, y la atención espiritual. En casi todas hay formación catequética -cada año se confirman bastantes- y grupos de formación integral». También se organizan actividades conjuntas, como peregrinaciones o Vigilias. Hace falta mucha flexibilidad para encajar todo en el horario académico, respondiendo a las necesidades que se ven y a la variadísima casuística de los estudiantes.
La fecundidad brota de la oración
Un papel clave lo ocupan los grupos de formación. Para poder asumir su responsabilidad, el cristiano ha de estar formado «y son los mismos estudiantes los que demandan formación». Ésta, en primer lugar, ha de «superar las lagunas» que muchas veces hay en la formación sacramental, donde, «en los últimos años, hemos estado viviendo de las rentas»; y, luego, iluminar la actualidad a la luz de la doctrina de la Iglesia. Para ello -explica- «contamos con el filón del magisterio de los dos últimos Papas». Estos grupos, que para algunos son su única referencia de fe, y para otros un complemento a su parroquia o movimiento, además, «generan y facilitan la comunión» entre los miembros de distintas realidades eclesiales, para huir de francotiradores: «Se puede ser francotirador como cristiano y como carisma, y la fe no se puede vivir así».
Sin embargo, el padre Feliciano subraya que todo esto ha de ser sólo «concreción de lo fundamental. La fecundidad ha de brotar de la oración. Para revitalizar la fe tiene que haber una experiencia del don del Bautismo, con agradecimiento y entusiasmo». Es eso lo que obliga a cuidar la formación «sin que se reduzca a un mero intelectualismo», y también «a expresarla en la misión», que en la universidad se concreta en una «evangelización del mundo de la cultura». En una institución plural como la universidad, «el cristiano tiene derecho a anunciar las razones de su vida, y, como cristianos, tenemos la obligación de hacerlo».
Para todo esto, «necesitamos más agentes», explica el padre Feliciano, aunque estos agentes «no son sólo, ni principalmente, los capellanes, que no están metidos en la estructura de la universidad, sino los alumnos y los profesores. Los sacerdotes tenemos que animar, alentar, acoger y garantizar los sacramentos, para que el cristiano sea maduro allí donde está».
María Martínez López
Tiempo de oportunidades
A pesar de todas las dificultades, «vivimos un momento de gozo y de acción del Espíritu Santo, que está tocando los corazones». El padre Feliciano afirma que, en las aulas y pasillos de las universidades, «hay mucho sufrimiento y soledad. El materialismo ha hecho estragos y hay ocasiones muy favorables para que la Iglesia ayude a estas personas». Incluso detrás de los ataques directos -que se han empezado a dar estos años- puede darse «un interés por los valores que, si es sincero y está abierto al debate y al diálogo, puede ser conveniente, incluso para los cristianos», que tienen que dar respuesta. Esto ocurre menos en el caso de la indiferencia, que aunque «es más benigna y nos deja actuar, puede ser una muestra de superficialidad, lo que es un peligro para el hombre y objeto de la preocupación de la Iglesia». En sus veinte años largos de experiencia, el padre Feliciano ha visto cómo esta indiferencia y la increencia aumentaban, pero también lo ha hecho, «en una minoría, la conciencia de Iglesia y la autenticidad».
La importancia de la universidad
«La Iglesia siempre ha sentido -explica el padre Feliciano- que la juventud es el futuro de la sociedad y de la Iglesia». Esto justificaría, de por sí, la importancia de la pastoral en la universidad. Pero es que, además, ésta combina el ser un areópago moderno y el estar «muy unida a la historia de la Iglesia. Otra razón es que la universidad tiene que estar abierta a la verdad y al bien integral del hombre».
En Madrid, ha sido muy importante «la preocupación de nuestro arzobispo, el cardenal Rouco, por la evangelización de los jóvenes y por la Misión Joven. Con este bagaje, y con perspectiva de futuro, afrontamos el reto de la cuenta atrás para la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011».
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid