Alfa y Omega > Nº 612 > En portada
El mejor de entre nuestros vecinos
Mientras los mercados financieros siguen bloqueados y no cumplen su función de asignación, garantizando el flujo de liquidez hacia las empresas y las familias, las elecciones USA llegan a su meta... Sea cual sea el resultado, Dios salve a América
Broker en Wall Street. Elecciones en la crisis
Desde Carter y la llegada del integrismo islámico al poder en Irán y el subsiguiente choque petrolífero, unos bancos llamados de inversión han venido saliéndose por la tangente de la economía real. Hipotecas a colectivos de alto riesgo forzadas por unos voluntaristas programas denominados de discriminación positiva, han venido siendo vendidas, subarrendadas, peloteadas y, finalmente, empaquetadas como productos de alta gama: 2'2 millones de hipotecas fallidas en lo que va de 2008, y 1'3 y 0'75 millones en 2007 y 2006 respectivamente. Hoy los llaman hipotecas basura o activos tóxicos, cuando sus beneficiarios originales eran personas vulnerables. Entre éstas, las afroamericanas, que hoy en buena parte pierden sus casas, con la misma sorpresa que en su momento un vendedor de hipotecas se las metía por los ojos, a su vez espoleado por los altos incentivos ligados a resultados de los Lehman Brothers de turno. Y fuera de la regulación de la Reserva Federal.
Ocurre paradójicamente, o quizás por eso, cuando un afroamerican, pero graduado en Harvard, es candidato a la presidencia por primera vez. También la primera vez que una mujer le disputaba la presidencia, y que otra, republicana, puede convertirse en Vicepresidenta, o que un auténtico American hero de guerra en Vietnam, ex-prisionero, Corazón Púrpura, es candidato a la presidencia. Unas elecciones que muestran la vitalidad y exigencia de la sociedad y la democracia americana, en su intento por sacar lo mejor de sí misma. Que somete a Rayos X a sus aspirantes. Que han de dar cuenta de cada uno de sus actos a lo largo de su vida. No sólo de sus votos a las diferentes leyes en los distintos momentos de su trayectoria política. Sino de la cualificación demostrada en el ejercicio de su profesión en la sociedad y en la empresa; al margen de la limitada y tantas veces viciada vida partidaria. A dar cuenta, en fin, desde su hoja académica a lo largo de su recorrido formativo, hasta de su ejecutoria humana, personal y familiar.
Así, la semana pasada, y mientras caían las bolsas de todo el mundo, una sensación de momento histórico podíamos percibir entre quienes se acercaban por Wall Street, en Nueva York. Los cientos de turistas japoneses, europeos y de todas las partes del mundo se fotografiaban con el fondo de la gran bandera americana que cuelga en la fachada del Stock Exchange.
Pero aunque los acentos sean distintos, las distancias entre candidatos no son comparables a los de España. Paradójicamente también, pareciera que en la joven nación americana, a diferencia de lo que ocurre en la vieja nación del Euricus Hispania Rex del siglo V, hubiera un más denso humus compartido. Una mayor masa crítica común, por ambos contendientes y partidos. Donde ambos quieren seguir siendo una nación bajo Dios. Ambos cuidan de resaltar los valores morales en la sociedad, el papel unificador de la bandera, la cohesión social del patriotismo, los valores ejemplares de la Biblia, el sacrificio de su ejército, el ejemplo del servicio en sus veteranos, o el valor central de la familia. Realmente se merecen que, sea cual sea el resultado, Dios salve a América.
Javier Morillas
El héroe solitario y el hombre de las mil caras
La campaña americana asume los rasgos de un combate desigual. No es casualidad que John McCain, al aceptar su designación como candidato republicano, repitiera en su discurso la palabra lucha, pues expresa su estado de ánimo, en el que no es tan importante cómo luchar, sino empeñarse en resistir. Pero su lucha es la de un héroe solitario, al que muchos republicanos aceptaron como último recurso para distanciarse de la impopularidad de Bush. McCain ha cometido, sin embargo, el error de vender, en tiempos de crisis, el esfuerzo frente a la ilusión ofertada por Obama. Ante la palabra mágica cambio, el republicano no ha sido capaz de difundir que su rival tiene mucho de fenómeno mediático y que no será capaz de adoptar resoluciones prácticas, aunque sea un gran orador. Pero nadie quiere escuchar los presagios de que Obama aumentará el intervencionismo estatal y los impuestos, con efectos perniciosos para el empleo. A pocos ciudadanos preocupa ahora la seguridad político-militar, en la que McCain es figura acreditada, pues les interesa mucho más la seguridad económica y social.
Al electorado se le brindan dos historias diferentes: la del perfecto comandante en jefe, ejemplo de tenacidad en las cárceles norvietnamitas, y al mismo tiempo millonario; y la de un joven afroamericano, vencedor de toda clase de obstáculos familiares y personales, que llega a Harvard, y luego al Senado. La Barack Obama story se lleva todos los premios. El candidato demócrata ha dado la vuelta al conocido dicho: mil palabras valen ahora más que una imagen. Quien es capaz de escribir, como él en la revista Time, en 2005, un largo artículo sobre lo que vio en los ojos de la estatua presidencial del Lincoln Memorial, puede redactar discursos de antología. No obstante, en su campaña no ha dejado de ser el hombre de las mil caras, con el que los votantes de las más dispares tendencias pueden sentirse identificados. La posterior decepción de unos se compensará con la satisfacción de otros, con toda su inevitable provisionalidad. De ahí que un eventual Presidente Obama quizás tenga una luna de miel corta con sus electores, si arrecian al mismo tiempo las dificultades en el frente interior y en el exterior. Entonces será el momento de las decisiones, y no el de la pretensión de encarnar a Lincoln, Roosevelt, Kennedy o Luther King.
Antonio R. Rubio Plo