Alfa y Omega > Nº 612 > España
Women on waves perpetra cuatro abortos en su visita a España
Batalla en Valencia
Han sido días de manifestaciones y contramanifestaciones, de indiferencia general, de insultos a los provida y amenazas no muy veladas a la Iglesia. Al final, cuatro bebés han sido eliminados y sus madres utilizadas propagandísticamente. El barco de la muerte ya ha zarpado, y quienes sí se preocupan por la mujer siguen su labor


Unas 200 personas se manifestaron, el jueves
pasado, en el puerto de Valencia, en protesta
por la llegada del barco de Women on waves
A las mujeres y a la chica «que han abortado en el barco de Women on waves les recomiendo que vayan a un hospital cuanto antes, porque no hay seguimiento» y el aborto que se les ha practicado, con la droga RU-486, puede tener consecuencias graves -Concerned women for America ha denunciado que se han registrado, al menos, 600 casos, sólo en Estados Unidos, y cinco muertes reconocidas por la Compañía-.
Valencia fue, la semana pasada, el escenario de la batalla por la vida, que pocas veces ha sido tan visible, aunque no ha roto la indiferencia general. El resultado, aunque trágico -se ha acabado con cuatro personas y se ha utilizado a sus madres, una de ellas menor-, no ha respondido a las expectativas de los abortistas, que habían anunciado una quincena de abortos. Todo esto, a pesar de que una treintena de organizaciones, según el Centro Jurídico Tomás Moro, habían cooperado, por lo que han sido incluidas en su denuncia, que se suma a la de la plataforma Hazteoir.
Se han puesto en evidencia también numerosas contradicciones: quienes dicen tener miedo de los provida son los que reparten cajas de cerillas con el lema La única iglesia que ilumina es la que arde; quienes dicen defender la salud de las mujeres se las llevan a alta mar a practicarles abortos que se pueden perpetrar en cualquier centro abortista de España.
Y aquellos a los que se llama fascistas son, entre otros, los 200 miembros de Jóvenes Provida que, además de manifestarse tres veces estos días, atienden a mujeres embarazadas a las que otras organizaciones no llegan. Ellos, como las religiosas de la Casa Cuna Santa Isabel -que desde 1935 han ayudado a 3.600 madres y sus hijos-, seguirán con su labor ahora que el barco de la muerte ha zarpado. También continuarán trabajando los voluntarios de la Iniciativa Legislativa Popular de Red Madre, que tienen un mes más para su recogida de firmas. Todos ellos esperan que se ponga en marcha el plan Más vida, del Gobierno autonómico, que prevé asesoramiento, acogimiento en familias y reforma de la adopción.
María Martínez López
El barco de la muerte
1997: Nace Women on waves.
2001: Viaja a Irlanda.
2003: Viaja a Polonia. Se le impuso una multa de 3.000 dólares por desobedecer a las autoridades portuarias, y sus drogas abortivas fueron precintadas, a pesar de lo cual practicaron 15 abortos. La población, indignada por la intromisión, lanzó huevos y pintura roja a la embarcación.
2004: Viaja a Argentina. En Portugal, el Gobierno y un tribunal le deniegan el permiso para atracar. Una Corte holandesa les deniega el permiso para practicar abortos quirúrgicos en aguas internacionales, pero más tarde le permiten abortos químicos con la droga RU-486.
2007: Una nueva licencia le permite practicar abortos sólo donde se haya llegado a un acuerdo con algún hospital, por el peligro que entrañan. Visita a Malta, invitado por un partido votado por 5 de cada 100.000 habitantes. Es recibido con manifestaciones en contra.
Reconstruir la familia
Al cumplirse los veinticinco años de la Carta de la Santa Sede sobre los Derechos de la Familia, es bueno revisar lo ocurrido en este tiempo a la familia. El fundamento que sostiene todo el edificio familiar es la persona humana, creada a imagen de Dios en su diferencia varón y mujer y recreada por Cristo desde el Bautismo. Su diferencia sexual no es desigualdad sino riqueza para vivir la vocación al amor en el don de sí y, por medio del matrimonio-sacramento, icono de la alianza Cristo-Iglesia, dar origen a la familia por el don de la fecundidad que se concreta en los hijos o en la fecundidad espiritual. Este edificio, célula de la sociedad, está siendo sistemáticamente destruido.
Esta transformación cultural tiene por uno de sus hitos los falsos informes de Kinsey sobre la conducta sexual del hombre y de la mujer (1948 y 1953), en los que sobre datos trucados convenció al mundo científico-universitario de que la sexualidad es polimorfa. Con estos antecedentes y con otras aportaciones estalló el mayo del ’68, revolución que no consiguió el cambio político, pero sí consiguió abrirse paso en el campo de la cultura y el pensamiento. Con la revolución sexual se continuó demoliendo el edificio de la familia con los siguientes pasos: negar el carácter institucional del matrimonio, desvincular el matrimonio de la procreación, desvincular igualmente el comportamiento sexual del amor y proclamar como bandera el amor libre asentado en una libertad indiscriminada y separada de la verdad.
De esta siembra se han recogido los frutos de la segunda revolución sexual. Esta revolución, llamada ideología de género, es mucho más peligrosa porque pretende cambiar el concepto de persona, negar la diferencia sexuada y afirmar que todo cuanto se refiere a la sexualidad humana es una construcción cultural.
La verdad es que reconstruir la familia es como reconstruir Jerusalén, hay que empezar de nuevo: primero con una antropología adecuada, segundo con una Nueva Evangelización y, en tercer lugar, promoviendo la presencia pública de los católicos para afrontar una nueva cultura que custodie el bien de la persona, del matrimonio y de la familia.
+ Juan Antonio Reig Pla
Obispo de Cartagena
Presidente de la Subcomisión episcopal de Familia y Vida
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