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Habla el Papa
Fe y razón

A diez años de distancia, una mirada atenta a la encíclica Fides et ratio permite advertir con admiración su perdurable actualidad: se revela en ella la profundidad y larga visión de mi inolvidable predecesor. La encíclica, en efecto, se caracteriza por su gran apertura hacia la razón, sobre todo en una época en la que se ha teorizado sobre su debilidad. Juan Pablo II subraya en cambio la importancia de conjugar fe y razón en su relación recíproca, aunque en el respeto de la esfera de autonomía de cada una. Con este magisterio, la Iglesia se ha hecho intérprete de una exigencia emergente en el contexto cultural actual. Ha querido defender la fuerza de la razón y su capacidad de alcanzar la verdad, presentando una vez más a la fe como una forma peculiar de conocimiento, gracias a la cual puede abrirse a la verdad de la Revelación.
En la encíclica se lee que hay que tener confianza en la capacidad de la razón y no prefijarse metas demasiado modestas: «Es la fe la que provoca a la razón a salir del aislamiento y a arriesgarse por todo lo que es bello, bueno y verdadero. La fe se hace así abogado convencido y convincente de la razón. El transcurso del tiempo, por otro lado, manifiesta cuántos objetivos la razón, movida por la pasión por la verdad, ha sabido alcanzar. ¿Quién podría negar la contribución que los grandes sistemas filosóficos han hecho al desarrollo de la autoconciencia del hombre y al progreso de las diversas culturas? Éstas, por otro lado, se hacen fecundas cuando se abren a la verdad, permitiendo, a cuantos participan en ellas, alcanzar objetivos que hacen cada vez más humano el vivir social. La búsqueda de la verdad da sus frutos, sobre todo cuando está sostenida por el amor por la verdad. San Agustín escribió: Lo que se posee con la mente se tiene conociéndolo, pero ningún bien se conoce perfectamente si no se ama perfectamente.
(16-X-2008)
En el décimo aniversario de la encíclica «Fides et ratio»