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El Papa denuncia que el materialismo está en la raíz del hambre y de la pobreza
No basta con simples palabras
El Día Mundial de la Alimentación ha transcurrido bajo la mirada crítica de numerosas organizaciones, que denuncian el abismo entre pobres y ricos, y el hecho de que no se acuda a la auténtica raíz del problema del hambre en el mundo

No basta con promesas, con informes, con palabras... Es el mensaje que parece desprenderse de los numerosos actos que han tenido lugar alrededor del Día Mundial de la Alimentación, que como cada año la FAO (organismo de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) convoca el 16 de octubre, y que ha desencadenado una semana entera repleta de actividades y movilizaciones contra la pobreza y el hambre en el mundo... Aunque éste es siempre un tema de preocupante actualidad, esta vez ha estado marcado, además, por la crisis y las convulsiones de la economía mundial.
Benedicto XVI, sin embargo, en el ya tradicional mensaje que dirige anualmente al Director General de la FAO, el señor Jacques Diouf, recuerda que, pese a todo, «los medios y los recursos de los que dispone el mundo pueden procurar una alimentación suficiente para satisfacer las necesidades crecientes de todos. Entonces, ¿por qué no es posible evitar que tantas personas sufran de hambre hasta las consecuencias más extremas?» Y añade el Papa: «Los motivos son numerosos», y cita el consumismo, la falta de voluntad, la especulación desenfrenada, o la corrupción en la vida pública. En general, se trata de motivos que tienen su origen en un «falso sentido de valores sobre los que deberían basarse las relaciones internacionales», en una actitud, muy difundida, «que sólo privilegia la carrera a los bienes materiales, olvidando la verdadera naturaleza de la persona y sus aspiraciones más profundas». Y argumenta el Papa que «una campaña eficaz contra el hambre exige mucho más que un simple estudio científico para afrontar los cambios climáticos, o para destinar en primer lugar la producción agrícola a la alimentación».
Esta misma idea de que el hambre y la pobreza extrema no son una fatalidad aparece recogida por multitud de organizaciones no gubernamentales, como Cáritas o Manos Unidas. Las cifras no son homogéneas: la Alianza Española contra la Pobreza (donde se encuadra, entre otras, Manos Unidas) menciona la existencia de 834 millones de pobres en el mundo; y la Campaña apoyada por Cáritas Española: Derecho a la alimentación. Urgente denuncia que hay 923 millones de personas que pasan hambre y desnutrición en el mundo, «a pesar de que el mundo es más rico que nunca, y de que las cosechas de 2007 han batido récords».
Sobre la creciente desigualdad entre ricos y pobres ha querido insistir la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Para esta organización, las medidas que se están tomando para recuperar el sector financiero son importantes, pero lo es también «abordar la dimensión estructural de la crisis». La OIT alerta de que los más perjudicados por las desigualdades son los grupos de ingresos más bajos, ya que en los últimos años se ha aplicado un sistema de retribuciones basadas en el rendimiento para ejecutivos y directores. El resultado ha sido un excesivo repunte de los salarios de los directores de empresas. De hecho, «en 2007, el gerente ejecutivo medio de las 15 mayores empresas de Estados Unidos percibió un sueldo más de 500 veces superior al del empleado medio, cuando, en el año 2003, esta diferencia era de 300 veces». La OIT ha detectado situaciones similares en Alemania, Australia, Países Bajos, Sudáfrica y Hong Kong.
A. Llamas Palacios
Sangre olvidada de los cristianos en Iraq
El actual drama de los cristianos en Iraq no son los asesinatos de sus hijos y las amenazas que les obligan a abandonar su tierra. La auténtica tragedia está en derramar la sangre olvidados por una opinión pública adormecida y acostumbrada. En esta situación, según ha informado Ayuda a la Iglesia Necesitada, entre el 11 y el 12 de octubre más de mil familias dejaron Mosul para emprender el camino del exilio. Más de la mitad de los 700 mil católicos que tenía el país ha huido. Y el ritmo aumenta en las últimas semanas.
Los cristianos empezaron a huir de la segunda ciudad de Iraq el mes pasado, después de que los extremistas islámicos lanzaran una campaña de atentados e intimidaciones obligando a la gente a elegir entre convertirse al Islam, ser asesinados o ver su propia casa destruida. Según algunas estimaciones, las personas asesinadas serían veinte, mientras que al menos cinco casas fueron dinamitadas después de que los ocupantes fueran obligados a irse por no haber aceptado convertirse.
Otra señal del olvido de la comunidad internacional a los cristianos es el proyecto de cancelación del artículo 50 de la nueva Constitución, que reservaba 15 puestos en seis provincias a las minorías: 13 a los cristianos, uno a los Shabak y uno a los Yazidi.
Y sin embargo miles de cristianos permanecen en su tierra. Lo explicó el el cardenal Emmanuel III Delly, Patriarca de Babilonia de los Caldeos, al intervenir en el Sínodo de los Obispos: «Vivir la Palabra de Dios significa para nosotros testimoniarla incluso a costa de la propia vida, como ha sucedido y sucede hasta ahora con el sacrificio de obispos, sacerdotes y fieles. Siguen permaneciendo en Iraq, firmes en la fe y el amor a Cristo, gracias al fuego de la Palabra de Dios».
J.C.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid