Alfa y Omega > Nº 612 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
Mingote, en ABC
Pipa se lo están pasando los humoristas a pesar de la agobiante crisis económica; o, mejor dicho, gracias precisamente a ella, y no es mala receta la del humor, a la hora de tomarse las cosas, con la que está cayendo. En otra viñeta, Mingote ha pintado a Zapatero con un timón en la mano y le comenta a Pepiño: Como responsable del Gobierno, me he hecho cargo del timón. Ahora, a ver dónde lo pongo; y, en una tercera viñeta, el genial humorista pinta una pareja de españoles. Él comenta: Hay políticos maestros en ineficacia y vacuidad. Le pregunta ella: ¿A qué políticos te refieres? Y él concluye con otra pregunta: ¿Es que hay otros? Mucho más incisivo, si cabe, es Máximo, que ha dibujado dos españoles perplejos, uno de los cuales le pregunta al otro: A propósito de la Guerra Civil, ¿usted sabe si ya hemos firmado un Tratado de paz, o seguimos beligerantes? Y, también en ABC, Martínmorales, en caricatura tan atroz como tristemente expresiva de la realidad, pinta al juez Garzón, el de las fosas, con un hueso humano en la boca.
Lo cierto es que todas y cada una de estas viñetas, y otras muchas más que han sido dibujadas o podrían serlo, no son otra cosa que expresión gráfica de la desconcertante y a veces hasta increíble realidad que estamos viviendo y soportando los españoles. Si sólo fuera esto, podríamos darnos con un canto en los dientes; pero es que, además, pasan cosas todavía peores: por ejemplo, llega un barco de bandera holandesa a un puerto español para recoger a cuatro madres (es un decir) una de ellas menor de edad, y llevarlas a abortar en alta mar, acogiéndose a la indigna e indignante legislación holandesa que permite el aborto hasta pocos días antes de que pueda nacer el nuevo ser humano. Y todavía hay un filósofo, periodista y editor italiano, que responde al nombre de Paolo Flores D'Arcais, que se permite escribir un artículo -que naturalmente le publica El País, con todos los honores, en su página de opinión-, titulado A Su Eminencia el cardenal Rouco Varela, en el que pregunta: «¿Cómo un Dios del amor puede obligar a los enfermos terminales a sufrir meses de torturas?»; y critica que el cardenal alce su voz, como lo ha hecho en el Sínodo de los Obispos, contra «el tratamiento legal dado al derecho a la vida, como si el Estado pudiera disponer ilimitadamente de él». Toda la pretendida argumentación de esta lumbrera se basa en que «Dios existe para unos, pero no para otros». Pues si Dios existe para unos, existe, y si otros no lo reconocen, el problema será suyo; pero existir existe. Lo que verdaderamente se hace imposible de entender es cómo es posible que alguien, considerado por algunos intelectual, no sea capaz de entender, por ejemplo, que los embriones desechados o descartados en el caso de los intolerablemente llamados bebé medicamento -son los eufemismos que utilizan para no decir asesinados- son tan seres humanos como el hermano del bebé que puede ser curado, como el bebé mismo, como Flores D'Arcais y como yo. ¿Cómo es posible que una eminencia intelectual como ésta no pueda entender que un bebé, un ser humano, jamás puede ser un medicamento? Y también es muy difícil de entender cómo alguien que escribe en un periódico puede ser de tan cortas entendederas como el director del periódico que se lo publica.
Por pasar, pasa en esta inefable España nuestra de hoy, que hasta la Televisión Española que pagamos todos con nuestros impuestos -y de la que, por cierto, salieron hace poco 4.000 trabajadores con los sueldos íntegros asegurados hasta que se jubilen, y ya han entrado casi otros tantos, sólo que de la misma cuerda que la de los mandamases- se ufana de haber metido, en exclusiva, en el barco abortorio a un sujeto provisto de una cámara para que nos cuente los delitos cometidos en aguas internacionales. A todo esto, ¿qué dice la ministra responsable del Ministerio de Igualdad, cuyo cometido confesado, por lo menos hasta ahora, es preparar una Ley del aborto más comprensiva y moderna? Con la crisis económica que nos está dejando en los huesos, el dinero que nos cuesta ese Ministerio ¿no podría ser dedicado, por ejemplo, a que gane por lo menos igual un guardia civil que un ertzaina, o que un mozo de escuadra?
Me cuentan que hay quien se mete mucho con nosotros. Si son los que yo me imagino, es señal inequívoca de nuestro acierto.
Gonzalo de Berceo