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Punto de vista
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Estamos tan interesados en la lluvia de los cientos de miles de millones que hay que echar sobre el carcomido sistema financiero del mundo, que, desde hace más de un año, apenas nos enteramos de ninguna otra cosa que ocurra en la gran potencia mundial. Son... pequeñas cosillas que no merecen un rincón en periódicos o pantallas de televisión. Pues resulta que, en el país de las subprime y del cienmilmillonario plan de rescate, dos políticos de partidos contrarios -republicanos y demócratas, como aquí socialistas y populares- se han puesto de acuerdo y han logrado sacar adelante una ley para evitar una serie de abusos que se cometían contra las más indefensos: los seres humanos que anunciaban alguna malformación antes de nacer. Se llama nada más y nada menos que Ley de Conciencia de Diagnóstico de Condiciones Prenatales y Postnatales. Aquí quizás nos dirían que eso de la conciencia debe quedar en el interior de las sacristías. Se ha aprobado la ley porque era necesaria a la vista de la información falsa, sesgada, incompleta que se ofrecía a las madres en esta situación, para inclinarles al aborto.
La cosa tuvo un comienzo muy modesto, pero escalofriante. Un estudiante de Medicina de la Universidad de Harvard quiso conocer cómo se informaba a las embarazadas cuando había sospechas de que el niño traía malformaciones. Apenas echó a andar, intuyó el tenebroso camino que se abría ante sus ojos. Y decidió dedicar tiempo, dinero -del que afortunadamente pudo disponer- y capacidad de convencimiento a compañeros y amigos para buscar el testimonio de una amplia muestra de mujeres de varios países, cuyos hijos se anunciaban con síndrome Down. Las conclusiones fueron tan demoledoras que hicieron que los dos senadores de los partidos contrarios -Sam Brownback, republicano de Kansas, y Edgard Kennedy, demócrata de Massachussets- se unieran para dar la batalla, hasta que han conseguido una ley que obliga a informar en conciencia y atender adecuadamente a los padres en tales circunstancias
Se calcula que el 90 por ciento de los niños diagnosticados con síndrome Down, cuando aún están en el vientre de su madre, terminan abortados. Porcentaje muy similar al de diagnosticados con espina bífida, fibrosis quística, y enanismo, según informó la oficina de Brownback. Durante la campaña para conseguir la aprobación de la ley, el senador escribió: «El efecto de nuestra política actual sobre el aborto nos coloca en medio de un genocidio... Si pensamos que el niño va a tener una discapacidad, muy a menudo es asesinado en el vientre de su madre...Y hasta parece que el sistema lo alienta».
én hay políticos, leyes y actitudes que podrían ser objeto del derecho a la información del que tanto nos ufanamos y que tanto exigimos.
Venancio Luis Agudo