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Teatro: Crimen y castigo
Lo que necesitamos oír

En estos días en los que parece posible unir, sin ningún tipo de reparo, las palabras bebé y medicamento, cuando al aborto se le llama interrupción del embarazo, y se habla de derecho a morir y del derecho de la madre a abortar, ofrece mucho consuelo poder ver obras como Crimen y castigo, adaptación de la novela de Dostoyevski que se está representando en el Teatro de Cámara Chejov, en Madrid, bajo la dirección de Ángel Gutiérrez. A raíz del asesinato de una vieja usurera, el joven Rodia Raskolnikov hace un alegato del crimen como medio para establecer la justicia social, defendiendo un supuesto derecho a matar por parte de ciertos hombres extraordinarios que harían así un bien a todos. En la obra se hace una referencia explícita a las ideas socialistas que amenazaban Europa en los años en que Dostoyevski creó a sus personajes, y subyace también una concepción de la vida deudora de la tesis del superhombre de Nietzsche. Durante la representación se pueden escuchar frases del tipo: Quieren hacernos todos iguales en la esclavitud, tenernos a todos controlados; Hay una absoluta falta de individualidad, una obediencia completa; El fin justifica el crimen, la sangre es útil; Pero no puede saltar por encima de la naturaleza humana, no pueden meter todo el misterio de la vida en dos folios. Todo ello hace de esta obra un auténtico teatro de ideas, muy actual, apoyado en interpretaciones llenas de fuerza y en una representación escénica convincente.
A lo largo de la obra, asistiremos a un cambio en la vida del joven Rodia, que poco a poco se irá dando cuenta de que el mal no es algo banal, que no todo vale, que derribar los límites morales sólo lleva al sufrimiento y al dolor. Existen abundantes referencias a los evangelios: el milagro de la resurrección de Lázaro, la parábola del Hijo pródigo, el Bautismo y el agua como símbolo de la necesidad de nacer de nuevo. Escribía Dostoyevski a un crítico de su época: «Raskolnikov se ve obligado a denunciarse a sí mismo para encontrase de nuevo con los hombres, aunque sea en el presidio de Siberia: el sentido del rompimiento y la desconexión con la Humanidad que él había experimentado nada más cometer el crimen le habían torturado y llevado a la total desesperación». Un icono ruso de la Virgen preside toda la función, lo que da una idea de la convicción, presente en la obra del autor ruso, de la fe religiosa como voz discordante en una sociedad que ha desdibujado la frontera entre el bien y el mal. Muy buena obra, llena de esperanza y fe en el hombre, que dice cosas que es necesario oír.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Hasta el 23 de noviembre, en el Teatro de Cámara Chejov, de Madrid: calle San Cosme y San Damián, 3; Tel. 91 527 09 54; www.teatrochejov.com
Habla el director de cine Daniel Burman:
«El ser humano necesita vivir cerca de otros»
Daniel Burman (Buenos Aires, 1973) es el último galardonado con el Premio Robert Bresson, otorgado por el Vaticano. Se estrena en España su película El nido vacío, una reflexión sobre las relaciones familiares, que es ya la película más taquillera del año en Argentina. En el Festival de San Sebastián, El nido vacío recibió el Premio a la Mejor Fotografía y al Mejor Actor, para Oscar Martínez, por su interpretación de un hombre que, al marcharse sus hijos de casa, se encuentra ante el abismo de las ausencias. Es un hombre desconectado de la realidad que construye un mundo paralelo, pero sobre todo está marcado por el deseo de que algo complete su vida. «Su conflicto -dice el director- es el miedo a la decadencia, el miedo a que lo mejor de la vida haya pasado».
La soledad le duele al personaje...
Me alegro de que se perciba; quería que el espectador sintiera la misma necesidad de estar acompañado. El ser humano es un ser gregario, y aunque esté solo, necesita vivir cerca de otros.
El guión surgió de una reflexión suya sobre un dicho del Talmud: El amor que se da a los hijos va a los hijos de los hijos. ¿Qué piensa ahora?
Lo mismo. Hacer películas sobre la familia me ha ayudado a sacar muchas conclusiones... El personaje principal de El nido se da cuenta de que no tiene un rumbo en su vida, y de que necesita que su vida tenga una finalidad.
¿Cómo puede mostrar la religiosidad el cine?
Los personajes tienen sus búsquedas, y es ahí donde se puede plantear. La búsqueda es espiritual, pero es un imperativo del ser humano, y el cine ofrece un vehículo privilegiado para sugerirlo.
Teresa Ekobo