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Televisión
Una reunión... ¿clandestina?

El rebelde y disparatado Noam Chomsky tiene su mucho de lucidez cuando dice que, «si la información y la propaganda resultan armas de gran eficacia en manos de regímenes totalitarios, no dejan de serlo en los sistemas democráticos. Quien domina la información, controla también en gran medida a la sociedad». Parece que se ha enterado de la reunión, a puerta cerrada, del Presidente del Gobierno con los pesos pesados de la comunicación en España. Digo a puerta cerrada, pero es un eufemismo muy palurdo: ha sido una reunión con carácter secreto. De hecho, la primera reacción de los servicios informativos de Presidencia fue negar el encuentro. Está claro que nuestro Presidente quería hacer comprender a sus invitados que la dirección informativa tiene que ser única, en cuanto unidad de criterio y acción. Todos estamos al tanto del influjo de aguja hipodérmica que tienen los media en la opinión pública. El senador Barack Obama está muy cerca de batir todos los record de dinero gastado por un candidato en publicidad televisiva. Tiene cuatro veces más presencia en las emisiones que su adversario republicano, sobre todo en los Estados decisivos.
Desde los medios se convence, porque son foros de reflexión, no sólo de entretenimiento, y enseñan conductas. Un ejemplo: la periodista Aurora Mínguez dice desde Berlín que, frente a la hartura de basura de la televisión europea, hubo años, en los 80 y 90, en que «los programas dedicados a la cultura, a la literatura y al arte se emitían en horas de buena audiencia, y conseguían niveles altos de seguimiento. La gente compraba más libros, los comentaba más, los pensaba y analizaba más que ahora». El arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, Antonio Montero, ha escrito en ABC que desde los medios se puede corregir el rumbo de la Historia, como lo hicieron Ghandi o Luther King. Y, porque los debates emitidos por televisión generan juicios decisivos, dice Montero: «En este mismo año y en tres países de Europa -Francia, Italia e Inglaterra- se han registrado importantes debates parlamentarios y mediáticos, tendentes a la reducción de la plaga pro-abortista». Se entiende que, en una democracia de parto reciente, los Gobiernos sientan la tentación del control de los medios. Pero la nuestra no, que la nuestra está consolidada, señor Presidente. Repartir consignas de régimen huele a dictablanda.
Javier Alonso Sandoica
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