Alfa y Omega > Nº 612 > PequeAlfa
Texto: María Martínez López. Ilustraciones: Asun Silva
El domingo pasado, se celebró en todo el mundo el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND). Con este motivo, hemos hablado con tres misioneros para que nos cuenten su experiencia
Brasil. Joaquín Sánchez Macías, misionero comboniano

¿Cómo te hiciste misionero?
Antes, yo era una persona atea. Tenía novia. Tuve la experiencia de cómo Dios me quería, empecé a vivir de otra manera, y quería compartirlo: primero en un grupo, y luego en el seminario. Los misioneros nos decían que mucha gente no conocía a Jesús. Le dije a Dios que quería ser misionero.
¿Cómo es Brasil?
Brasil es 17 veces mayor que España. Al principio, estuve en el nordeste, la región del hambre. La gente tenía una mentalidad muy primitiva, trabajaban sólo para sobrevivir, y no tenían nada para otros gastos. Luego estuve cerca de Río de Janeiro, en una zona de chabolas muy peligrosa porque la controlaban los traficantes de droga. Hacíamos actividades por la tarde para que los niños no se juntaran con ellos.
¿Por qué es importante hablar a la gente de Jesús?
Es nuestra misión. Cuando la gente acepta a Jesús, tiene un motivo para mejorar su vida, porque Dios nos llama a ser mejores en todos los sentidos (trabajo, estudios...) Hemos fundado muchas escuelas, para que comiencen a interesarse por aprender. También grupos donde leemos el Evangelio y lo aplicamos a la vida.
Madrid. Remedios Luna, misionera laica espiritana

No es religiosa, pero sí misionera. Ha estado varias veces en Tanzania y México.
¿Cómo sigues siendo misionera en Madrid?
Soy misionera en mi trabajo con drogadictos, y además voluntaria con inmigrantes. También estoy en un grupo misionero. Estoy casada y tengo un hijo de 12 años, que a veces viene conmigo a las reuniones. Así conoce realidades que otros niños no conocen. Por ejemplo, para él Angola es el sitio donde vive un amigo misionero.
¿Qué mensaje transmites a las personas con las que trabajas?
Además de ayudarles, es importante darles esperanza, decirles que pueden salir adelante, que Dios les acompaña. Han sufrido mucho y les cuesta, pero si lo creen tienen medio camino hecho.
¿Qué podemos hacer aquí para ayudar a los países pobres?
Lo que más falta hace es que cambiemos nuestra manera de vivir. Podemos mandar mucho dinero y toneladas de medicinas. Pero mientras la situación social sea injusta, no se solucionará. Siempre que gastemos demasiado, queda menos para los demás.
Etiopía y Sudáfrica. Antonio Calvera, misionero comboniano

¿Cómo se anuncia la Buena Noticia en situaciones tan duras?
El Evangelio pasa por el respeto, la justicia y el amor. No se trata sólo de predicar, sino de comprenderlos, convivir y demostrar que merecen ser queridos. Allí no hay sacerdotes para que haya misa cada domingo, como aquí. Teníamos muchos catequistas nativos, que eran los que venían a la misión a aprender lo que luego enseñarían.
¿En Sudáfrica era igual?
Es un país más rico, pero acababa de salir del apartheid, una situación de racismo muy fuerte, y nosotros, como blancos, teníamos el deber de fomentar el respeto a su cultura, de enseñarles que íbamos a compartir y avanzar juntos.
¿Por qué es importante el DOMUND?
La Iglesia es misionera, cuando deje de ser misionera dejará de ser Iglesia. Es bueno que haya un día en el que nos acordamos más de eso, pero todos somos Iglesia y todos somos misioneros todo el año. A algunos, esto nos ha empujado a dar un paso más, y la gente debería plantearse si ellos también pueden.

¿Recordáis que hace unas semanas os pedimos cartas de apoyo a las víctimas del accidente aéreo de Barajas de este verano? El colegio Inmaculada Concepción, de San Lorenzo de El Escorial, nos ha enviado 24. Como eran tantas y tan largas, sólo podemos publicar trozos de algunas, pero intentaremos hacer llegar todas a las víctimas. ¡Muchas gracias!
«Quería deciros que mucho ánimo y que vuestras vidas no acaban aquí. Tienes aún mucho que vivir, mucho que dar, mucho que soñar. Y a los más jóvenes, suplicaros que no dejéis de estudiar, sino lo contrario; porque ellos lo habrían querido así. Muchos de los que lean esto no saben aún lo que es perder a un ser querido. Yo sí, y os estoy intentando animar como a mí me habría gustado que me animasen. El deprimirse y no salir de ese agujero es la opción más rápida. Pero por experiencia propia os digo que es lo peor que podéis hacer. Intentad por favor salir adelante. Hacedlo por aquellos que queréis» (Anónimo).
«Seguro que en estos momentos querríais un fuerte abrazo muy caluroso, pues yo os envío el más fuerte y cariñoso de todos. ¿Sabéis que escribo libros? Me gustaría escribir un libro sobre vosotros, por vuestra constancia, dureza y fuerza. Sé lo que sentís, porque mi padre murió en un accidente de coche. ¡Seguid adelante!» (Rocío).
«Después de suceder el accidente me di cuenta de que hay cosas a las que no doy importancia porque ocurren muy lejos de mí. Pero en este caso no puedo decir eso ya que sucedió demasiado cerca; y me di cuenta de que había sido muy egoísta. Ese sufrimiento queda compartido entre otra gente que como yo ha tenido la suerte de no perder a ningún ser querido» (Esperanza Muñoz).
«No hay que sentirse tristes, porque están dentro del corazón y tan sólo hay que pensar que están al lado de Dios y que Él los protegerá. También hay que dar las gracias a todas las personas que ayudaron: bomberos, médicos, etc.» (Miguel Ángel Alonso, 1º ESO).
«Os voy a contar mi secreto para aliviar mis penas. Cuando hablas con Jesús, te sientes más aliviado; yo, todas las noches, hablo con Jesús. Le cuento todo lo que me ha pasado a lo largo del día, y cuando ya he hablado con Él y me ha dicho la solución a mis problemas, le pido por favor que si me puede poner con mi abuelo Marce. Para mí es como si siguiera a mi lado. Espero que sintáis lo mismo que yo» (Marina Fuentes Jiménez).
«Comparto vuestro dolor, yo y todo el mundo. Ánimo, y por supuesto recordadlos, porque si no su recuerdo se olvidará, y eso nadie lo quiere. Y como esta carta fue escrita el 7 de octubre, rezo a la Virgen para que pida por todos vosotros, os ayude, y que acoja a todas las víctimas. También que ayude a que se recuperen los hospitalizados. Creo que se podría hacer una ermita donde pasó el accidente, para recordar a las víctimas y sus familiares» (Manuel Conde, 1º ESO).
«Seguro que los echaréis de menos, pero seguro que ellos no querrían que vosotros estuviérais tristes y encerrados en vuestras casas pensando por qué os tocó a vosotros» (Carlos Lasso).
Poema acróstico:
Ahora no están con nosotros.
Nunca los olvidaréis, porque eran una parte
Imprescindible de vuestra familia.
Muchos se han ido,
Otros están vivos. Sed
Felices,
A pesar de esto.
Mirarán y cuidará de vosotros,
Incluso os reuniréis un día en
Lo mejor, el Cielo, algo
Indescifrable, increíble, insólito, serán vuestros
Ángeles, velarán por todos los que conocieron.
Reconocerán vuestros corazones y
Estarán con vosotros.
Siempre adelante, siempre adelante.
(Alberto Aparicio Manzano)


Estos días pasados, se ha hablado mucho en España de un barco que ha llegado a Valencia. Lo llaman el barco de la muerte, porque ha venido a practicar abortos, es decir, a matar a bebés que todavía están dentro de sus madres. Han montado a estas mujeres en el barco, y se las han llevado lo suficientemente lejos de la costa como para estar en aguas internacionales, donde no hay que cumplir la ley española. Si habéis visto películas de piratas, sabréis que lo de irse a alta mar a cometer crímenes no es nada nuevo.
Además, estas muertes son todavía más tristes porque han sido un mero truco publicitario, pues en España ya mueren muchos miles de niños al año por el aborto.