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Esto ha dicho el Concilio

Las Iglesias de Oriente, desde los primeros tiempos, seguían sus disciplinas propias, sancionadas por los Santos Padres y por los Concilios, incluso ecuménicos. Ahora bien, como una cierta variedad de ritos y costumbres no se opone a la unidad de la Iglesia, es más, aumenta su esplendor y contribuye no poco al cumplimiento de su misión, el sagrado Sínodo, para disipar toda duda, declara que las Iglesias de Oriente, recordando la necesaria unidad de la Iglesia entera, tienen la facultad de regirse según sus propias disciplinas, puesto que éstas se adaptan mejor a la idiosincrasia de sus fieles y son más adecuadas para promover el bien de sus almas.
Acerca de la diversa formulación teológica de las doctrinas, en Oriente y Occidente se han seguido diversos pasos y métodos en la investigación de la verdad revelada para conocer y confesar lo divino. No hay que admirarse de que, con frecuencia, las varias fórmulas teológicas , más que oponerse, se complementan entre sí. En lo que toca a las auténticas tradiciones teológicas de los orientales, hay que reconocer que están arraigadas de modo manifiesto en las Sagradas Escrituras, se fomentan y vigorizan con la vida litúrgica, se nutren de la viva tradición apostólica, de los escritos de los Padres orientales y de los autores espirituales, tienden hacia una recta ordenación de la vida; más aún, hacia una contemplación plena de la verdad cristiana. Este santo Sínodo, dando gracias a Dios porque muchos orientales, hijos de la Iglesia católica, que conservan ese patrimonio y ansían vivirlo más pura y plenamente, viven ya en comunión perfecta con los hermanos que practican la tradición occidental, declara que todo este patrimonio espiritual y litúrgico, disciplinar y teológico, pertenece a la plena catolicidad y apostolicidad de la Iglesia.
Decreto Unitatis redintegratio, 16-17
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