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Benedicto XVI, sobre los trasplantes de órganos
Un don, pero con condiciones
«Un acto de amor, a condición de que se respeten principios éticos fundamentales»: así defiende Benedicto XVI la práctica de los trasplantes de órganos, un asunto que hoy día plantea algunos interrogantes éticos y crea divisiones en bioética, también en España, líder mundial en trasplantes de órganos

En estos momentos, la comunidad científica debate una cuestión decisiva: ¿cuándo se declara con plena certeza la muerte de una persona, para que puedan extraerse sus órganos vitales? Es lógico que cuanto más vivo esté el órgano, más fácil será su trasplante, pero también está claro que no se puede provocar la muerte de un paciente con este objetivo. El segundo interrogante ético que plantean los transplantes es el de su comercialización: no se trata sólo del tráfico negro, que se aprovecha de personas (víctimas) en países en vías de desarrollo, sino también de la existencia de empresas biomédicas (en algunos casos con acciones que, en los últimos años, han causado apetito en las Bolsas) que comercializan tejidos y órganos humanos. Junto a todo ello, el drama de miles de personas que se encuentran en listas de espera, dependiendo totalmente de la posibilidad de encontrar a un donante.
Por todo ello, era muy esperado el discurso que el Papa dirigió, el pasado día 7 de noviembre, al Congreso convocado por la Academia Pontificia para la Vida, en colaboración con la Federación Internacional de las Asociaciones Médicas Católicas y el Centro Nacional Italiano de Trasplantes, con el título Un don para la vida. Consideraciones sobre la donación de órganos.
En su intervención, Benedicto XVI afirmó que, cuando era arzobispo de Munich, se inscribió a una asociación de donantes de órganos y siempre lleva consigo la tarjeta que declara la disponibilidad. El Papa despejó dudas subrayando la grandeza moral que puede tener este gesto. Según el Papa, «el acto de amor, que se expresa con la donación de los propios órganos vitales, es un testimonio genuino de caridad que sabe ver más allá de la muerte para que siempre venza la vida».
Algunos criterios básicos
Ahora bien, para que el gesto de la donación de órganos tenga este valor, hay que respetar ciertos criterios éticos fundamentales. Ante todo, como explicó el obispo de Roma, cuando se trata de órganos vitales extraídos de una persona fallecida, es absolutamente necesario constatar con certeza la muerte del paciente. El Papa afirmó que «no se puede dar la mínima sospecha de arbitrio y, cuando no se haya alcanzado todavía la certeza, debe prevalecer el principio de precaución».
En segundo lugar, el Papa aseguró que «el cuerpo nunca podrá ser considerado como un mero objeto; de lo contrario, se impondría la lógica del mercado. Los abusos en los trasplantes y su tráfico, que con frecuencia afectan a personas inocentes, como los niños, tienen que encontrar el rechazo unido de la comunidad científica y médica por ser prácticas inaceptables. Por tanto, deben ser condenadas con decisión como abominables. El mismo principio ético debe ser subrayado cuando se quiere llegar a la creación y destrucción de embriones humanos destinados a objetivos terapéuticos. La misma idea de considerar el embrión como material terapéutico contradice los fundamentos culturales, civiles y éticos sobre los que se basa la dignidad de la persona».
Jesús Colina. Roma