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El Chesterton en lengua española, según Prada
Título: Cómo sobrevivir intelectualmente al siglo XXI
Autor: Leonardo Castellani. Edición de Juan Manuel de Prada
Editorial: LibrosLibres

Portada del libro
Quien conozca la devoción de Juan Manuel de Prada por Chesterton entenderá que debe hablar muy en serio cuando se atreve a comparar con él a Leonardo Castellani, a quien describe como «el escritor que, sin hipérbole, podemos considerar el más original exponente de la literatura católica en español del siglo XX». De Prada ha reunido, para LibrosLibres, una antología de artículos que, si Dios quiere, serán sólo un aperitivo de todo lo que habrá de editarse en España del argentino Leonardo Castellani (1899-1981). Castellani -escribe en el prólogo Prada- es «un campeón de la ortodoxia, única forma posible de heterodoxia que nuestra época repudia». Ese amor a Jesucristo que no acepta visiones sesgadas le costó no pocos problemas, también en la Iglesia y en la Compañía de Jesús. Esa ortodoxia sabe ver que nada hay ajeno a Cristo, pero también que ninguna causa humana puede pretender apropiarse del Señor, cuya Grandeza -misteriosamente- se empeñan en ocultar los propios católicos. «¿Dónde está escrito en la Natura que Dios sea solamente bueno? -escribe Castellani-. Si la tierra fuese de mazapán, las montañas de alfeñique y el mar de jarabe y leche, pase. Pero lo que se transparenta en la naturaleza es más bien un inmenso Gozo, sereno y ferviante al mismo tiempo».
La fina ironía y el desenfado de Castellani, gozosamente impolíticamente incorrecto, son propios de quien se sabe totalmente seguro y libre tras los indestructibles muros de la única ortodoxia que no es ideología ni herejía. Y se atreve a bromear en serio, por ejemplo: «¡Y sería tan lindo destruir algo! Por ejemplo, universidades. Sobran universidades en nuestro país. Destruir una por lo menos, ¡cómo sería de tonificante! Todas las últimas creadas son hijas de mala madre, es decir, de la politiquería. No fueron erigidas por amor de Dios; ni siquiera de la Ciencia. Mucho más fácil que sanarlas in radice sería despenarlas».
Hay oportunísimas citas sobre los más diversos temas, que convierten esta selección de artículos en una valiosa brújula para orientarse en el confuso ambiente cultural de hoy. De uno de los artículos de Castellani pudo echar mano Juan Manuel de Prada en el Congreso Católicos y vida pública, dedicado a Cristo, la esperanza fiable, para denunciar La desesperación pagana, peligrosamente suicida: «Cuando un hombre acaba su vida por mano propia, es porque no encuentra más motivo para el esfuerzo de vivir. No son situaciones de padecimiento intolerable las que dan los suicidios... Ningún padecimiento hay intolerable cuando el paciente cree firme que un día acabará el sufrir... La cualidad de infinito comunicada al dolor proviene de una disposición de ánimo llamada desesperación, que es un pecado gravísimo contra la segunda de las virtudes teologales... Hilaire Belloc ha dado en el blanco cuando ha apuntado como causa profunda del ocaso y caída del Imperio Romano esa nota psicológica de la desesperación, que empezando por dominar los espíritus más videntes o más sensitivos, acaba por teñir a través de la literatura y las costumbres a toda una masa humana, haciéndola no sólo impotente al esfuerzo vital, mas aún, poseída de una sorda sed de destrucción».
No oculta Castellani, a la hora de polemizar, su predilección por los autores abiertamente anticristianos, frente aquellos que lanzan la piedra y esconden la mano. Los más importantes, los que han configurado nuestro ambiente cultural, son analizados con gran perspicacia; y sus teorías, expuestas y rebatidas con asombrosa claridad pedagógica. De Nietzsche, por ejemplo, explica que «acumula con saña las más crueles acusaciones contra el cristianismo y sus efectos en el mundo. Pero delante de la figura de Cristo se detiene desconcertado. No puede despreciarlo y no se atreve a juzgarlo; aventura dos o tres hipótesis; y al final concluye que de Él no sabemos nada. Nietzche, en el fondo, aspiraba con toda su alma a lo sobrenatural; pero quería el imposible de que lo sobrenatural fuese natural; no tuvo paciencia para aceptar la naturaleza caída como ella es».
R. B.
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