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No tan lejos de Belén
Decís que no creéis en la caridad, sino sólo en la justicia social. ¡Y aceptáis salarios de miseria por ayudar a personas que la gente normalmente esquiva! ¡Y os da igual la hora, si os llaman de Comisaría porque un chaval de vuestro proyecto de inmigrantes se ha metido en líos! ¡Y recorréis la ciudad de una punta a otra para consolar a una yonqui a la que su novio ha vuelto a dar una paliza! ¡Y lloráis cuando un indigente muere de frío, y os indignáis por el silencio de la prensa, y por la insensibilidad de la sociedad, y la de vuestros jefes, y por la cicatería de la Administración con estas personas que no votan...!
Habéis sido educados en el cristianismo, pero muchos os esforzáis por ocultarlo. La Iglesia os parece una realidad lejana y siniestra. En esto sí dais crédito a los periódicos y a las organizaciones que dicen representaros, aunque les recrimináis que sólo hablan y nunca hacen nada. Sin embargo, apreciáis a la Iglesia que conocéis: a los sacerdotes, religiosos y voluntarios a los que veis dar su vida por esas personas a las que también vosotros queréis (he dicho bien: queréis. ¿Sabéis que caridad significa justamente eso?)
Nos criticáis a los que parece que salimos cada mañana a la calle con orejeras, incapaces de ver injusticias que claman al cielo. Y si nos decimos cristianos, nos llamáis hipócritas... Tenéis razón. Pero por favor: no os volváis vosotros cínicos y descreídos. Un día veréis que todos esos cuentos del Che Guevara son mentira; acabaréis frustrados porque pasarán los años, y el mundo no será el paraíso soñado. Y aun así, lo que hacéis hoy tiene sentido, aunque quizá no el que pensáis... ¡Es un sentido mucho mayor! Abarca mucho más de lo que llamáis intervención social: llena todos los ámbitos de la vida del hombre, hoy y siempre, en toda circunstancia. ¡Gracias por vuestro testimonio de caridad! Y Feliz Navidad.
Ricardo Benjumea
