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Solemnidad de la Natividad del Señor
¿Quién tiene miedo a un recién nacido?

Me impactó el encuentro con un grupo de jóvenes que trataba, en su centro terapéutico, de salir del imperio de la droga. Uno de ellos comentó: «Gracias a todos los amigos visibles, que me han ayudado a salir de esta situación, y gracias sobre todo al Amigo Invisible que ha sido clave en toda mi historia». ¿A quién se refería? ¿Quién era ese Amigo Invisible siempre presente en su vida y que, sin embargo, no se ve, aunque se siente su presencia?
Me acordé de la Noche de Navidad. Recordé lo que dice el Prefacio de la Nochebuena: A través de lo visible, hemos llegado al Amor de lo Invisible. Éste es el Misterio luminoso de la Navidad. El Amigo Invisible se hace visible, para poder decir lo del evangelista Juan: Lo que hemos visto y oído. Jesús se hace bebé para que no tengamos miedo a Dios ¿Quién tiene miedo a un recién nacido? ¿Cómo no enternecerse ante un Niño que reclama ternura? Es hermoso descubrir la cercanía de Dios, que es y será siempre el Amigo Invisible.
Ese juego  del amigo invisible que han realizado en muchos campamentos, en una convivencia, en una fiesta familiar, es realidad en Jesús, el Amigo Invisible. Me lo recordaba aquel muchacho que me decía que, para él, había sido imprescindible, para salir de la droga y encontrar el verdadero camino de vuelta al Hogar. Como decía san Juan de la Cruz: «La mayor presencia de Dios es su Aparente ausencia».
Él vendrá en la noche para iluminar todas nuestras oscuridades. Él no está lejos nunca. Sólo hay que acogerlo, y en Él a todos los que, destruidos de la vida, no han descubierto al Amigo Invisible, que se hace visible en la Noche de la Navidad. El gozo de conocer a Jesús es saber que la Navidad es el adiós a todas nuestras soledades, pues hemos conocido el Amor.
Sólo el Amigo Invisible, llamado Jesús, nos recuerda el gozo y la alegría de ser cristiano, como una manera de decir adiós a la soledad, porque Él nos acompaña en todos los caminos de la vida.
+ Francisco Cerro Chaves
obispo de Coria-Cáceres
Evangelio
En aquellos días, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino Gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con su esposa, María, que estaba encinta. Y mientras estaban allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño. Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor los envolvió de claridad y se llenaron de gran temor. El ángel les dijo: «No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama».
Lucas 2, 1-14
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