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Punto de vista
Termina el año
Termina el año, y, como viene siendo habitual por estas fechas, el Ministerio de Sanidad acaba de publicar las cifras de abortos del año 2007. Como era de temer, han aumentado, y ya superamos el millón de niños muertos por causa del aborto.
Lejos de proponer medidas concretas para acabar con esta lacra, el Gobierno ha lanzado una campaña a favor del uso del preservativo que trata a los jóvenes como ganado, enviándoles dos mensajes falsos: que el sexo es un producto de consumo, un rollo con el que flotar, y que el preservativo les va a librar de contagiarse de algunas enfermedades, y de quedarse embarazadas. Las cifras demuestran que estas campañas provocan el efecto contrario al deseado.
Además, el Gobierno quiere una ley para que las mujeres puedan abortar con más facilidad, argumentando que, precisamente porque cada vez hay más abortos, hace falta una ley más permisiva. ¿Se entendería algo así para el maltrato a las mujeres?
El Gobierno creó una Subcomisión para debatir sobre este tema, pero ha cerrado las puertas a los medios, y ha corrido todo lo que ha podido para acabar antes de que lo haga el 2008. Durante dos meses han desfilado por ella los más interesados en que el aborto siga aumentando, los colegas de los que hace un año estaban entrando en la cárcel, los que se lucran a costa del sufrimiento de la mujer y de la muerte de sus hijos. Han comparecido, en más de una ocasión y de dos, pidiendo que se ampliara una ley, de por sí muy permisiva, para así enriquecerse aún más.
Desde la plataforma Derecho a vivir hemos intentado que la sociedad participe en este debate, se conciencie y conozca en profundidad la realidad del aborto. Nos hemos reunido en varias ocasiones a las puertas del Congreso, donde a veces hemos sido tratados como delincuentes. En mi caso, incluso han empleado la fuerza para evitar que repartiéramos globos a los diputados. Sin embargo, por esas mismas calles se ha desfilado ofendiendo y atacando gravemente a la Iglesia, sin que se haya hecho nada. Ésta es la realidad. Pero tenemos que estar ahí. No podemos quedarnos callados. La maternidad es un bien que hay que proteger, y no podemos enorgullecernos de pertenecer a una sociedad que empuja a la mujer embarazada, con problemas, a deshacerse de su hijo, alguien por el cual, una vez en este mundo, daríamos la vida. No hay ninguna mujer que se haya arrepentido de haber tenido a su hijo, y sí muchas que lloran y sufren en silencio por haberlos abortado.
Una sociedad que acepta y promueve el aborto ha empezado a suicidarse. Como mujer, como médico y como madre, no concibo un mundo en el que los más débiles e inocentes, los niños que están por nacer, son vistos como problemas a eliminar. Creo que hemos de darles voz, y luchar por algo que nadie les puede negar, el derecho a vivir.
Gádor Joya