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Fiesta del Bautismo del Señor
Venid y lo veréis


Adoración de los Magos, de El Bosco.
Museo del Prado, Madrid
Siempre el amor de Dios nos sorprende. Es el Único amor que nunca está en crisis. Se sigue ofreciendo constantemente. Como decía el Beato Spínola, al igual que las fuentes públicas, siempre con el agua dispuesta para quienes se acercan a beber.
Quizás, en un mundo como el que nos ha tocado vivir, donde existe una inflación de palabras y el testimonio de vida es un bien escaso, debemos plantearnos que lo que nos dice Jesús es lo único que hace creíble nuestras vidas, el testimonio personal. Venid y lo veréis. Porque fueron con Él y se quedaron.
Hoy, nos hacen falta comunidades acogedoras, abiertas y, a la vez, que se les note que se lo creen. Cristianos sin complejos que digan: Venid y lo veréis.
Ante tanta palabrería, ante tanta incoherencia entre lo que se dice y lo que se vive, Jesús nos da la solución: Venid y lo veréis. Es verdad que siempre existe un gran abismo entre lo que vivimos y lo que nos gustaría vivir. Es verdad que somos frágiles y pecadores. Pero también es verdad que, como decía un autor moderno, si los cristianos no ardéis, el mundo morirá de frío, el mundo perderá la luz que viene de Cristo. Tendríamos que plantearnos por qué las gentes no vienen a nuestras comunidades, por qué a veces no están a gusto en nuestros grupos, por qué no buscan lo que tanto necesitan y que el Señor ha dado a su Iglesia. Es cierto que, a veces, Cristo, que es el gran tesoro de la Iglesia, está envuelto en un papel de pésima calidad. Pero también es cierto que, por eso, no deja de ser el tesoro que llevamos dentro, el gran don y regalo que hemos recibido y que tenemos que comunicar. Venid y lo veréis, y descubriréis que, ser cristiano, sigue siendo la aventura más apasionante. Que perderse a Cristo es perderse lo mejor de la vida. Que nosotros hemos conocido el Amor y, por eso, os decimos desde nuestra pobreza y nuestras limitaciones: Venid y los veréis.
+ Francisco Cerro Chaves
obispo de Coria-Cáceres
Evangelio
En aquel tiempo proclamaba Juan:
«Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».
Por entonces llegó Jesús, desde Nazaret de Galilea, a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia Él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
«Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».
Marcos 1, 7-11
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