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Don Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882) fue, además de periodista y escritor, un madrileño pudiera decirse que profesional; no sólo porque su obra está dedicada en buena parte a Madrid, sino también por su personal trabajo y aportación a la Villa y Corte, como concejal que fue de su Ayuntamiento. La editorial Crítica acaba de editar estas Memorias de un setentón, natural y vecino de Madrid, que no sólo rescatan el cuadro impresionista de una España desgarrada por la Guerra de la Independencia de 1808, la vuelta a las cadenas con el absolutismo en 1814 y la Revolución liberal de 1820, sino que aciertan a sumergirle en el ambiente popular castizo y en la vida galante de un Madrid con la revolución literaria que significó la eclosión del romanticismo. En el curioso lenguaje de época, tan sabroso por otra parte, literariamente hablando, Mesonero Romanos cuenta en estas Memorias los paseos y los teatros, los bailes de máscaras, los aguadores, los carnavales y los toques de oración, el rezo diario del Rosario en familia y el paso del Viático por las calles del viejo Madrid, el guisado de vaca y huevo pasado por agua y las intrigas cortesanas, los cubiletes electorales, el amargo pan de la emigración y el dulcísimo turrón del presupuesto...

Joseph Pearce es un acreditado biógrafo, como ha demostrado en sus biografías de Tolkien, Solzhenitsyn, Chesterton, Oscar Wilde, o Hilaire Belloc. Profesor en Oxford, tras una juventud extremadamente anticatólica -fue activo opositor a la visita de Juan Pablo II a Inglaterra-, se acercó gradualmente a la fe católica gracias, sobre todo, a lo que aprendió cuando escribió la biografía de Chesterton. La editorial Palabra publica ahora esta excelente nueva biografía suya sobre Shakespeare, después de haber publicado también su libro Escritores conversos. Pearce demuestra en este libro que William Shakespeare (1564-1616) fue católico. Partidarios del ateísmo y del relativismo, feministas radicales y algunos homosexuales han querido presentar a Shakespeare como uno de los suyos, pero Pearce, con rigor y perspicacia, ha llevado a cabo una investigación diáfana, sin miedo a la controversia. Ahora ofrece las pruebas de que Shakespeare fue un católico que logró sobrevivir en una época de durísima persecución a los papistas en Inglaterra. Supo hablar y escribir, y también callar -como había que hacer entonces para sobrevivir-, pero sin renunciar a ser quien era. Su convicción de que la razón sirve para hacer que resplandezca la verdad allí donde aparece escondida, lo llevó a no pertenecer a una época, sino a todas.
M.A.V.