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Punto de vista
Ante la recesión
¿Qué prepara mejor para la recesión que se avecina: la Educación para la ciudadanía, o la doctrina social de la Iglesia? ¿Quién puede y, sobre todo, cómo preparar adecuadamente a la sociedad occidental para afrontar la nueva situación?
A nivel macroeconómico, el sistema financiero instaurado en Breton Woods para el llamado mundo occidental y en los Tratados de la Unión Europea con la creación del euro, va a ser, sin duda, objeto de reconsideración. También comprobamos día a día que el liberal-capitalismo hace aguas y que, paralelamente, un inesperado intervencionismo estatal empieza a causar estragos en las economías del primer mundo.
Los creyentes, en cuanto tales, no poseemos recetas milagrosas para salir de la encrucijada, pero tenemos claro que todos los bienes de la Tierra han sido creados al servicio de todos los hombres; conocemos por experiencia que la acumulación de riqueza en manos de unos pocos (ya sean los Estados, ya sean los ciudadanos) es una injusticia que está en el origen de no pocos conflictos nacionales e internacionales. Pablo VI, Juan XXIII, Juan Pablo II y Benedicto XVI se han adelantado al fenómeno de la globalización mundial, y, por tanto, sus encíclicas merecen ser tenidas en consideración a la hora de buscar soluciones. En cambio, que se sepa, nadie ha invocado principios y doctrinas incluidas en la EpC para solucionar la crisis. Más llamativo es lo que ocurre a nivel individual, pues la recesión que nos espera requiere un cambio profundo de mentalidad ante los bienes y el poder.
Desde que España ingresó en la sociedad del bienestar, el virus del consumismo nos ha afectado a todos, de derechas o de izquierdas, creyentes o agnósticos. Es urgente un general examen de conciencia para caer en la cuenta de que la fiebre del ladrillo ha sido sólo el síntoma visible de un mal demasiado extendido consistente en el desaforado afán de consumir por consumir, que nos ha llevado a intervenir en la carrera por la segunda (o tercera) residencia, a elegir siempre las primeras marcas de los productos en el mercado, la oferta del viaje más exótico o el último modelo del vehículo que, en realidad, no teníamos necesidad de reponer. Austeridad, función social de la propiedad de los bienes, empleo solidario del sobrante, servicio al bien común: son algunas de las asignaturas pendientes que los ciudadanos españoles -y los creyentes en primer término- debemos prepararnos a superar. No parece, hasta ahora, que nadie invoque la doctrina contenida en la EpC. En cambio, la doctrina social de la Iglesia y el propio Evangelio nos darán pistas iluminadoras. Cáritas y otras organizaciones católicas han empezado ya a ayudar a los necesitados cuando les falta la ayuda pública. ¿Quién pretendió confinar a los creyentes a las sacristías?
Gabriel García Cantero