Alfa y Omega > Nº 623 > Desde la fe
Proyecto Raquel
Una puerta abierta al perdón
Los miembros del Centro de Orientación Familiar, de la diócesis de Palencia, trabajan aplicando el Proyecto Raquel para abrir a las mujeres que han abortado un camino hacia la reconciliación con Dios. El Proyecto Raquel es una iniciativa que quiere demostrar a las mujeres que se han arrepentido de un aborto, que no deben sentirse ajenas a la Iglesia

En 1984 nació en Estados Unidos el Proyecto Raquel, y lo hizo de la mano de Vicki Thorn, directora de la Oficina Nacional de Reconciliación de Milwaukee. Thorn decidió crear esta iniciativa, a raíz del dramático testimonio de una amiga que debió luchar contra la culpa, la drogadicción y varios intentos de suicidio, después de someterse a un aborto. Actualmente, el Proyecto Raquel está presente en más de 140 diócesis a lo largo de Estados Unidos y ha motivado la creación de programas similares en otros países. Uno de esos países es España, donde, en Palencia, el Centro de Orientación Familiar de su diócesis ha sido el pionero en seguir esta iniciativa que permite a mujeres que sufren por haberse sometido a un aborto, reconciliarse con esta situación y superar el dolor de saber que causaron la muerte de un hijo. Fue precisamente el obispo de Palencia, monseñor José Ignacio Munilla, quien tras explicar en Radio María el tema del aborto y escuchar los testimonios y preguntas de varias mujeres que habían pasado por esa dramática situación, decidió que había que buscar una solución para reconciliar a esas madres de niños no nacidos con la Iglesia y consigo mismas. Monseñor Munilla investigó por distintas vías hasta que encontró en Internet información sobre el Proyecto Raquel.
Hacia el perdón y la reconciliación
La directora del Centro de Orientación Familiar de la diócesis de Palencia, doña Teresa Martín, explica cómo, «tras encontrar diferentes colaboradores, monseñor Munilla nos encomendó al COF diocesano, que lleva funcionando desde hace un año y que fue inaugurado oficialmente el 28 de noviembre de 2008 por don José Ignacio, que formáramos el equipo, junto conmigo, que soy médico y seglar consagrada, dos sacerdotes, uno de ellos también psicólogo, y un psiquiatra». Cuando Teresa y sus compañeros atienden a mujeres que han abortado, sienten cómo ellas reciben su apoyo y su comprensión con un agradecimiento inmenso, ya que -subraya doña Teresa- «la paz que sienten, la nueva dignidad que experimentan, les lleva a querer hacer algo, como ayudar a otras mujeres para que no aborten y abran su corazón a un amor nuevo, a la hora de cambiar absolutamente su vida familiar, siendo testigos muy especiales de la misericordia de Dios, que es todopoderosa. Tal vez puedo decir -continúa- que en nuestro COP diocesano, y en colaboración con otros COF de España, y de todos los que ya están trabajando con estas mujeres, podemos ofrecer este servicio de apoyo y escucha de forma integral, ya que muchas veces serán los mismos sacerdotes los que inviten a las mujeres a venir si ven que necesitan una ayuda profesional. Y para los profesionales que trabajamos en estos equipos, cuando la mujer, tras expresar su dolor, pueda reconocer el origen de su sufrimiento, podremos invitarla a que acuda a un sacerdote que la entienda, la acoja y le dé la oportunidad de experimentar la gracia de la misericordia de Dios a través de la Confesión y la Comunión eucarística».
Una nueva oportunidad
Cada vez que una mujer aborta, sea por la razón que sea, pierde una parte de sí misma. El aborto es una experiencia traumática, que tiene consecuencias posteriores y que, actualmente, está ya categorizada como síndrome postaborto. Dice doña Teresa Martín que «la Iglesia católica no sólo quiere proteger la vida de los no nacidos, también quiere ofrecer el perdón y la sanación a todas las personas que arrastran el sufrimiento de haber abortado». Quienes forman parte de este proyecto creen firmemente que el aborto es también un suicidio moral para las mujeres que, después de tomar esta decisión, arrastran un dolor autodestructivo que necesitan sanar. Por eso quieren transmitir a estas mujeres que hay esperanza después del aborto. Para ello, explica, «esas mujeres necesitan una persona, bien formada, que pueda escuchar, sin juzgar, su historia, con toda su rabia y dolor; necesitan perdonar a todos los responsables y a los que participaron en su aborto. Es un acto de voluntad, hecho con la gracia de Dios, que le permitirá en un momento concreto poder perdonarse. Necesitan cambiar su relación con su hijo o hijos abortados: dolerse por su pérdida, y establecer una nueva relación espiritual con él, a la luz de la Comunión de los Santos». Quienes trabajan con el Proyecto Raquel en Palencia son conscientes de que las actuales reformas que planean sobre la ley del aborto implicarán, así lo expresa Teresa Martín, «que siga creciendo el número de niños que mueren, con lo que sus madres y sus familias en general quedarán marcadas; pero, parafraseando a san Pablo, si abunda el pecado, sobreabundará la gracia y estas mismas mujeres, gracias a sus hijos desde el cielo, y a todos aquellos que colaboren en este proyecto, u otros semejantes, serán las testigos de la nueva evangelización y constructoras de la cultura de la vida».
V. Gutiérrez