Alfa y Omega > Nº 623 > Desde la fe
La Misa de las Familias, en los medios de comunicación:
«La clave de interpretación sigue siendo política»
María José Pou es periodista y maestra de periodistas en la Universidad Cardenal Herrera CEU, de Valencia. Su labor investigadora está centrada en la presencia de la dimensión religiosa en el espacio público, lo que le ha llevado a escribir libros como Los obispos en la vida católica española, o Los católicos en la opinión pública. El ejemplo italiano. Hemos hablado con ella para abordar cómo han reflejado los medios de comunicación la Misa de las Familias, celebrada recientemente en Madrid

¿Cómo ha reflejado la prensa el día después de la Misa de las Familias? ¿Ha notado algún cambio con respecto al año pasado?
Paradójicamente, el relato de los hechos es distinto pero igual. No hay contradicción porque la base es la misma: la clave de interpretación sigue siendo política. El año pasado, los medios encontraron fácilmente la presencia del interés político en el encuentro (en los discursos, en la proximidad de la cita electoral, etc.), y este año no ha sido tan fácil. En 2007 la noticia fue el encuentro-mitin, y en 2008 que la misa no fue un mitin. Este año, el relato está lleno de expresiones que describen esa diferencia: se habla de tono rebajado, menos beligerancia, atemperamiento, o de decepción ante la falta de consignas antigubernamentales.
¿Por qué una celebración pública de este tipo resulta polémica en una sociedad con más de 30 años de democracia?
No es la celebración en sí, sino la demostración pública de discrepancia por parte de la Iglesia. La polémica surge cuando hay un conflicto. Ahí radica el problema. En España la diferencia de criterio no se contempla como un enriquecimiento del debate, sino como un problema; problema que se multiplica cuando la voz es de la Iglesia católica.
Lo malo de esta situación es que el debate social es necesario, pero en España nos cuesta debatir sin enfadarnos, y la falta de uniformidad se contempla como algo negativo, cuando en realidad el contraste de puntos de vista es imprescindible. A eso se une otro factor, que es la simplificación, esto es, la tendencia a quedarnos con un a favor o en contra sin fijarnos en los argumentos, sólo en quién lo dice. Eso hace que el debate se reduzca a un enfrentamiento, no a una búsqueda de acuerdo.
A veces parece que, si no existiera la Iglesia, algún periódico lo tendría difícil para sacar una portada, y muchos periodistas no tendrían de qué hablar.
La verdad es que la Iglesia da mucho juego... Fuera de bromas, los medios construyen héroes y villanos, y en España el imaginario colectivo está plagado de malvados procedentes del anticlericalismo del siglo pasado. El rico terrateniente, el cura inquisidor o el rey ocioso forman parte de ese universo de malos oficiales. Lo preocupante es que personas con una formación sólida todavía crean en el Sacamantecas.
¿Cree que la orientación de los medios responde bien a la configuración ideológica de la sociedad española?
No creo que los medios de ningún país respondan a la configuración de la sociedad, sino de las élites ideológicas. En ese sentido, sí, creo que responden bien. Lo cual no me alegra, precisamente. Eso demuestra que el problema es previo: no es tanto de los medios como de los intelectuales.

¿Va la Iglesia al paso de los tiempos, en relación con los medios de comunicación?
Va a su ritmo, que siempre es exquisitamente prudente. Le falta definir mejor su estrategia mediática. Por ejemplo, el tono. Por parte de la Iglesia española hay, en mi opinión, una rigidez excesiva en el diálogo con otras posiciones, que se une a la actitud de los grupos que se oponen a ella, instalados en la desautorización constante de sus opiniones, cuando no en el desprecio absoluto. Con esos mimbres es difícil que se consiga un debate sereno y provechoso.
¿Cómo debe leer la prensa un lector católico?
Como todos los demás: debe leer mucho, variado y sin prejuicios. No hay que temer a la prensa, hay que entender que mira la realidad desde un punto de vista, por eso conviene conocer varias perspectivas para que la panorámica sea amplia. El problema es que muchos católicos sólo se informan sobre la vida de la Iglesia por la prensa generalista y eso, que es válido para cualquier ciudadano, no es propio de un católico maduro. Como tampoco es razonable escuchar o leer sólo a los amigos. Si queremos un debate social de altura, hemos de estar dispuestos a conocer los argumentos del otro.
¿Cree que en los últimos años ha cambiado la forma de vivir la fe en la vida pública? ¿Se está perdiendo la vergüenza de reconocer en público: Yo soy católico?
En principio, dado que el entorno público es más asfixiante que antes, debería haber ocurrido lo contrario. Si no es así no es necesariamente por razones positivas. En España somos mucho de extremos y corremos el riesgo de ir de la vergüenza a la chulería. Yo diría que en España aún no decimos Yo soy católico con total normalidad.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo