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Habla el Papa
Iglesia en Francia
(al embajador ante la Santa Sede)

La comunidad católica es una de las fuerzas vivas de Francia. Los fieles han comprendido bien y acogido con interés y satisfacción la propuesta de su Presidente de que la aportación de las grandes familias espirituales constituya para la vida de la nación una gran riqueza en lugar de una locura que dejar pasar. La Iglesia está dispuesta a responder a esta invitación y está disponible para trabajar por el bien común.
Hace poco, las autoridades francesas manifestaron otra vez su voluntad firme de dotarse de mecanismos de discusión y de representación de los cultos. Al respecto, en el momento de mi viaje a Francia, me alegró la posición ocupada por el diálogo oficial entre el Gobierno francés y la Iglesia católica. Conozco, además, la continua preocupación de los obispos de Francia por reunir las condiciones de un diálogo pacífico y permanente con todas las comunidades religiosas y todas las familias del pensamiento. Les agradezco sus desvelos para asegurar las bases de un diálogo intercultural e interreligioso donde las diferentes comunidades religiosas tengan la oportunidad de mostrar que son factores de paz.
El deseo de la Iglesia es el de dar testimonio de Cristo poniéndose al servicio de todo hombre. Me congratulo, por esta razón, del acuerdo entre Francia y la Santa Sede sobre el reconocimiento de los diplomas librados por las Universidades pontificias y los Institutos católicos, acuerdo que valora la fuerte contribución de la Iglesia en la formación de la juventud para que ésta adquiera las competencias técnicas adecuadas para ejercer sus capacidades en el futuro, y reciba también una formación que les haga vigilantes para afrontar la dimensión ética de toda responsabilidad.
(26-I-2009)
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