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Magistrados de 20 provincias seguirán la huelga del día 18, aunque el CGPJ la desaconseja
La rebelión de los jueces
Ante la huelga de jueces del próximo día 18, la pregunta que muchos se hacen es: ¿Puede un poder del Estado ir a la huelga? Sin embargo, la cuestión que los jueces quieren trasladar a la opinión pública es: ¿Qué lleva a un poder del Estado hasta la huelga? La respuesta se escribe con tres trazos: politización, injerencias del Gobierno y falta de medios materiales y humanos. Los jueces no quieren ser títeres

«Si hemos llegado a esta situación es por cansancio; en España llevamos 30 años sin inversiones reales en el terreno de la Justicia. Sólo hace falta echar un vistazo a los juzgados. Faltan medios materiales y humanos para nuestro trabajo y, desde luego, este ministro no ha dado ni una sola muestra de querer un Poder Judicial independiente, con los medios que eso supone. No queremos ser cómplices, con nuestro silencio, del mal funcionamiento de un poder del Estado como la Justicia. Nuestro deber es alertar a la opinión pública de cuál es la situación del Poder Judicial, hasta qué punto llega la falta de inversión y cómo afecta eso a nuestra independencia». Éstos son los lamentos de don Marcelino Sexmero, portavoz de la Asociación Judicial Francisco de Vitoria, una de las dos plataformas de la Carrera Judicial que ha convocado una huelga de jueces para el próximo 18 de febrero, junto al Foro Judicial Independiente.
Una huelga inédita en nuestro país, pues se trata de la primera vez que uno de los tres poderes del Estado decide acogerse a este derecho que, en principio, nadie sabe si le corresponde o no. Tan polémica ha sido la decisión de los jueces huelguistas, que aún no se sabe si su reivindicación es legal: el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) rechazó, el lunes, el ejercicio del derecho a la huelga «porque no hay base normativa» y, por tanto, decidió «no tener por anunciada la convocatoria de la huelga». Ante lo que Sexmero asegura que «el CGPJ sólo ha dicho que no hay una norma que diga cómo regular el parón. Pero eso no significa que sea ilegal, así que mantenemos la huelga y quizá recurramos a la Sala Tercera del Supremo para establecer los servicios mínimos».
Sí a las reivindicaciones, No a la huelga
Sin embargo, no todos los jueces están de acuerdo con el paro del 18-F. Junto a la Francisco de Vitoria y al Foro Judicial Independiente, otras dos asociaciones llevan meses negociando con el Ministerio, con una amenaza de huelga para el día 26 de junio. A pesar de que la unidad de las cuatro plataformas había sido total durante todo el proceso, el 30 de enero se produjo la ruptura: la progresista Jueces para la Democraciay la Asociación Profesional de la Magistratura (APM) -la asociación que representa a más jueces en España- vieron cómo las dos primeras asociaciones se desmarcaban y, «ante la nula intención del ministro Bermejo de negociar», decidían convocar una huelga cuatro meses antes de lo previsto. Don José Luis Requero, magistrado de la Audiencia Nacional y miembro de la APM, asegura que «todos estamos de acuerdo en que la Justicia es el gran Poder olvidado. Somos un Poder independiente, pero nuestra administración es dependiente del Gobierno, así que nos tratan como a funcionarios a su servicio. Eso se vio con las críticas de políticos ante la multa impuesta al juez Tirado por el caso Mari Luz: los jueces se dieron cuenta de que la situación laboral podía hacer que cualquiera se viese en el lugar de Tirado. La injerencia política es tremenda, como el control de los principales órganos jurídicos, y debemos exigir independencia administrativa. Pero la huelga no es el camino, y menos en plena negociación. Parece más bien una estrategia de dos asociaciones de jueces jóvenes para ganar protagonismo, pero de forma poco responsable. La Justicia era la cenicienta del Estado. Con estos nuevos jueces, la cenicienta se ha convertido en una activista antisistema». Y concluye: «Lo importante es recordar que somos un Poder independiente, no un servicio público de funcionarios».
José Antonio Méndez
Lo que se cuece en el Juzgado
A pocos se les escapa que los Juzgados y los pasillos de los tribunales son, en no pocas ocasiones, calderas donde se cuecen intereses poco confesables y donde se siguen recetas políticas y mediáticas destinadas a presionar al Poder Judicial -la mayor parte de las veces, por fortuna, de forma infructuosa-. El abogado y columnista don Jorge Trías Sagnier recoge, en La cocina de la Justicia (Grupo Difusión), algunos de los casos más alarmantes, estrambóticos y significativos que han salido de nuestros juzgados hasta las páginas de los periódicos. Una obra accesible, divulgativa y que, con ciertas dosis de humor, quiere, en palabras del autor, «hacer llegar al mayor número de personas posible la labor tantas veces incomprendida, y a veces incomprensible, de esa mayoría de jueces que no son estrellas, pero llevan a sus espaldas el trabajo de la Justicia. Los llamados jueces estrella son los que han dejado estrellada la Justicia».