Alfa y Omega > Nº 628 > Desde la fe
¿Se encontraron san Pablo y Séneca?
La historiadora Marta Sordi se pronuncia a favor de la posibilidad de que se conocieran en Roma personalmente el apóstol Pablo y el filósofo maestro de Nerón. Considera creíble parte de un epistolario supuestamente intercambiado entre ambos
Estatua de Séneca, en Córdoba
Las catorce cartas que nos han llegado con el nombre de Séneca (ocho) y con el de san Pablo (seis) constituyen un epistolario que, desde hace tiempo, es considerado apócrifo, atribuido a uno o a varios autores desconocidos del siglo IV. Esta tesis encuentra consenso en la mayor parte de estudiosos. Tanto es así, que en los manuales de Historia Literaria Latina el espacio reservado a esta cuestión es marginal.
Son dos los argumentos principales para negar la autenticidad de las cartas. El primero es que el apologeta cristiano Lactancio, en torno al año 324, afirma ignorar la existencia del epistolario, y asegura que Séneca podría haber sido cristiano si alguien le hubiera hablado de Cristo. El segundo obstáculo proviene de la carta XII, o la XI según otras numeraciones, fechada en marzo del 64 y atribuida a Séneca. Se describe el incendio de Roma, que, sin embargo, tuvo lugar en julio de este mismo año. Es un grave error, impensable en un escritor contemporáneo al suceso. Pero a pesar de estas dificultades, el epistolario fue considerado auténtico en la antigüedad y en la Edad Media. Se tenía el testimonio de san Jerónimo, de 392, y de intelectuales como Albertino Mussato y Boccaccio, quienes no tenían ninguna duda tanto sobre la autenticidad de las cartas como sobre la fe cristiana de Séneca.
A favor de la autenticidad de las cartas, se presenta ahora la reflexión de la historiadora Marta Sordi, con el escrito Séneca y los cristianos, contenido en el volumen Amicitiae templa serena, publicado por Vida y Pensamiento. Sordi subraya la importancia de que se defina a Séneca como maestro del emperador y como el hombre más poderoso en aquel momento. La afirmación es, de hecho, verdadera sólo hasta el año 62, cuando el filósofo se separó de Nerón. La consecuencia es que es necesario excluir del epistolario al menos esa carta.
La llegada del Apóstol a Roma habría tenido lugar en el bienio 56-58, cuando Séneca tenía mucho poder. Pablo tendría en aquel momento buena amistad con los pretorianos, guiados por el Prefecto Afranio Burro, que sepamos, amigo de Séneca. En este contexto, la hipótesis sobre el encuentro entre las dos personalidades no es inverosímil, aunque no haya prueba cierta. Sin embargo, sí tenemos la prueba de la relación entre la familia de Séneca, la gens Annaea, y Pablo, a través de una inscripción funeraria de finales del siglo I o principios del II, encontrada en Ostia.
Sordi excluye la autenticidad de la carta XII, por la descripción antes de tiempo del incendio de Roma, y la XIV, la última, con un lenguaje diferente a las precedentes, que sugiere además la idea de la conversión de Séneca al cristianismo. Las otras doce cartas son reconducidas al período que va desde el año 58 al 62, en el que realmente Séneca era un hombre muy influyente y Pablo seguramente estaba en la capital del Imperio. Sordi concluye que el epistolario es de escaso significado desde el punto de vista religioso, pero importante desde el punto de vista histórico.
Gian Enrico Manzoni. En Avvenire
Traducción: María Pazos