Alfa y Omega > Nº 631 > Testimonio
IX Jornada Diocesana de Apostolado Seglar, en Madrid
«Atacar a la familia es atacar a la sociedad»
Diecinueve años de matrimonio y tres hijos avalan a María José Valverde y José Ramón García. Ellos darán la ponencia en la IX Jornada Diocesana de Apostolado Seglar, que, bajo el lema La familia: don de Dios y alma del mundo, organiza la Delegación de Apostolado Seglar de la archidiócesis de Madrid, este sábado 7 de marzo, en el colegio Cardenal Spínola. Su objetivo: mover a quienes les escuchen a trabajar por la familia
María José y José Ramón en su casa, en Madrid
Hace 12 años, José Ramón García Herrero y María José Valverde Sanz entraron a formar parte activa de la Acción Católica, aunque ya desde 1980 venían trabajando dentro de la Iglesia, en la diócesis de Madrid, gracias a los sacerdotes de la parroquia de los Dolores donde se conocieron. Desde entonces, este matrimonio, padres de Juan María, de 17 años, Miguel, de 15, y Marcos, de 9, se ha volcado en la educación de sus hijos y en el fortalecimiento de su familia, una familia cristiana. Para María José y José Ramón su familia es un don de Dios, llamada a convertirse en el alma del mundo. Precisamente, La familia: don de Dios y alma del mundo es el lema de la IX Jornada Diocesana de Apostolado Seglar que se celebrará este sábado 7 de marzo en el Colegio Cardenal Spínola, en la calle Cardenal Marcelo Spínola, 34 , de Madrid, comenzando a las 10 horas con la Eucaristía, que presidirá el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco.
En esa Jornada José Ramón y María José impartirán una ponencia con la que, según José Ramón, «pretenden compartir una serie de reflexiones e intentar refrescar viejas ideas, pero con perfecta validez en el momento actual, e impulsar a quienes nos escuchen a trabajar por la familia». Sin doctrinas, sin lecciones magistrales, partiendo, del mejor ejemplo que conocen, su propia experiencia después de 19 años de matrimonio, José Ramón y María José tratarán, a través de sus vivencias, de mover a sus oyentes a actuar, a presentar propuestas en sus parroquias, a ser conscientes de que la familia es un don de Dios y que debe convertirse en el alma del mundo.
Como familia y como cristianos, lo más importante para este matrimonio son sus hijos. «Empleamos en su educación noche y día -dice María José-, sin descuidar lo que podamos hacer fuera de casa, ya que también redunda en esa educación». Su marido lo confirma: «Lo primero que tenemos que hacer es cuidar lo más inmediato, nuestros hijos. Pero la familia tiene repercusiones sociales. Vivimos en sociedad. Ese trabajo de educación en el seno de las familias se ve después reflejado en los colegios, en los cuales creo que hay que participar activamente. Nosotros lo hemos intentando siempre, como miembros de las asociaciones de padres y estando en contacto con el profesorado de nuestros hijos».
«Desde mi experiencia como profesor de instituto -explica José Ramón-, veo que, la inmensa mayoría de las veces, los alumnos problemáticos pertenecen a familias rotas, desestructuradas, familias con problemas económicos graves». Y es que la familia se enfrenta a distintos retos y peligros. Para María José, «el mayor de esos peligros es el relativismo. Guiada por él, mucha gente puede pensar: Si nada importa realmente, ¿por qué iba a importar la familia?»
José Ramón también reflexiona sobre este aspecto: «Cada vez que se ataca a la familia, se ataca a la sociedad. Nos estamos dejando embaucar por una serie de ideologías en las que la familia no tiene el protagonismo que le corresponde como núcleo de la sociedad que es».
Una labor recompensada
La familia no está sola en su lucha contra todo obstáculo que se le presente. Dice María José que, «como pilar más fuerte de la familia, está Dios y, después, la Iglesia, que debe manifestarse como la Madre Iglesia, como un apoyo permanente a la familia, para que ésta no se le escape y para que, con ese apoyo, la familia pueda intentar sanear la actual situación en la que se han atacado los valores tradicionales, con lo que la sociedad se está viniendo abajo».
Tras el trabajo de mantener vivo el espíritu de la familia cristiana, para este matrimonio está la satisfacción de ver cómo sus hijos crecen como buenos cristianos, que saben que pueden contar con ellos para lo que necesiten, y cómo, en medio de su familia, está Dios como el mayor de los cimientos de su hogar.
V. Gutiérrez