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Pocas dictaduras han llegado tan lejos en el falseamiento de la Historia y en el adoctrinamiento en las aulas. La España raptada, con el elocuente subtítulo La formación del espíritu nacionalista, que publica el historiador y ensayista Pedro Antonio Heras en la editorial Áltera, documenta el atropello en las escuelas del País Vasco y Cataluña, a través de un análisis de los libros de texto y el material didáctico que se utiliza en estas dos Comunidades Autónomas. No necesita recurrir a Educación para la ciudadanía, la asignatura con mayor potencial adoctrinador, puesto que, en estas regiones, todo el currículo se pone al servicio de la ideología. Tampoco se limita el análisis a editoriales marginales. Entre las referencias se encuentran las principales y más conocidas editoriales, que han colaborado en estos proyectos de ingeniería social, sin parangón en la Europa democrática. Se transmite a los chicos consignas políticas, pero también ideas más sutiles. Es el caso, por ejemplo, de los nombres propios en el País Vasco, muchos literalmente inventados por Sabino Arana y sus herederos. Los nombres españoles son motivo de desdoro. Y se da un barniz académico a hipótesis racistas que nos parecerían intolerables en cualquier otro contexto. Pero en España la izquierda ha aceptado a los nacionalismos en el Club del progreso, y la derecha tampoco acaba de tener muy claro eso de que el poder sólo está para servir a los ciudadanos.

Se ha traducido al español el excelente trabajo del psiquiatra norteamericano Herbert Hendin, que ofrece la editorial Planeta bajo el título Seducidos por la muerte. Los trabajos de Hendin disuadieron a Bill Clinton de legalizar la eutanasia en Estados Unidos. El autor se declara no creyente, aspecto que sirve para sortear los prejuicios de muchos creyentes de peligrosas ideologías. Su experiencia y las investigaciones sobre este tipo de legislación en los Países Bajos convencieron al autor de que es la presión del personal médico y de los familiares la que impulsa al paciente al suicidio, cuando no se le da directamente matarile sin su consentimiento. A una persona , en lugar de ayuda, se le ofrece la salida rápida. La oferta de cuidados paliativos disminuye. «La tragedia que espera a los pacientes depresivos suicidas -advirtió el doctor en el Congreso norteamericano- es comparable con la de los terminalmente enfermos, y esto especialmente en el caso de los ancianos pobres. El suicidio asistido y la eutanasia llegarán a ser el modo rutinario de tratar a los enfermos graves y terminales, justo como ha ocurrido en Holanda».
R.B.