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Antonio María Rouco: 50 años de sacerdocio
Un buen pastor, digno de alabanza
La felicitación del Papa al cardenal Rouco no puede ser más cariñosa y elocuente: «Queremos que te convenzas de que deseamos ensalzar con el debido honor todo tu modo de proceder, al cual damos públicamente nuestra aprobación en todas sus partes». La archidiócesis de Madrid está también convencida de ello: lo ha demostrado en el cariño con que ha celebrado las Bodas de Oro sacerdotales de su arzobispo


Un momento de la liturgia eucarística, en la catedral de la
Almudena. En torno al cardenal, los doce nuevos presbíteros
«Yo hubiera deseado haberme pasado estos dos días rezando en algún sitio tranquilo, en un monasterio...», confesaba el cardenal Rouco, el sábado por la tarde, al término de un homenaje que le rindió la archidiócesis de Madrid en el Seminario. «Los actos han sido una sorpresa», añadía, antes de agradecer todas las muestras de cariño que ha recibido estos días.
Pero el cardenal Rouco no dejó pasar la ocasión para ofrecer también una intensa catequesis, centrada en la importancia decisiva del sacerdocio, precisamente ahora, cuando el Papa acaba de anunciar que proclamará 2010 como año sacerdotal. El punto central de las Bodas de Oro sacerdotales del cardenal fue la ordenación de 12 nuevos presbíteros, y al finalizar los dos días de celebraciones, en el Seminario, fue de sacerdocio de lo que habló. «Es extraordinariamente decisivo vivir el sacerdocio de la forma en que la Iglesia lo ha vivido a través de los siglos, como entrega total», decía, ante un público, de todas las edades y carismas de la diócesis, y los venidos de Galicia, y de Alemania, pero sobre todo repleto de seminaristas. «En una teología super teórica y especulativa, el sacerdocio es separable del celibato, pero en una teología existencial y cercana, es inseparable». Y tras agradecer a Dios el don del sacerdocio y pedirle por nuevas vocaciones, dijo: «¿Por qué ha habido tanto anticlericalismo? Los sacerdotes pecan, ¡pero no es por eso! Es porque el sacerdote trae la certeza visible de la presencia del Señor en el mundo, lo que produce escándalo...»
La vocación puede ser muy temprana, como en el caso del propio cardenal, que ingresó en el Seminario Menor a los 10 años. «A mí me molesta mucho cuando me dicen que los niños no pueden tener vocación para el sacerdocio», dijo. «¡Pues claro que la tienen! Al modo de niño. Pero el niño crece, y la vocación crece con él, si se cuida y se cultiva». Lo que no debe faltar es el ideal de la santidad sacerdotal. «Las circunstancias de la vida no son fáciles nunca, pero ese ideal de la santidad de la vida sacerdotal hay que retenerlo en todo momento», así como el celo apostólico de perseguir siempre «la salvación de las almas».

Al lado del cardenal, durante el acto de homenaje,
interviene su hermana doña Visitación
Muy importante es también contar con «vocaciones sacerdotales que tengan pasión por la ciencia teológica, por el discurso intelectual, por la evangelización de la cultura». No es cosa de «vanidad intelectual, sino porque esto pertenece al ejercicio del ministerio sacerdotal de una manera esencial. ¿Es que la razón no pertenece a lo más íntimo y constituyente de la existencia de la vida del hombre?» En esa línea, dejó claro un equívoco, deslizado por muchos, precisamente en vísperas de la gran movilización en toda España en defensa del niño no nacido, en la que sería decisiva la participación de los católicos: «Defender la vida y a la familia no es meterse en política. Es anunciar a Jesucristo y a su familia».
Aquellas palabras pusieron fin a dos días de intensas celebraciones. En la catedral de la Almudena, horas antes, el cardenal ordenó a 12 nuevos presbíteros, con el nuncio del Papa, decenas de obispos y numerosísimos sacerdotes concelebrantes, y con la presencia de diversas autoridades en representación de las principales instituciones políticas madrileñas, así como del embajador de España ante la Santa Sede, don Francisco Vázquez. El viernes, víspera de las Bodas de Oro sacerdotales del cardenal Rouco, su gran amigo el profesor Winfried Aymans, del Instituto de Derecho Canónico de la Universidad de Munich, abrió los actos con una conferencia en la Facultad de Teología San Dámaso, a la que siguió un momento musical por un cuarteto de cuerda. Por la tarde, en la catedral de la Almudena, tras el rezo de Vísperas, intervino el profesor Olegario González de Cardedal, de la Universidad Pontificia de Salamanca, otra de las instituciones académicas en las que el cardenal dejó una profunda huella. Siguió un concierto de órgano, a cargo de don Roberto Fresco. El sábado por la tarde, en el acto de homenaje que se celebró en el Seminario Conciliar, actuaron el coro del Seminario y la Escolanía de la Catedral, que comenzó su andadura, dirigida por Mercedes Hurtado, hace 3 años y ha adquirido ya una gran maestría. No fue casual la presencia de tanta música en el programa. Además de ser un gran aficionado a la música, el cardenal valora especialmente su importancia en la liturgia, y, desde su llegada a Madrid, se ha esforzado por cultivar su cuidado en la archidiócesis.
Semblanza del cardenal Rouco

Intervención de la Escolanía de la Almudena. Al fondo, el regalo
al cardenal: magnífico retrato realizado por sor Isabel Guerra
«Si tuviéramos que decir en un lenguaje claro y sencillo cuáles son los principales empeños y logros de don Antonio desde que llegó a Madrid, sin duda dos de ellos son el realismo con el que ha afrontado el drama de la apostasía silenciosa que nos circunda y de algún modo a todos nos influye, y la centralidad de la evangelización para hacer presente a Dios y abrir a los hombres el acceso a Él», decía el sacerdote encargado de hacer una semblanza del cardenal Rouco, don Manuel María Bru, periodista y director de la programación socio religiosa de la cadena COPE. El cardenal Rouco ha sido estos años el buen pastor que «necesitamos para que nos lleve hacia una meta clara e ilusionante». Ha sido también, «para todos nosotros, un padre que enseña, que cuida, corrige y alienta con amor a sus sacerdotes y a los fieles que se le han encomendado».
Pero hay otros rasgos imposibles de obviar... Como éste: desde que Juan Pablo II «nombró cardenal a don Antonio fue como hacer de la línea Madrid-Roma, utilizando una expresión publicitaria, el metro que toda ciudad querría tener, es decir, la estrecha comunión y comunicación con el Vicario de Cristo que toda la Iglesia querría tener». Y concluyó: «Está claro es que, con don Antonio, Madrid escucha más a Roma, aporta más a Roma, y desde luego, Roma enriquece mucho más a Madrid».
Alfa y Omega
«Amigos fuertes de Dios»
Monseñor Fidel Herráez dirigió unas palabras de saludo al cardenal, al comienzo del acto de homenaje y felicitación, que tuvo lugar la tarde del sábado 28 de marzo, en el Seminario Conciliar. Dijo, entre otras cosas:

Nos hemos citado en el corazón de la diócesis, como a usted le gusta llamar a nuestro Seminario, y estamos aquí con la alegría de los días de fiesta. Porque justo es hacer fiesta hoy, cuando se cumplen los 50 años de su ordenación sacerdotal; 50 años de una historia de gracia experimentada, correspondida y vivida en la comunión de la Iglesia, que ahora, en familia, queremos seguir evocando...
A lo largo de 50 años de densa y honda experiencia pastoral, se ha cumplido en plenitud lo que usted nos decía recientemente del ministerio sacerdotal como: representación ‘sacramental’ de Cristo en la Iglesia, prolongación de su presencia de Sacerdote y único Pastor, fundido con Él para conformar la vida con la suya hasta el misterio de la Cruz, fiel y humilde instrumento de la misericordia del Señor. Por eso decimos, con el salmo: «El Señor ha hecho grandes cosas con nosotros y estamos alegres». Le felicitamos y nos felicitamos.
Tal como nos ha recordado hoy en la homilía, señor cardenal, hay también alguien que está hoy de aniversario, de cumpleaños, y quiere sumarse a nuestra fiesta. Era un 28 de marzo del año 1515, cuando nació la Santa andariega, Maestra de oración y Doctora de la Iglesia, santa Teresa de Jesús. A ella le hemos pedido una palabra para este acontecimiento, y la Santa nos dice que andan sus monjas «harto ocupadas en oración por los que son defensores de la Iglesia y predicadores y letrados que la defienden, para ayudar a este Señor que tan apretado le traen» (Camino P. cap.1,2)..., y le ruega a usted que se cuide, por amor de Dios, «pues quiere Él escoger a unos para provecho de otros muchos, en especial en estos tiempos, que son menester amigos fuertes de Dios para sustentar a los flacos»(Vida cap.15,4).
Por todo, señor cardenal, gracias y felicidades. Ése es el sabor que queremos que tenga esta tarde familiar. ¡Ah! No he dicho -lo digo ahora- que también hay un regalo: es sencillamente el cariño de familia hecho regalo, felicitación y sorpresa. Por ahí vamos a empezar.
Carta del Papa al cardenal Rouco
Son muchas las razones por las que te tenemos presente y te recordamos con agrado, venerable Hermano nuestro, en particular ahora que se acerca el solemne acontecimiento del quincuagésimo aniversario de tu ordenación sacerdotal, hito sin duda alguna honroso en la vida de un Pastor, que merece ser valorado y celebrado adecuadamente. Nos es muy grato recordar aquel día, en el que, bien preparado por los estudios necesarios, fuiste enriquecido con el Orden sagrado, en la insigne ciudad de Salamanca, para difundir los saludables beneficios del Salvador y su Buena Nueva. Entonces, al recibir el encargo del cuidado de los fieles, comenzaste tu trabajo apostólico. Y, como profundo conocedor de la ciencia jurídica, empezaste a enseñar con empeño la doctrina canónica. Tu completa trayectoria sacerdotal no estará sólo ante tus ojos. También permanecerán hondamente grabadas en nuestro espíritu tanto aquellas primeras actividades que desarrollaste, como las que más tarde llevaste a cabo en la Sede Compostelana, primero como obispo auxiliar y después como Ordinario. No olvidamos tampoco lo que haces ahora, tanto en los Dicasterios romanos, como en favor de la archidiócesis de Madrid, sede muy populosa y notable. Todo lo cual es digno de merecida alabanza. Sabemos muy bien que tu comunidad eclesial es cuidada en todo con prudencia y diligencia y es organizada de modo conveniente. Los ministros sagrados son atendidos de modo especial; la catequesis es impartida adecuadamente; las familias, los jóvenes y todos los fieles son instruidos de modo completo en los preceptos cristianos. Si los hermanos obispos de tu nación te han encomendado un oficio de gran importancia, como el de Presidente de la Conferencia Episcopal, y si nuestro venerado predecesor, Juan Pablo II, te incorporó al Colegio de los Padres Cardenales y él mismo te cursó amablemente una visita en el año 2003, tampoco Nos, que pronto esperamos hacer lo mismo, queremos desaprovechar nada para honrarte y elogiarte al repasar todo lo dicho y presentarlo junto ante nuestra mirada. Queremos que te convenzas de que deseamos ensalzar con el debido honor todo tu modo de proceder, al cual damos públicamente nuestra aprobación en todas sus partes por medio de esta carta nuestra. Por tanto, al cumplirse este feliz aniversario de tu sacerdocio, te felicitamos de todo corazón. Suplicamos, en fin, al Divino Pastor que Él mismo recompense generosamente todos tus méritos y te sostenga en tu trabajo apostólico. Por nuestra parte, con gran afecto y fraterna amistad, te impartimos nuestra bendición apostólica, en primer lugar a ti, venerable Hermano nuestro, y la hacemos extensiva con largueza a los obispos auxiliares, a los sacerdotes, a los consagrados y a todos los fieles.
Benedicto XVI, a 17 de febrero del año 2009, cuarto de Nuestro Pontificado
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