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«El sacerdote pertenece a Cristo»
«¿Por qué un Año Sacerdotal? ¿Por qué en recuerdo del santo cura de Ars, que aparentemente no hizo nada de extraordinario?» Lo explica ampliamente el Papa en su Carta para la Convocación de un Año Sacerdotal, que reproducimos en las páginas siguientes. Pero además, Benedicto XVI parece dispuesto a no perder ocasión durante este Año para enseñar a la Iglesia a valorar el inmenso don del sacerdocio, comenzando por los propios sacerdotes...


Benedicto XVI lava los pies de doce sacerdotes
en la Misa In Coena Domini, del Jueves Santo
Decía el Papa, durante la Audiencia general de la semana pasada: «En un mundo en que la visión común de la vida comprende cada vez menos lo sagrado, en cuyo lugar lo funcional se convierte en la única categoría decisiva, la concepción católica del sacerdocio podría correr el riesgo de perder su consideración natural, incluso dentro de la conciencia eclesial». No es correcto contraponer la concepción del sacerdocio como servicio a la comunidad -advertía-, a la concepción sacramental del ministerio. Es esta concepción la que realmente define el sacerdocio, si bien la primacía de la Eucaristía y de la administración de los demás sacramentos no sólo no niega, sino que debe potenciar el servicio a los demás. Lo que Cristo pide al sacerdote es «el sacrificio de sí», subrayaba Benedicto XVI. «Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres». No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí, debe decir con san Pablo. Y, con san Juan Bautista, estar dispuesto a «disminuir para que Él crezca», porque un sacerdote no se anuncia a sí mismo...
Unos días más tarde, en la homilía de la Misa en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa insistía en que el obispo y el sacerdote deben conducir al rebaño «a los pastos justos», sabiendo dar «razón de la fe». Pero el pensar no basta, añadía. «Tenemos necesidad de la experiencia de la fe, de la relación vital con Jesucristo». Esa identificación de cada sacerdote con Cristo es un camino privilegiado para que el hombre «venga a conocer a Dios; que no se pierda en callejones sin salida; que no se pierda» en su soledad.
La salvación de las almas debe ser su gran inquietud. Y para promover esa conciencia y ese objetivo fundamental, el Papa ha dispuesto que se concedan indulgencias plenarias los días de apertura y cierre del Año Sacerdotal, el día del 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars (4 de agosto de 2009), los primeros jueves de cada mes (como hoy, primer jueves de julio) o cualquier otro día que establezca cada obispo en su diócesis. Según el Decreto de la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede donde se recogen las condiciones, se concede la indulgencia plenaria «a todos los fieles realmente arrepentidos» que participen en la Eucaristía y ofrezcan por la santidad de los sacerdotes cualquier obra buena realizada ese día. Deben también confesarse y rezar por las intenciones del Papa. En julio, el Papa ha pedido que se rece por los cristianos de Oriente Medio, «para que puedan vivir su fe con plena libertad y ser instrumento de reconciliación y de paz». Y «para que la Iglesia sea germen y núcleo de una Humanidad reconciliada y reunida en la única familia de Dios, mediante el testimonio de todos los fieles en las diversas naciones del mundo».
Se concede también la indulgencia plenaria, en los mismos días, «a los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que por motivos legítimos no puedan salir de casa», si tienen «intención de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres acostumbradas condiciones» (confesión, comunión y pedir por las intenciones del Papa), «rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes» y ofrecen sus enfermedades a Dios por medio de María.
Las condiciones varían en el caso de los sacerdotes, que podrán también aplicar las indulgencias a los presbíteros difuntos. En otras cosas, se les pide que recen con devoción ante el Santísimo y que, «a ejemplo de san Juan María Vianney, se ofrezcan con espíritu dispuesto y generoso a la celebración de los sacramentos, sobre todo al de la Penitencia».
R.B.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid