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Propuestas para la regeneración democrática de España
Final de época
LibrosLibres edita España. El final de una época, un Informe del Foro de la Sociedad Civil, que preside don Ignacio Camuñas, con propuestas para la regeneración democrática

El tripartito catalán «pagó 11.950 euros por un informe sobre la mosca del melocotón», contaba hace unos días ABC. Y en Baleares, informa El Mundo, hay «un funcionario por cada payés»: 440 trabajadores dedica la Consejería de Agricultura a 430 agricultores. En La Razón, esos días, se leía que, en la clínica El Bosque, de Madrid, «aborta el que quiere, nadie pregunta nada». Las tremendas irregularidades en este centro, denunciadas por Intereconomía TV hace un año, no sólo no han sido corregidas, sino que el Gobierno quiere aprobar una ley para legalizar y normalizar esas escabrosas prácticas...
Ésta es la radiografía de la España de 2009. Podría serlo de una república bananera cualquiera. Pero consuela saber que la cosa tiene arreglo, de acuerdo a destacados intelectuales, agrupados desde hace algo más de un año en el Foro de la Sociedad Civil, que quiere convertirse en el germen de un movimiento de renovación de la vida democrática en España. Están don Rafael Puyol, Presidente de la IE (Instituto de Empresa) Universidad; el Rector de la Universidad Antonio de Nebrija, don Fernando Fernández; o don Juan Velarde, Vicepresidente de la Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Coordina España. El final de una época, el Presidente del Foro, el diplomático y ex ministro don Ignacio Camuñas. En la introducción, parte de la premisa de que, tras el éxito de la Transición, el sistema hace aguas en la economía, en el modelo territorial, en la falta de división de poderes... Pero frente a quienes sostienen que asistimos hoy, no a una cortina de humo, sino a un claro proceso de ingeniería social, el señor Camuñas se apunta a la tesis de que Rodríguez Zapatero tapa sus carencias y falta de proyecto político con «innecesarias iniciativas» como la asignatura de Educación para la ciudadanía o la constante confrontación con la Iglesia. Y en lugar de solucionar toda una serie de problemas estructurales que venían de atrás, el Gobierno actual los ha agravado, añadiendo otros nuevos.
Entre esos viejos problemas agravados destaca la falta de una sana división de poderes y de organismos reguladores independientes. Pero difícilmente habrá solución para ello, mientras persista el caudillismo dentro de los partidos políticos, unos partidos a los que la Constitución otorga un desmedido protagonismo en el sistema. Sobre ello trata el primer ensayo, del catedrático de Derecho don Gaspar Ariño Ortiz. Todos los ex, de derecha y de izquierda, coinciden en el diagnóstico. Pero en cuanto el líder toca poder... Siguen a éste otros trabajos sobre el Estatuto catalán, la política exterior, la defensa y el estado de la Justicia. La economía ocupa un lugar destacado. Y aparecen otros temas, como la universidad, o los peligros que acechan a la lengua española, sobre lo que escribe un brillante ensayo el catedrático de la Universidad Complutense don Fernando Lázaro Mora. El problema son tanto los disparates en la política educativa, como los ataques desde el nacionalismo atrincherado en el poder. De nuevo, el hambre de poder.
R.B.
Sociedad de nuevos ricos
La sociedad española, posiblemente con demasiada rapidez, ha pasado a vivir en un ambiente de opulencia notable respecto a situaciones históricas muy cercanas. En 2007, parecía que España había alcanzado el Olimpo. Iba a codearse con los Júpiter máximos de la economía. Pero, para lógralo de verdad, era preciso continuar efectuando reformas estructurales, o lo que es igual, asumir sacrificios.
La sociedad española, súbitamente enriquecida, consideró que el tiempo de los esfuerzos ya había pasado definitivamente. Y pasó a ser rentable electoralmente, desde indicar que es falso que nos amenaza una crisis económica, hasta señalar que nada se puede hacer, porque los malvados capitalistas norteamericanos son los causantes de ella. Hemos llegado al paraíso, y nada debe alterar esta situación olímpica. Se ha originado una especie de alianza entre unos ciudadanos que esquivan el esfuerzo y un Gobierno que lo aplaude como actitud correcta.
Juan Velarde
Ciudadanos con mordaza
Hoy cunde la idea de que todos los usos lingüísticos son igualmente válidos. Se trata de un pensamiento compartido por millares de educadores, quienes, desde la escuela, no corrigen lo que antes se llamaban malos usos, ortografía incluida. Pero esos malos usos no lo son tanto por razones estéticas, como por el hecho de que muestran un alarmante descenso de la capacidad expresiva de los españoles. Y el laxismo verbal no es otra cosa que laxismo de pensamiento, falta de disciplina del espíritu.
La pedagogía actual reivindica el laxismo idiomático como una conquista de la sociedad progresista. La anarquía expresiva que se propicia por quienes tienen la máxima responsabilidad de nuestra instrucción precisaría de una enérgica reacción del sistema educativo. Pero esa reacción dista de ser próxima, por el error de creer que hay que educar en libertad, cuando lo que hace falta es educar para la libertad. Y un ciudadano no es libre si no está entrenado para manifestar lo que piensa con una mínima exactitud. De lo contrario, lleva mordaza.
Fernando Lázaro Mora
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid