Alfa y Omega > Nº 648 > España
Las parroquias, desbordadas por los dramas causados por la crisis
«Llevaba casi un mes comiendo sólo arroz»
La noticia llegó a esta Redacción casi de robote, como si se tratase de una situación de lo más normal: un párroco de Madrid escribía a los miembros del movimiento eclesial al que pertenece, para, entre otras cosas, mostrar el rostro más dramático de la crisis y solicitar ayudas (alimentos y bienes de primera necesidad) para muchos de sus feligreses. Las situaciones que relata -comunes a miles de parroquias- son tan dolorosas como frecuentes. Esto es lo que ocurre en la España del siglo XXI:

Cuando habla con nosotros pasan de las tres de la tarde, pero él aún no ha comido. «Acabo de llegar del hospital -dice-. He acompañado a una mujer a tratamiento psiquiátrico por los efectos de la crisis: su empresa la está presionando muchísimo, muchos de sus compañeros han sido despedidos y su marido está en paro. Ella está tan desesperada y tan agobiada que ha intentado suicidarse». Lo relata un párroco de Madrid, que prefiere quedar en el anonimato para mantener la intimidad de sus feligreses. Y no es extraño el celo de este pastor: sus parroquianos lo han hecho depositario de sus situaciones más dolorosas, fruto de una crisis económica «que afecta a muchas más personas y mucho más duramente de lo que la gente piensa».
Y si no, que se lo pregunten al joven de 29 años, padre de cinco criaturas, «que está en paro desde hace meses, no cobra ya el desempleo y ha intentado suicidarse varias veces con este razonamiento: Si yo me quito de en medio, alguien ayudará a mi mujer y a mis hijas». O a este otro joven inmigrante, «que viene todos los días a misa a la parroquia. El otro día me acerqué a hablar con él porque lo vi bastante mal. Le pregunté si estaba enfermo y me dijo que no: lo que le pasaba es que llevaba casi un mes comiendo sólo arroz y, como en los últimos días se le había terminado, no había comido. Y claro, como ya le habíamos ayudado tanto, le daba vergüenza pedir más».
Una sola comida al día
En el último año, miles de personas se han acercado a las Cáritas parroquiales para pedir ayuda. La mayoría busca alimentos. Nuestro sacerdote anónimo lo narra así: «Nunca había visto las situaciones que veo ahora. Hay muchas familias que sólo hacen una comida al día, y matrimonios que casi no comen para que los hijos puedan hacerlo. ¡Esto está pasando en España! Hay familias que no pueden pagar las facturas, ni la hipoteca, ni los recibos de la residencia donde están sus mayores, que no tienen literalmente ni para comer... Esto es lo que la gente vive en el día a día, mientras otros hablan de memeces». Por eso, anima a que nadie se vaya de vacaciones «sin ir a su parroquia y preguntar si necesitan ayuda, aunque lo que pueda aportar sea muy poco. Sobre todo porque en verano cuesta aún más llenar la despensa. Y quien esté pasando apuros, que venza la vergüenza y pida ayuda. Es lo que hacían los primeros cristianos. Los creyentes tenemos que espabilar, y estar a las duras y a las maduras».
Además de hacer aportaciones económicas, el sacerdote da otras ideas: «Este año, me llevo a 17 chavales de campamento: a 14 se lo pago yo, con las ayudas de los fieles. Así, los críos tendrán vacaciones y comerán varias veces al día, mientras los padres pueden descansar sin agobiarse porque no pueden darles de comer. Cualquiera puede pensar si los hijos de su vecino se van a quedar en casa y llevárselos unos días de vacaciones, o acercarse a la parroquia a llevar algo de comida». Y termina: «Las necesidades son muchas, y no podemos olvidar que aquello que hagamos con los humildes, con el Señor lo hacemos».
José Antonio Méndez