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Habla el Papa
Fe adulta, de verdad

La expresión fe adulta, en los últimos decenios, con frecuencia se entiende como la actitud de quien no escucha a la Iglesia y a sus pastores, sino que elige de forma autónoma lo que quiere creer y no creer, es decir, una fe hecha por uno mismo. Esto se interpreta como valentía para expresarse en contra del magisterio de la Iglesia. En realidad, para esto no es necesaria la valentía, porque siempre se puede estar seguro del aplauso público. En cambio, la valentía es necesaria para unirse a la fe de la Iglesia, incluso si ésta contradice al esquema del mundo contemporáneo. Es a esta falta de conformismo de la fe a lo que Pablo llama una fe adulta. Califica en cambio como infantil el hecho de correr detrás de las corrientes del tiempo. De este modo, forma parte de la fe adulta, por ejemplo, comprometerse con la inviolabilidad de la vida humana desde el primer momento de su concepción; forma parte de la fe adulta reconocer el matrimonio entre un hombre y una mujer para toda la vida como ordenado por el Creador, reestablecido nuevamente por Cristo. La fe adulta no se deja transportar de un lado a otro por cualquier corriente, y se opone a los vientos de la moda.
San Pablo describe la fe madura, realmente adulta, de forma positiva, con la expresión: Actuar según la verdad en la caridad. El nuevo modo de pensar que nos ofrece la fe se desarrolla primero hacia la verdad. El poder del mal es la mentira. El poder de la fe, el poder de Dios, es la verdad. La verdad sobre el mundo y sobre nosotros mismos se hace visible cuando miramos a Dios, y Dios se nos hace visible en el rostro de Jesucristo. Al contemplar a Cristo reconocemos algo más: verdad y caridad son inseparables. En Dios, ambas son una sola cosa. Por este motivo, para los cristianos verdad y caridad van unidas.
(28-VI-2009)