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Entrevista al cardenal Rouco, Legado del Papa en Siria
«No se puede separar a Cristo de la Iglesia»
El Papa clausuró oficialmente el Año de San Pablo, el pasado domingo 28 de junio, en la basílica de San Pablo Extramuros, de Roma. Simultáneamente, el día de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, siete misiones pontificias cerraron el Año Jubilar en los lugares paulinos más destacados: Tierra Santa (cardenal Kasper), Malta (cardenal Antonelli), Chipre (cardenal Martino), Turquía (cardenal Tauran), Grecia (cardenal Tomko), Líbano (cardenal Ving-Trois) y Siria, donde el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid, guió la misión pontificia. Desde allí concedió esta entrevista a Javier Alonso Sandoica, de la cadena COPE


Imagen de san Pablo: podría ser
el icono más antiguo del Apóstol
de las gentes
(siglo IV), descubierto
recientementeen las catacumbas
de Santa Tecla, en Roma
Se encuentra en Siria, como Legado de Su Santidad para la clausura del Año Jubilar Paulino. ¿Cuáles han sido las líneas centrales de sus discursos?
Hemos comenzado con la visita a la casa de Ananías, quizá el lugar de la ciudad de Damasco más paulino. Ha sido una celebración muy emocionante, en la que estuvieron presentes numerosos obispos en representación de las diversas Conferencias Episcopales de toda Europa, de América e incluso de África, y un pequeño grupo de fieles. El recuerdo del Apóstol, que allí recibió el Bautismo y su incorporación plena a la Iglesia y a Cristo, que le había tocado el corazón y le había cambiado la vida cuando se disponía a perseguir a los cristianos de la ciudad de Damasco, que tenían precisamente en casa de Ananías su lugar de reunión para la celebración de la Eucaristía, todo ello nos ha colocado en un contexto de fe y de experiencia paulina muy hermoso. He hablado de la presencia paulina en la cultura e historia de Siria, de la relación con el mundo musulmán, y también del discurso del Santo Padre sobre la relación entre fe y razón, para realizar un diálogo interreligioso de manera fecunda, para presentar la aproximación cristiana a las realidades temporales. Son discursos en los que la presencia del Papa ha sido muy importante.

Siria es un país con un pequeño porcentaje de cristianos, pero también Europa se está convirtiendo en tierra de misión.
Siria, aunque tiene pocos católicos, es el país de Oriente Medio con una mayor presencia cristiana, incluso visiblemente en los templos, donde la Iglesia goza de un estatuto jurídico muy aceptable, y donde la Iglesia puede desarrollar su actividad con bastante libertad. Esto facilita la vivencia de la experiencia cristiana, que en definitiva se centra en el encuentro con el Señor, en dejarse fascinar por Él y decirle , y decírselo después en la Iglesia, no como una experiencia subjetiva, sino enmarcada en un modelo comunitario. Esa fórmula de la vivencia cristiana, en la que no se puede separar a Cristo de la Iglesia, creo que es de muchísima importancia en la vida de la Iglesia aquí, en este lugar de antiquísimas raíces cristianas, y también en general, en la misión de la Iglesia en todo el mundo.
Comienza el Año Sacerdotal
La conclusión del Año Paulino coincide con los inicios del Año Sacerdotal, en el que estamos ya inmersos.
Es una gracia grande representar al Santo Padre en esta conclusión del Año Paulino en Damasco, en estas tierras decisivas para la historia de san Pablo y su misión apostólica. En la herencia cristiana y en la tradición bizantina aquí, el papel del sacerdote es decisivo; se ve en todas las visitas que hemos hecho, tanto a las iglesias católicas como a las de los hermanos ortodoxos, que nos han recibido muy fraternalmente. Se ve la importancia del sacerdote como aquel que hace a Cristo presente en las especies eucarísticas y las hace Cuerpo de Cristo, y que ayuda a que la Iglesia vaya configurándose como Cuerpo de Cristo en torno a la Eucaristía, donde el Cuerpo y la Sangre del Señor, ofrecido sacerdotalmente en la Cruz y aceptado gloriosamente por el Padre en el cielo, siguen actuando en la tierra para que su Evangelio, su gracia y su vida sigan actuando y lleguen al corazón del hombre. El Año Sacerdotal se enriquece mucho recordando a la figura de san Juan María Vianney y, en España, la de san Juan de Ávila, pero también, por supuesto, recordando a san Pablo.
© 2006. Alfa y Omega, Semanario católico de información. Fundación San Agustín, Arzobispado de Madrid