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Investigaciones en la tumba de san Pablo
Donde se unen Historia y fe
El Papa ha dado a conocer los resultados de los estudios científicos realizados en el sarcófago del apóstol san Pablo, en la basílica de San Pablo Extramuros, en Roma, que permiten datar en los siglos I ó II los restos humanos que han sido conservados durante siglos en ese relicario, una historia que ni siquiera hubiera podido soñar Indiana Jones


Tumba de san Pablo, bajo el altar mayor de la basílica
de San Pablo Extramuros, de Roma
Benedicto XVI clausuró, en la Vigilia de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles, el pasado domingo, el Año dedicado al bimilenario del nacimiento de san Pablo con un anuncio inesperado: estudios científicos realizados por indicación suya en la redescubierta tumba de este apóstol, en Roma, han encontrado restos que pueden atribuirse al Apóstol de las gentes. La revelación, importantísima para la historia de la Iglesia, fue escuchada por los peregrinos que llenaban la basílica construida con el pasar de los siglos para custodiar el sarcófago de Saulo de Tarso, entre los que se encontraban representantes de la Iglesia ortodoxa de Constantinopla.
Con un gesto que no es habitual en él, subrayando así la importancia de lo que tenía que decir, el Santo Padre comenzó la homilía ofreciendo detalles de lo que constituye el último eslabón de una increíble cadena de descubrimientos arqueológicos y científicos que ha tenido lugar en los últimos años y meses. El obispo de Roma reveló que el sarcófago, conservado bajo el altar de la basílica, que nunca había sido abierto desde hace siglos, «recientemente ha sido objeto de un atento análisis científico. Se hizo una pequeñísima perforación para introducir una sonda especial, mediante la cual se han encontrado restos de un precioso tejido de lino de color púrpura, bañado en oro, y de un tejido de color azul con filamentos de lino».
«Se encontraron también granos de incienso rojo y de sustancias proteicas calcáreas -dijo textualmente el Papa-. Además, se han descubierto pequeñísimos fragmentos óseos que, sometidos al examen del carbono 14 por parte de expertos que no conocían la procedencia de los restos, han dado como resultado que pertenecen a una persona que vivió entre los siglos I y II». Y ésta es la conclusión que saca el Papa: «Esto parece confirmar la unánime e incontrovertida tradición de que se tratan de los restos mortales del apóstol Pablo. Todo esto llena nuestro ánimo de profunda emoción». Las peregrinaciones, que desde hace más de 18 siglos tienen lugar a Roma para visitar los restos del Apóstol, reciben ahora de la ciencia un respaldo significativo.
Una investigación minuciosa
Al parecer, la tumba del Apóstol, que visitaban ya los cristianos en la ciudad eterna durante los primeros siglos, con el pasar de los años se había perdido. El sarcófago volvió a aparecer gracias a las obras de restauración de la basílica de San Pablo Extramuros, acabadas el 22 de septiembre de 2006, según reveló en ese momento a Alfa y Omega el cardenal Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, Arcipreste de la basílica de San Pablo Extramuros. «Desde hace veinte siglos se da una absoluta concordancia en el hecho de que la tumba de san Pablo se encuentra allí. Nadie lo ha puesto nunca en duda y nadie lo ha contradicho», aclara el purpurado italiano.
«Este sarcófago nunca se ha abierto ni estudiado, pues se encontraba encerrado en un bloque de cemento, realizado en los años 1838-1840», añade el antiguo Nuncio apostólico en Italia y Delegado apostólico en Jerusalén.
El arqueólogo a quien ahora se debe el redescubrimiento del sarcófago es Giorgio Filippi, quien llegó a este hallazgo al analizar los descubrimientos arqueológicos realizados en la basílica sobre las dos construcciones que en ese recinto sagrado se levantaron en el siglo IV. En la noche entre el 15 y el 16 de julio de 1823, la basílica quedó casi totalmente destruida por un incendio. Tras su posterior reconstrucción, los vestigios arqueológicos «dejaron de ser visibles, pues en parte fueron destruidos y en parte precintados con cemento por la nueva construcción», explica el arqueólogo. La actual restauración, que implicó investigaciones arqueológicas entre el año 2002 y septiembre de 2006, ha permitido sacar a la luz algunos restos arqueológicos cubiertos desde que se alzó el actual edificio del siglo XIX. De este modo, por casualidad, «ha aparecido ese gran sarcófago del que se habían perdido las huellas y que se consideraba desde la época del emperador Teodosio, en el año 395, como la tumba de san Pablo», informa Filippi.
El sarcófago tiene una longitud de 2,55 metros, una anchura de 1,25 metros y una altura de 0,97 metros. Existen documentos históricos que documentaban la existencia de este sarcófago de mármol, como la Crónica del monasterio de San Pablo Extramuros. Quedaba la duda de saber qué había dentro, pues el sarcófago es enorme y las investigaciones habrían exigido demoler el altar de la basílica. Por este motivo, se ha optado por introducir la sonda a la que hacía referencia el Papa.
Los Hechos de los Apóstoles relatan que san Pablo fue detenido en el año 58 después de Cristo, en Jerusalén. Dos años más tarde, fue conducido a Roma. En el año 63 llegó a Roma, donde prosiguió su apostolado. Según estos datos, en el año 67 fue hecho prisionero nuevamente y decapitado.
Jesús Colina. Roma
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