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Clausurado el Año Paulino
Benedicto XVI clausuró el domingo pasado, en Roma, el Año Paulino. Al mismo tiempo, el cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, se encontraba en Siria, como Legado del Papa, donde participó en la clausura del Año dedicado al Apóstol de las gentes
Un momento de la clausura del Año Paulino
en la basílica de San Pablo Extramuros, de Roma
Desde los orígenes del cristianismo, Siria ha sido un lugar especialmente significativo entre los fieles de todo el mundo, ya que fue en Damasco donde el apóstol san Pablo, furioso perseguidor de los cristianos, se encontró con Cristo y fue bautizado en la fe de la incipiente Iglesia. Por eso, en la clausura del Año Jubilar dedicado a la figura del Apóstol de las gentes, Siria ha tenido un papel especial. Los actos de clausura del Año Paulino han sido presididos por el cardenal Rouco Varela, arzobispo de Madrid, que ha llegado al país como Legado pontificio de Benedicto XVI para dicho acontecimiento. Allí, el cardenal arzobispo de Madrid ha afirmado que «la celebración del Año Paulino ha supuesto una renovación de la vida eclesial por la que estamos muy agradecidos al Señor. El bimilenario del nacimiento de san Pablo nos ha permitido volver a las fuentes de nuestra fe, singularmente atestiguada por él. Su figura nos conduce a lo esencial: la experiencia de Cristo resucitado en la Iglesia. Los cristianos del tercer milenio necesitamos renovar nuestra comunión con Cristo vivo, como fundamento de todo nuestro vivir y obrar. El Señor, que sostuvo a Pablo en medio de sus pruebas y le dio la valentía para proclamar el Evangelio a todos los hombres, y en especial a los gentiles, se nos ofrece también hoy como compañero de camino en nuestro testimonio cotidiano. Y necesitamos también, con urgencia, renovar el sentido de nuestra pertenencia eclesial como algo profundamente vital. No es posible conocer y amar a Cristo al margen de la Iglesia, porque Él vive en ella».
Un marcado carácter ecuménico
Los actos de clausura del Año Jubilar Paulino en Siria han tenido también un marcado carácter ecuménico, y en ellos el cardenal Rouco subrayó la necesidad de unidad entre católicos y miembros de otras Iglesias, así como la urgencia de un diálogo fructífero con las comunidades musulmanas. En este sentido imploró la ayuda del Apóstol «para extender la comunión y la convivencia entre todos los cristianos, buscando la plena comunión y la unidad para que el mundo crea. Pidamos que los hombres que por toda la tierra confiesan a Cristo como Su Señor y Salvador puedan experimentar la esperanza de vivir en la Iglesia. El Señor, que sostuvo a Pablo en medio de sus pruebas y le dio la valentía para proclamar el Evangelio a todos los hombres, se nos ofrece también hoy como compañero en nuestro camino hacia la unidad. Nos mueve por tanto una gran esperanza, iluminada por la vibrante enseñanza del Apóstol: la esperanza de que el Espíritu de Cristo, que por doquier suscita ese deseo de comunión entre quienes ya son hermanos por el único Bautismo, llevará a plenitud la unión de todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo».
Asimismo, el Legado pontifico para la clausura del Año Paulino en Siria declaró que «la cooperación entre musulmanes y cristianos tiene su ámbito propio en la vida social y civil de nuestros pueblos. La fe que profesamos, en efecto, no nos separa de las circunstancias que los hombres de nuestro tiempo están llamados a vivir, sino que nos empuja a colaborar con todos para instaurar una vida social en la que la libertad y la justicia fomenten concretamente el bien de la paz. La fe religiosa no es un obstáculo para una participación plena en la vida pública, sino que, por el contrario, constituye la fuente de una responsabilidad más consciente y capaz de actuar. La presencia y la convivencia efectiva en esta tierra de los hombres del Islam y del cristianismo manifiestan con claridad la centralidad de la libertad religiosa en la vida social y pública de nuestros pueblos. La defensa de la libertad religiosa en todo el mundo es un campo privilegiado de colaboración y trabajo común entre cristianos y musulmanes».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo