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Cine y postmodernidad
Los hijos, adolescentes; los padres, también
El cine es un reflejo de la realidad, pero también tiene capacidad de inducir cambios sociales y de abrir debates. La familia y la adolescencia son asuntos cada vez más presentes en las pantallas. El estreno de LOL es un hito en esta tendencia, que refleja cómo toda una generación ha crecido sin referentes adultos, víctima de la revolución cultural del 68. Pero mientras algunos vemos en estas películas un diagnóstico crítico del presente, otros -los más jóvenes- pueden ver la propuesta de un modelo de vida
Escena de El primer día del resto de tu vida
Con LOL, la directora francesa Lisa Azuelos ofrece una película caleidoscópica sobre la adolescencia y la familia en nuestra sociedad postmoderna. Las actrices Sophie Marceau y Christa Theret protagonizan la historia de Lola, una adolescente de padres divorciados que flirtea con el sexo y la droga, mientras su madre tampoco acierta en qué hacer con su vida. Lo que la madre reprocha a la hija (su consumo de cannabis o sus relaciones sexuales inmaduras) es lo mismo que la hija puede reprochar también a la madre. Así pues, lejos de ser la adulta un referente para la adolescente, en realidad es su compañera de viaje, y ambas sucumben en un modelo de vida frágil, vulnerable y sin una meta clara y constructiva.
Con un formato fresco y bien realizado, buen ritmo y convincente dirección de actores, Lisa Azuelos mira con lupa un mundo tumultuoso, pero en el fondo lleno de soledad. Relaciones líquidas, cambiantes, consumo generalizado de marihuana, sexo virtual..., y al fondo unos padres que, o bien comparten la misma confusión, o su falta de diálogo arruina la relación con los hijos. Con clave de humor, y en el tono relativista del cine francés, este film acierta al poner el dedo en la llaga.
Pero la película se parece demasiado a Thirteen, de Catherine Hardwicke (2003), aunque no llega a su altura. Como aquélla, hace una lectura crítica de un modelo familiar nacido en el 68, que ha dejado a una generación sin referentes adultos. Otros films de esta década describen la misma situación. En A cualquier otro lugar (Wayne Wang, 1999), comprobamos que, a la ausencia del padre, se añade la inmadurez de la madre (Susan Sarandon), más adolescente que la propia hija (Natalie Portman), algo idéntico a lo que muestra Thirteen: padre ausente, madre inmadura... En el caso de Educando a J. (Christine Lahti, 2001), es Benjamín, el padre de J (Leelee Sobiesky), el que sigue viviendo con los esquemas hippies y ácratas de su juventud.
¿Denuncia o propuesta?
Cartel anunciador de LOL
En esa misma línea, este mes se ha estrenado Tetro, de Francis Ford Coppola, en la que el padre de Bennie se hace pasar por su hermano durante 18 años, eludiendo cualquier responsabilidad hacia su hijo. También es de reciente estreno El primer día del resto de tu vida, de Rèmi Bezançon, un film francés que sigue los avatares de una familia desde los 80 hasta hoy. La madre, por un lado, decide volver a la universidad, y así sentirse joven en plena crisis de los cuarenta. Sus hijos le reprochan esa regresión a la juventud. A veces, se emborracha y baila como una hippie veinteañera. Por su parte, el padre es sistemáticamente ninguneado, especialmente por el abuelo, su progenitor. Es taxista y por eso no se le toma en serio. Su mujer es por dos veces licenciada universitaria, y él se refugia en sus discos de vinilo. Los ideales del 68 se reflejan en la forma en que sexo y drogas son vividos por la hija adolescente.
En definitiva, estas películas reflejan una de las características evidentes de nuestra civilización posmoderna: el cambio de rol de la figura paterna, o más bien, su desaparición como tal. El psiquiatra Tony Anatrella habla de una sociedad que ha devaluado y rechazado la imagen del padre. La representación paterna es sistemáticamente desautorizada desde los medios de comunicación, y el cine no es ajeno a esa tendencia. Por ejemplo, encontramos muchas series televisivas en las que el padre es incapaz de situarse correctamente en una relación educativa con sus hijos adolescentes (Los Serrano). Y en el cine, encontramos, o bien ejemplos de lo mismo (como en las películas citadas), o padres que, por su forma de ejercer la autoridad, generan inevitablemente en el espectador un rechazo hacia lo que éste representa (recordemos el personaje del Coronel Fitts, de American beauty). Lo inquietante es que, mientras algunos vemos en estas películas un diagnóstico crítico del presente, otros -los más jóvenes- pueden ver en ellas la propuesta de un modelo de vida.
Juan Orellana