Alfa y Omega > Nº 648 > Desde la fe > No es verdad
No es verdad
Mingote, en ABC
La viñeta del maestro Mingote me viene que ni al pelo: El Cerro de los Ángeles y otros cerros es el título de un artículo que, firmado por Miguel Ángel Aguilar en El País, ha sido toda la información que el diario de Prisa ha facilitado a sus lectores sobre el gran acontecimiento eclesial que reunió en torno al monumento al Corazón de Jesús, en el centro geográfico de España, a miles y miles de españoles, hace unos días. Cuando se vive en los cerros de Úbeda de la política y nada más, se corre el peligro de no enterarse de lo que pasa en el cerro de aquí al lado, es decir, en la vida de cada día. Es lo que, en las llamadas tertulias y debates, radiados o televisados, les pasa a los fernandos y enrics de turno, y también a los praderas, a los que no se les cae la cara de vergüenza cuando escriben -por supuesto, también en El País- que los obispos están «desprovistos de experiencia personal directa en cuestiones de fecundación y paternidad». Ahora que la gente -¿no se han fijado ustedes?- que no quiere ir a confesarse a los confesionarios se confiesa en televisión, con pelos y señales, Javier Pradera y sus derivados y compuestos deberían, antes de echar la lengua a paseo sin saber lo que dicen, pararse a pensar en las horas de confesionario que los obispos y sacerdotes han pasado. Por cierto, si los confesionarios hablaran... ¿Les parece poco directa esa experiencia? ¿Se atreverían a decir algo parecido de los psiquiatras y psicólogos?
La señora De la Vega llama retrógrados a quienes se oponen a la ampliación del aborto, y trata de justificar el cambio en la legislación como alternativa a ser «hipócritas y mirar para otro lado». La señora Vicepresidenta del Gobierno podría muy bien dirigir un máster en hipocresía y en la vuelta a las cavernas, que no otra cosa es la ley de la selva en la que el más fuerte mata al más débil e indefenso, como ocurre en los quirófanos de los centros de exterminio. En cualquier país democrático normal, una dirigente política que, al decir tal cosa, insulta a más de la mitad de los ciudadanos, hace ya tiempo que tendría que estar dedicándose a otra cosa, si es que sabe. No digamos la Aído, que defiende la constitucionalidad del aborto «como en toda Europa». ¡Notable argumento! Somos más burros y mejores burros porque somos más, ¿verdad, señora Aído? Desgraciadamente, hace mucho tiempo que, en España, la verdad está en minoría; pero que millones de personas compartan las mismas patologías mentales no convierte esas patologías ni en derechos, ni en verdades; siguen siendo patologías, mentiras, errores, asesinatos, les guste o les deje de gustar a los que confunden la verdad con el consenso.
El Fiscal General del Estado, señor Conde Pumpido, puede hacer de su capa un sayo y todos los juegos malabares jurídicos que se le ocurran, pero lo que ha dicho el Consejo Fiscal, desenmascarando la aberración que supone el aborto y lo inconstitucional que es, no hay Fiscal General alguno que lo cambie; y sólo existe un dictamen del Consejo Fiscal sobre el aborto, no dos, como ha pretendido colar de matute el señor Pumpido, y ese dictamen es demoledor: niega terminantemente que el aborto puede ser un derecho y denuncia la inconstitucionalidad del despreciable proyecto del Gobierno. No hay chapuzas jurídicas que valgan, y los políticos que andan buscando sotanas contra las que arremeter para que el personal se olvide del paro, de la subida de impuestos y de la subida del precio de la luz, mira por dónde se han encontrado con togas.
En las lecturas litúrgicas del pasado domingo, los fieles que fueron a misa pudieron escuchar este fragmento del Libro de la Sabiduría: «Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella». ¿Quiénes son aquí los del partido del diablo? Cada cual se las arregle con su conciencia. El Papa acaba de anunciar una encíclica cuyo título es ya lapidario: La caridad está en la verdad. ¿Se enteran los de dentro y los de fuera? Ahí está la verdadera caridad, la única caridad digna de tal nombre: en la verdad. Cueste lo que cueste y le pese a quien le pese.
Gonzalo de Berceo